  NOS QUEDA LO MEJOR
  The best is yet to come

  DIANA PALMER


   CAPITULO 1


   EL fro paisaje invernal era tan deprimente para Ivy como los ltimos meses de su vida, aunque senta cierta excitacin al mirar la carretera que cruzaba aquellos
campos. Ryder estaba en camino. Se senta culpable porque necesitaba verlo, escucharlo, quererlo. Siempre lo haba amado, aunque le diera miedo. Fue su secreta pasin
por Ryder lo que la haba arrojado aterrorizada hacia un trgico matrimonio que haba terminado haca seis meses con la muerte de su marido. Aquella iba a ser la
primera vez que vera a Ryder desde el funeral, y se senta alegre y triste al mismo tiempo.
   Estaba ms delgada, pero eso slo la haca ms atractiva. Era alta y esbelta, su pelo negro era largo y rizado y su piel fresca y cremosa. Sus ojos eran tan negros
como el azabache -heredados de su abuela francesa- y enmarcados por unas pestaas largas y seductoras. Ryder siempre le haba dicho que era como la mujer de un cuadro
que tena colgado en el saln de su casa, una representacin de un poema titulado El hombre de la carretera. Aunque a veces Ryder era demasiado bromista.
   Ryder haba estado en el funeral, en el condado de Clay, Georgia, a las orillas del ro Chattahoochee, a media hora de camino de la casa de Ivy en el suroeste 
de Georgia. Enterraron a Ben en el cementerio de la pequea iglesia bautista a la que acuda cuando era nio. Ryder tambin haba ido a su casa, y ella tuvo que 
fingir que no lo haba visto, fingir que senta pena por la muerte de un hombre que haba hecho d su vida un infierno.
   Ryder no poda saber lo mucho que la haba afectado su presencia, que le haba recordado que su secreto amor por l pudo haber sido la causa de la muerte de Ben. 
A Ben le haba dolido que Ivy no pudiera responderle en la cama, y a consecuencia de eso se haba convertido en un borracho. El accidente que le ocasion la muerte 
sucedi cuando estaba borracho e Ivy se senta responsable.
   Record sus aos de adolescente, cuando Ryder era todo su mundo y no poda pensar en nada ms que adorarlo. Pero l nunca haba adivinado lo que ella senta. 
No pudo evitar sonrer al pensar en la ternura que l pareca reservar exclusivamente para ella. Desde luego, no era el hombre ms dulce del mundo, tena un carcter 
muy fuerte, aunque con Ivy nunca haba perdido los estribos.
   -Esta es la primera vez que te veo sonrer desde hace semanas -observ Jean McKenzie, mirando a su hija desde el pasillo-. As ests ms guapa, cario.
   -Estoy segura de que no -contest Ivy.
   Se dio la vuelta y fue a abrazar a su madre. Hundi su cara en aquel pelo que ola a especias.
   -Pero t eres una mueca -1e dijo-, as que hacemos una pareja perfecta.
   -Ja! -exclam Jean-. Deja que me ra. Lo ltimo que necesitas es quedarte aqu durante el resto de tu vida -dijo; luego al ver el pnico en la mirada de su hija, 
su tono se suaviz un poco-. Escucha, cario, ya han pasado seis meses. Tienes que empezar a mirar hacia delante. Necesitas un cambio. Un empleo. Una nueva meta. 
A Ben no le gustara verte as -aadi.
   Ivy suspir y se apart de su madre.
   -S, ya lo s. Se va haciendo ms fcil a medida que pasa el tiempo.
   -S .lo que es. Perd a tu padre cuando no eras ms que una nia -dijo Jean-. De alguna manera, siento que no tuvieras un hijo, eso hara que las cosas resultaran 
ms sencillas. Como me sucedi a m.
   -S. Es una pena -murmur Ivy.
   Pero en realidad no pensaba como su madre. Con un hijo todo hubiera sido un desastre. En primer lugar, Ben haba sido un buen amigo, pero nunca fue un buen amante. 
Siempre haba tenido prisa, y al final se haba mostrado impaciente y molesto porque Ivy no poda sentir por l la pasin que l senta por ella. Lo haba engaado 
al casarse con l, y despus de su muerte se senta, sobre todo, culpable. Nunca haba sentido pasin. Durante los ltimos meses de su matrimonio lleg a preguntarse 
si podra sentirla alguna vez. Le haba prometido a Ben que ira a un especialista, aunque sin saber qu podra encontrar. Su infancia haba sido irregular, pero 
feliz. No le dej ninguna cicatriz. Simplemente, Ben no la atraa fsicamente, porque su cuerpo y su alma pertenecan a otro hombre, a un hombre que siempre la haba 
visto como la mejor amiga de su hermana, pero nada ms. Y, qu podra hacer un psiclogo con ella?
   El dinero haba sido otro de sus problemas. Ben gastaba mucho dinero cuando estaba borracho, y cuando ella insista en ponerse a trabajar, tenan discusiones 
terribles. Al final ella haba desistido y se haba resignado a vivir pobremente. Los meses se convirtieron en aos e Ivy se retir del mundo, evitando el contacto 
con los dems, especialmente con Ryder. En realidad, se vio obligada a hacerlo, ya que Ben se haba puesto furioso cuando la vio hablando con l en casa de su madre.
   Y un mes antes que ella cumpliera veinticuatro aos, una pieza de maquinaria pesada haba cado sobre l. Un accidente desafortunado, le informaron, pero ella 
se dio cuenta de que estaba borracho cuando se haba ido a trabajar. Aquella maana haba vuelto a ponerse furioso con ella a causa de Ryder. La acus de serle infiel 
con el pensamiento, de hacer de su vida un infierno, y aquellas palabras se haban clavado en su mente.
   Asista a menudo a la iglesia con su madre, y slo gracias a la fe lograba superar su sentimiento de culpa. En realidad, la fe era lo nico que la mantena en 
pie.
   -Cundo llam Ryder? -pregunt        sbitamente.
   -Hace una hora -repuso Jean bostezando; era muy temprano y slo se haba tomado un caf.
   As que se acerc a la cafetera y sirvi una taza ms para ella y otra para Ivy.
   -Se va a quedar por mucho tiempo?
   -Quin puede decir cules sern los planes de Ryder Calaway? -dijo la seora McKenzie con una sonrisa mientras volva a atarse la bata y se sentaba a la pequea 
mesa blanca de la cocina-. Aunque lo conocemos desde hace muchos aos, ese hombre sigue siendo un misterio.
   -Eso es verdad -convino Ivy sentndose a su lado-. Este es un lugar muy extrao para un hombre de negocios como l, no?
   S que lo era. Ellas vivan en un pequeo condado rural del suroeste de Georgia, en una zona agrcola cerca de Abany. Los vecinos vivan muy alejados entre s, 
incluso en la ciudad. La agricultura estaba muy desarrollada, y haba granjas muy grandes. Los propios padres de Ivy haban tenido una granja hasta la muerte de 
su padre, Jean an viva en ella; ahora tena dos gallineros y empleaba a una familia para recoger los huevos y alimentar a los miles de pollos hasta que estaban 
listos para ir al mercado. Un amigo de Ryder era su intermediario para la venta.
   Despus de graduarse en el instituto, Ivy se fue a trabajar para la empresa de construccin de Ryder en Albany durante algunos aos, antes de darse cuenta de 
que su amigo Ben Trent tambin trabajaba all. Haban ido juntos al colegio y comenzaron a salir. Sin apenas darse tiempo para conocerse se casaron. Ivy frunci 
el ceo al recordar la sorpresa de Ryder al enterarse de su boda, pero se haba mostrado reservado y distante, y despus de la boda se haba marchado a Europa durante 
algunos meses para fundar una nueva empresa.
   Como su madre haba dicho, Ryder era un hombre misterioso. Compraba tierras como una mujer compraba zapatos, y a juzgar por el coche que tena y su avin de lujo, 
nunca tena problemas de dinero. Pero Ivy no lo quera por su dinero. Lo quera porque era Ryder. Tena una personalidad indomable. Lo adoraba desde el colegio, 
cuando no dejaba de rondar su casa con su hermana pequea. Ivy siempre fue bien recibida en la gran casa de ladrillo rojo con el jardn de rosas que estaba situada 
al final de la carretera donde vivan los McKenzie. Y a Ryder nunca le haba importado invitarla cuando llevaba a su hermana al cine o al campo, acompaado desde 
luego por la chica con la que estuviera saliendo en aquel momento.
   Luego se haba marchado a la universidad y despus a Albany para hacerse cargo de una pequea empresa de construccin que estaba en bancarrota. Al cabo de algunos 
aos haba transformado aquella empresa en un gigante con oficinas en Atlanta y Nueva York; este negocio pareca ocupar todo su tiempo. Adems, despus del matrimonio 
de su hermana con un hombre de negocios del Caribe, Ryder viva solo en la casa de ladrillo rojo. Tena treinta y cuatro aos, diez ms que ella. Ivy se preguntaba 
por qu no se habra casado. Seguro que con su dinero y su apostura no le haban faltado oportunidades.
   Se qued mirando su taza de caf mientras Jean se levantaba para retirar el tocino de la sartn y mirar las galletas que estaba horneando. Nunca deba haberse 
casado con Ben sintiendo lo que senta por Ryder. Viva con la sensacin de que a Ben no le haba importado morir. El le haba pedido ms de lo que poda darle, 
sobre todo en la cama. Pero ella era frgida. Seguramente aquello formaba parte de los problemas que tuvo durante su matrimonio. Pero si lo hubiera intentado con 
mayor inters, tal vez Ben no habra pasado tanto tiempo con sus amigos. Quiz no se habra emborrachado tan a menudo, o no habra pasado la mayor parte del tiempo 
que estaban juntos tratando de herirla. Haba sido un muchacho jovial y dulce, pero al final se haba convertido en un borracho vicioso, y todo demasiado aprisa...
   -No es ese el coche de Ryder? Cada vez veo peor -murmur Jean mirando por la ventana.
   Ivy se levant con un vuelco en el corazn.
   -Un jaguar negro -dijo asintiendo-. Dijo por qu vena?
   -Lo hace alguna vez? Ser una de sus visitas de despus de uno de sus viajes -sealo Jean riendo-. No ha estado por aqu desde el funeral.
   -Bueno, me alegro de que haya venido, cualquiera que sea la razn -confes Ivy-. Ryder sabe cmo levantar el nimo de la gente.
   -Y a una de nosotras es lo que le hace falta -musit Jean.
   Ivy se dirigi al porche envuelta en su caliente bata de franela, asegurando el nudo inconscientemente al ver cmo aquel hombre alto y moreno descenda de su 
elegante coche. Como siempre, su corazn comenz a latir con ms intensidad al verlo, y sinti que la recorra una placentera excitacin. Slo Ryder tena ese efecto 
sobre ella.
   Ryder se acerc caminando. Todo en l indicaba que era el dueo de una empresa, desde su rostro, que pareca tallado en cemento, a sus enormes manos. Deba medir 
uno noventa, todo msculos, un cuerpo que podra haberle dado una fortuna en el cine. Todava le gustaba trabajar en la construccin, y algunos sbados ayudaba a 
sus hombres en las obras que tenan en la ciudad. Sus ojos eran grises, con mirada profunda y dura a un tiempo. La boca era sensual pero de gesto firme. Vesta un 
traje gris que se adaptaba perfectamente a su cuerpo, como si fuera seda.
   -No te veo mal, pequea -observo con una mirada llena de ternura-. Pero podras tener algn kilo ms entre el cuello y las rodillas-. Tena una voz oscura y aterciopelada.
   Ivy senta que la sangre le corra por el cuerpo inundndola de una agradable calidez. Le provocaba aquella excitacin que haba sentido desde que lo conoca 
y que nunca haba podido explicarse. Sonri sin querer y lo mir cariosamente.
   -Hola, Ryder.
   -Hola, preciosa -murmur l y la mir desde la altura de sus casi dos metros.
   Guardaron silencio unos instantes. El pareca examinarla con la mirada.
   -Ni siquiera me vas a dar un beso? -le pregunt ella, tratando de que volviera el afecto de su juventud, para que l no se diera cuenta de sus dolorosos sentimientos-. 
Hace meses que no te veo.
   El rostro de Ryder pareci contraerse antes de responderle.
   -Me estoy volviendo viejo, pequea --dijo y la asi por la cintura izndola hasta ponerla a su nivel-. No pasar mucho tiempo antes que se me olvide cmo besar 
a una chica.
   -No lo creo -contest ella con una sonrisa.
   Se apoy en sus hombros y sinti la fuerza de sus msculos, tensos bajo la ropa. Pareca cambiado. No era el hombre libre y salvaje que haba conocido. Era mucho 
ms observador, pero segua siendo muy masculino. Ola a tabaco y a colonia cara. Senta la presin de sus manos en la cintura.
   -Pareces cansado -seal con suavidad.
   -Estoy cansado -replic, y mir sus labios-. Tienes una boca muy bonita, te lo he dicho alguna vez? Bueno, qu esperas? No tengo todo el da.
   -Yo tengo que besarte? -pregunt Ivy enarcando las cejas con un gesto inocente.
   -Es mejor -murmur l-. Si te beso yo, sabe Dios dnde acabaremos.
   -Promesas, promesas. -sonri Ivy-. Oh, Ryder; me alegro mucho de verte.
   -Has estado escondindote un poco, no es verdad, chica guapa? Tendr que llevarte de la man.
   -Supongo que lo necesito -suspir ella.
   Se inclin sobre l y acarici su nariz con la suya.
   -En dnde has estado todo este tiempo?
   -En Alemania -respondi con una rara entonacin en la voz-. Ivy -susurr mirndola a los ojos.
   El sonido de su voz era extrao. Ivy frunci el ceo y sinti cmo la atraa contra su cuerpo.
   -Qu ocurre? -le pregunt con suavidad.
   De repente la bes en el cuello. Notaba su respiracin agitada y se puso muy rgida al sentir sus labios sobre la piel. Ryder abri la boca y le acarici el cuello 
con la lengua. Aquella sensacin era chocante y muy ntima. Suspir y se estir.
   -Te sorprende? -murmur l.
   Ascendi besndola hasta la oreja y le mordi el lbulo. Los fuertes brazos de Ryder la rodeaban y la estrecharon con fuerza hasta que ambos estuvieron tan cerca 
como no haban estado desde haca cinco aos. Segua besndola en el lbulo, y ella comenz a temblar, a arder. Le temblaban tanto las piernas que crea que no podran 
sostenerla. Nunca se haba sentido de ese modo con Ben. Incluso cuando haban llegado a mayor intimidad, nunca se sinti arder por l. Cerr los ojos, y podra haber 
gritado de placer al sentir su boca sobre la piel. Los sueos la haban sostenido durante mucho tiempo, pero la realidad los eclipsaba.
   Hizo una mueca. "Ben", pensaba, "Ben, lo siento, lo siento".
   Debi pronunciar su nombre inconscientemente, porque Ryder se puso rgido de repente, se qued mortalmente quieto. La dej en el suelo y la solt. Su expresin 
pareca tallada en granito y su mirada era fra como el hielo.
   -Nunca cometas ese error -le advirti en un tono cortante-. No soy un sustituto de nadie, Ivy.
   Ella se ruboriz.
   -Pero, Ryder...
   -En dnde est tu madre? Dentro, mirando a ver qu es lo prximo que ocurre? -pregunt con una sonrisa.
   La dureza de su rostro se haba esfumado, y all estaba Ryder otra vez, indiferente a su rubor. La tom del brazo.
   -Qu tal si desayunamos? Estoy muerto de hambre. Com algo en el avin y no he vuelto a probar bocado.
   Era imposible. Haca un minuto estaba vibrando de deseo por l y en aquel momento le daban ganas de propinarle una bofetada.
   T y tus ganas de comer -le espet-. Tu hermana sola morirse de risa cuando nos contaba tus escapadas nocturnas a la cocina.
   -La echo de menos. Vive con Curt en Nassau, pero apenas voy por all.
   -Me escribi hace unas pocas semanas.
   En aquel momento su madre apareci por la puerta.
   Ryder la rode con el brazo por la cintura, se inclin sobre ella y la bes en la mejilla.
   -Cario -dijo teatralmente-. Fgate conmigo.
   -Oh -suspir Jean-. No puedo. Todava no he fregado los platos.
   -Qu cnica -replic Ryder con una mueca fingida-. Me has roto el corazn. No estar bien hasta que no me coma un plato de huevos revueltos, un par de tostadas, 
una taza de caf... -iba diciendo segn se diriga hacia la cocina.
   -T estmago ser tu perdicin -brome Ivy siguindolo.
   -Slo si me caso con una mujer que no sepa cocina -seal Ryder sentndose a la mesa-. Dios mo, estoy harto del coche.
   -De dnde venas? -le pregunt Ivy mientras le pona un plato lleno en la mesa.
   -La cigea me trajo de...
   -La cigea no habra podido contigo.
   -Qu ests insinuando? Otro comentario sobre mi peso y te voy a poner los huevos revueltos de corbata.
   -Matn -le dijo Ivy con arrogancia.
   Tengo unas inclinaciones muy terrenales -replic Ryder.
   Ivy se ruboriz, dando las gracias porque su madre estaba de espaldas a ella. No poda mirarlo a los ojos. Al recordar el tacto de sus labios sobre la piel, le 
temblaban las piernas. Era una gran infidelidad sentir deseo por un hombre cuando slo haca seis meses que se haba muerto su marido. Slo que deseaba a aquel hombre 
en cuerpo y alma desde que tena quince aos. Lo haba deseado desde el primer da que lo vio. Pero l era rico y ella pobre y demasiado joven. As que ocult sus 
deseos inalcanzables y se haba casado con Ben. No poda soportar volver-al pasado. Haba engaado a Ben y ahora l estaba muerto. Le deba alguna pequea lealtad. 
Adems, Ryder no la deseaba como ella lo deseaba a l, tan slo estaba bromeando, de eso estaba segura.
   Ryder, mirndola se daba cuenta de la barrera que estaba levantando entre ambos. Suspir y bebi un sorbo de caf que Jean acababa de servirle.
   -Vine desde el aeropuerto de Atlanta. La casa est fra y no hay calefaccin...
   -Puedes quedarte con nosotras -dijo Jean-. Tenemos una habitacin vaca.
   -Claro que s -la secund Ivy, que segua sin poder mirarlo. Ryder la mir. No saba si quedarse.
   -No se preocupen, no querra molestarlas. Puedo comprar ropa interior de invierno y envolverme en una manta.
   Al imaginar lo que haba dicho, Ivy rompi a rer. Ryder podra haber ido al hotel, podra haber comprado el hotel si hubiera querido, y pareca como si se fuera 
a morir congelado si no dorma en su casa.
   -Pobrecito -dijo Ivy, ruborizndose y con los ojos chispeantes.
   -En algunos sentidos soy pobre-asinti l, y en su rostro iba creciendo una sonrisa, cautivado como estaba pon la belleza de Ivy-. Eres muy guapa, Ivy -dijo y 
se oblig a minan al plato-. Me quedar en mi casa, pero les agradezco que me inviten a desayunar. Estaba muerto de hambre, y esto es delicioso.
   -Gracias -respondi Jean sonrindole.
   -Ivy cocina tan bien como t?
   -Por supuesto -replic Jean.
   Ryder apret los labios y sonri.
   -Mi estmago est oyendo campanas de boda.
   Ivy se puso plida. Ryder no poda sentir lo que estaba diciendo y no entenda lo mucho que le dolan a ella aquellas bromas. Adems, Ben le pesaba sobre la conciencia. 
Ella lo haba matado...!
   Se desmay y Ryder la sostuvo cuando estaba a punto de caerse al suelo.
   -Por Dios... -exclam, y su rostro revel su conmocin y su sorpresa.
   -Se recuperar -dijo Jean-. ltimamente apenas ha dormido y ha comido muy poco. No ha pasado mucho tiempo, y ella lo quera.
   -S -asinti Ryder con frialdad-, ya lo s.
   Jean lo mir, pero apart la minada inmediatamente, porque lo que haba visto en su rostro era demasiado ntimo.
   -Ven, recustala aqu. Voy por una manta.
   Ryder llev su ligera carga al cuarto de estar y la deposit con suavidad sobre el sof. Se arrodill a su lado, apartndole el pelo de la cara. Era como la bella 
durmiente, pens irracionalmente. Sus ojos parecan ascuas y su corazn lata con fuerza.
   Se fij en sus pestaas, y aquellos ojos confusos se abrieron y le sonrieron. Sinti deseos de besarla, pero oy la voz de Jean, aunque no supo lo que le deca, 
y se levant. Se apart y dej que cubriera a Ivy con la manta. Finalmente, Ivy se incorpor. Pareca un poco avergonzada.
   -Lo siento -se disculp, y se fij en Ryder, que tena el aspecto de un muerto viviente-. Ryder, lo siento. Es slo que...
   -Ya s lo que es. Yo tambin lo siento -replic l-. Tal vez sea mejor que me vaya.
   -Sin terminar de desayunar? -pregunt Ivy-. Por qu?
   -No quiero volver  molestarte.
   Jean murmur algo acerca de agarrar la manta y llevrsela a su habitacin, peno ellos no se dieron cuenta.
   -No lo hars -continu Ivy, desconcertada por la frialdad de su mirada.
   -Ha muerto -dijo l con aspereza-. Nada que puedas decir o hacer o sentir o pensar te lo devolver. Si la mencin de la palabra boda tiene el efecto de...
   -Normalmente no me pasa nada. No he comido mucho ltimamente y estoy un poco dbil.
   -Y sensible -aadi l-. Despus de seis meses, todava ests sensible, y nerviosa.
   -Tengo derecho a estarlo -apunt ella con enfado-. Lo quera!
   Tal vez si lo deca podra acabar creyendo que de verdad lo haba querido, que no haba engaado a su marido a causa de lo que senta por Ryder.
   El no dijo nada, tan slo la mir a los ojos.
   -Lo quera! Lo quera! Lo quera!
   Escondi la cara entre las manos y se le saltaron las lgrimas.
   -No puedo seguir viviendo as -susurr.
   -Puedes; y lo hars -dijo l levantndola del sof y sostenindola en pie-. Esto tiene que acabarse. Seis meses son suficientes para llorar delante de una tumba. 
Vas a comenzar a vivir de nuevo.
   -Eso parece una amenaza. Qu vas a hacer, ocuparte de m como de tu empresa? Remodelarme? Renovarme?
   -Algo as -repuso l con indiferencia; sac un pauelo de su bolsillo y se lo tendi-. Ahora deja de lloriquear, me molesta.
   -Nada te molesta -dijo ella- sonndose obedientemente la nariz-. Bueno, tal vez las cosas pequeas. Como el da en que tu coche se qued parado en un embotellamiento 
y al da siguiente, cuando conseguiste arrancarlo, lo llevaste a una obra y le tiraste una bola demoledora en pleno parabrisas -dijo con una sonrisa-. Me pregunto 
qu le dijiste a la compaa de seguros.
   -No les dije nada. Me compr otro coche, de otra marca.
   -Debe ser maravilloso tener tanto dinero.
   -No puedo comrmelo -repuso Ryder-, o bebrmelo. O dormir en l en una noche de invierno. Aunque puedo empapelar las paredes, o liar tabaco.
   -Ests loco.
   -Gracias. Pero tienes razn, estoy loco por ti. Qu tal si desayunamos antes que me muera de hambre? He gastado mis ltimas energas trayndote hasta aqu.
   Ivy solt una carcajada.
   -Est bien. Vamos, saco sin fondo. Dijiste que habas comido en el avin?
   -Cuando salimos de Alemania. Dios mo, las compaas areas deberan tener en cuenta a las mujeres embarazadas y a los hombres que trabajan duro cuando sirven 
la comida.
   -Y t eres de los que trabajan duro, o del otro grupo de...? Oye! -exclam Ivy al sentir una palmadita en el trasero.
   -Prohibido pelear en la mesa -intervino Jean, amenazndolos con el dedo.
   -Est bien, por ahora se ha librado -dijo Ryder mirando a Ivy de reojo.
   Aquella mirada y aquellas palabras le encantaron, pero tena que disimular. Se dio la vuelta y dijo algo gracioso.
   No haba olvidado lo que haba ocurrido en el porche. Era infiel a Ben, no mereca ser feliz. No se permitira tener a Ryder, porque haba llenado de desesperanza 
a Ben, la cual lo haba conducido a la muerte. No sera justo conseguir la felicidad a ese precio.
   
   
  CAPITULO 2
   
   
   RYDER responda a las preguntas de Jean sobre su ltimo viaje, pero mientras tanto no dejaba de mirar a Ivy. Ella se saba observada, y estaba ms inquieta de 
lo que nunca haba estado:
   -Quieres ms tocino, cario? -le pregunt Jean a su hija por segunda vez.
   -Qu? Ah, no, gracias, ya com bastante -respondi Ivy con una sonrisa, y luego bebi un poco de caf.
   -Es como si no hubieras probado un bocado desde hace semanas -observ Ryder.
   Acababa de encender un cigarrillo y no dejaba de escrutarla. Estaba reclinado en la silla y su aspecto era muy arrogante.
   -Apenas come. Mtele algo de sentido comn en la cabeza, Ryder -dijo Jean levantndose de la mesa y marchndose.
   Ryder jugueteaba con la taza de caf, mirando a Ivy con un extrao brillo en los ojos.
   -Creo que lo que ms necesitas es alejarte de las cosas que te recuerdan el pasado. Al menos por algn tiempo.
   -Eso est muy bien. Pero tengo un total de veintiocho dlares con treinta y cinco cntimos en mi cuenta corriente.
   -Pero, que piensas que te estoy  sugiriendo? Un viaje de turismo? -gru l-. Escucha cario. Tengo una cabaa en las montaas del norte de Georgia, una casa 
en Nassau y otra en Jacksonville. Elige, te llevar en avin.
   Ivy sonri.
   -Eres muy amable, pero no puedo.
   -Por qu no? No tratar de seducirte -insisti l con una sonrisa, aunque sin rastro de humor en la mirada-. Slo te ofrezco unas vacaciones.
   -No estoy segura del lo que quiero hacer, todava no -repuso Ivy lentamente.
   -No me tienes miedo, verdad? Estoy seguro de que no. Nos conocemos bien.
   Ivy le mir con ojos penetrantes.
   -S, creo que si te tengo un poco de miedo. Te importa?
   Ryder le sonrea con ternura.
   -La verdad, Ivy, es que no me importa lo ms mnimo.
   A pesar de haberse casado, Ivy se senta muy ingenua en algunos aspectos. Mir a Ryder con curiosidad y pens que probablemente haba estado con ms mujeres que 
la mayora de los hombres que haba conocido. Al pensar en Ryder con otra mujer en la cama le dio un vuelco el corazn y se enfureci. Se alegr de que su madre 
volviera para as poder evitar ms frases embarazosas:
   -He puesto aqu algunas galletas para que te las lleves -dijo Jean, que llevaba una bolsa en la mano.
   -Eres un ngel -contest Ryder-. Vente a mi casa y cocina para m, Ivy que se las arregle como pueda.
   -Slo faltara eso -repuso Ivy indignada.
   -Y qu hay de Kim Sun? -pregunt Jean sirvindoles otra taza de caf-. En dnde est?
   -Pues me temo que est hacindome un nuevo plato de su invencin -suspir Ryder-. Por qu no me invitas a comer? Me salvaras la vida.
   -Kim Sun es un cocinero extraordinario! -exclam Jean.
   -Cuando se trata de repostera francesa, puede ser. Esta maana le ped que me hiciera unos huevos y dijo algo en mandarn que si lo hubiera entendido, tendra 
que haberlo despedido. Es cierto que hace unos postres maravillosos, pero apenas sabe cocer una papa.
   -Veo que te pone furioso -observ Jean.
   -Tambin tiene la peor lengua del mundo -continu Ryder-, y no para de amenazarme. Creo que voy a despedirlo!
   -Oh, entonces por eso mandaste a buscar a sus padres y les construiste una casa... -intervino Ivy.
   -T cllate -la cort Ryder.
   Termin su caf y se levant.
   -Tengo que irme. A lo mejor ya quem la casa entera -dijo y se inclin para besar a Jean en la mejilla-. Gracias por el desayuno.
   -Vuelve cuando quieras.
   Ryder se volvi para mirar a Ivy.
   -Acompame hasta la puerta.
   Ivy se levant con las manos en los bolsillos.
   -Pobrecillo, no puede encontrar la puerta l solo.
   -Antes tuve la clara impresin de que estabas deseando ensearme el camino -seal Ryder mirndola a los ojos.
   -A veces eres demasiado sincero -repuso Ivy ruborizndose.
   -Y si no lo fuera?
   -Me gustas tal como eres, Ryder -respondi con una ternura inesperada.
   Ryder apret la mandbula y tuvo que apartar la mirada. Se dirigieron a la puerta.
   -Estoy preocupado por ti -murmur-. No puedes vivir en el pasado. Tienes que empezar a vivir otra vez.
   -Lo s. Es slo la forma en que muri... -murmur Ivy tragando saliva-. Me llevar algn tiempo enfrentarme con todo de una vez.
   -Lo s -suspir Ryder mirando su rostro-. Si lo que ha ocurrido antes aqu te molesta... -se detuvo al ver el rubor en el rostro de Ivy-, hace mucho tiempo que 
no besaba a una mujer.
   Deba ser verdad, porque nunca se haba fijado en ella de aquella forma. Se las arregl para fingir una sonrisa.
   -Qu ocurre? Tu harn se ha quedado vaco?
   -No tengo ningn harn -recalc Ryder y sus plidos ojos recorrieron el cuerpo de Ivy-. Hace mucho tiempo que no he estado con una mujer.
   Ivy se ruboriz, porque se senta implicada en lo que sugera aquella frase, pero cuando lo mir a los ojos su expresin era la de haber estado bromeando.
   -Bruto -le dijo dndole una palmadita juguetona en el pecho.
   -Guapa -replic l-. Maana voy a Blakely a una subasta de equipo agrcola, quieres venir?
   Por supuesto que quera, pero saba que slo se lo preguntaba por compasin. Era un viejo amigo y se compadeca de ella.
   Tengo cosas que hacer.
   -Maana es sbado.
   -Ya lo s -respondi.
   Buscaba excusas, pero pasaban por su cabeza como la arena por un cedazo. Al final levant los ojos y lo mir con algo de frustracin.
   -Est bien -acept l-, no quiero presionarte. Si no quieres venir, de acuerdo.
   -Lo siento, Ryder -se disculp, ya un poco ms tranquila.
   -Otra vez ser y se despidi con una sonrisa, aunque Ivy lo vio fruncir el ceo al darse la vuelta para dirigirse al coche.
   Cuando le cont a su madre que la haba invitado Jean se qued perpleja.
   -Por qu no quieres ir con l?
   Ivy no quera dar explicaciones.
   Todava es muy pronto. Slo hace seis meses que muri Ben.
   -Por Dios Santo! Ryder no te est pidiendo que te acuestes con l! Slo quera dar una vuelta. En serio, Ivy, no te entiendo. Ryder es el mejor amigo que tienes.
   -S, ya lo s -murmur Ivy.
   En realidad aquel era el problema.
   Pero a pesar de la negativa, Ryder se present en la casa a la maana siguiente. Conduca un Bronco con traccin en las cuatro ruedas y vesta ropa vaquera y 
un sombrero Stetson negro. Ivy, al verlo, se qued de pie en el porche, y su corazn se llen de alegra al verlo bajarse del jeep y dirigirse al porche con sus 
andares desgarbados.
   Ella llevaba una falda vaquera, camisa blanca y una bufanda. Se haba puesto botas aftas porque tena pensado ir a dar un paseo, as que no poda volver a rechazar 
la invitacin. Si se hubiera marchado cinco minutos antes no habra visto a Ryder; no. saba si sentirlo a alegrarse.
   Abri la puerta mientras l suba los escalones, dndose cuenta de que la estaba examinando con la mirada.
   -Lista? -pregunt con una sonrisa un tanto burlona.
   -Me iba a dar un paseo.
   -Jean, nos vamos! -grit Ryder.
   -Que se diviertan! -replic Jean.
   -Pero, no me voy contigo -protest Ivy dbilmente.
   Ryder la tom en brazos, sonriendo ante el gesto consternado de Ivy.
   -Claro que s -dijo l suavemente.
   Se dio la vuelta y la llev hacia el coche, sostenindola con tanta suavidad como si fuera un saco de plumas.
   Ella senta su ancho y clido pecho, y perciba el aroma de la colonia y la locin de afeitar. Tena dos pequeas arrugas a ambos lados de los ojos y unas largas 
pestaas. La nariz era preciosa, y la boca... casi le daban ganas de gritar slo de verla. Los labios eran gruesos y sensuales y cuando sonrea mostraba unos perfectos 
dientes blancos. Estaba deseando levantar la cabeza unos centmetros para poder unir su boca a aquella boca.
   Aquel deseo repentino la confunda. Nunca haba deseado besar a nadie con tanta intensidad, y al mismo tiempo lo haba estado esperando durante aos. Pero tena 
que recordar que Ryder slo estaba siendo amable. El no senta lo mismo por ella, y cuanto antes lo aceptara, mejor.
   Sin embargo, estos pensamientos no la ayudaban en absoluto.
   Cuando la dej en el asiento del coche, su boca estuvo tan cerca que pudo sentir el olor a caf y a tabaco.
   Ryder dud un instante, sus ojos se estrecharon y su cuerpo se tens. Luego sonri, la dej en el asiento, y el momento pas. Se sent a su lado y encendi el 
coche.
   -Ya veo que no poda oponerme -lo acus ella.
   -Las mujeres son como la maquinaria, a veces tienes que darles un pequeo empujn para que sigan adelante.
   Ivy no pudo evitar una carcajada. No poda imaginar a otro hombre con ms sentido del humor que Ryder. Era un hombre nico.
   -Qu quieres comprar en la subasta?
   Ryder encendi un cigarrillo mientras giraban en el camino de entrada para tomar la carretera.
   -Nada en particular, pero quiero ir. No me gusta quedarme en casa, donde la gente sepa dnde encontrarme, y adems, a Kim Sun le encanta ser agradable con personas 
a las que no soporto -dijo, y aadi-. Maldita sea! Tengo que despedirlo!
   -Qu fue lo que le hiciste?
   -Qu? -exclam Ryder con un gesto de sorpresa.
   -Debes haber hecho algo para irritarlo -insisti Ivy.
   -Todo lo que hice -respondi Ryder apretando el cigarrillo entre  los labios-, fue tirarle a la cara un plato de pescado. Odio todo tipo de pescado, pero es que 
este ni siquiera estaba bien cocinado.
   -Sushi -dijo Ivy asintiendo.
   -No, no era Sushi. Yo le haba comentado algo de las croquetas de salmn que hace tu madre, y l me trajo albndigas de salmn crudo que as con cebolla.
   -Le habas explicado cmo se preparan las croquetas de salmn? -le pregunt Ivy tratando de no rerse.
   -Pero, diablos, si no s cocinar! T crees que si supiera habra contratado a ese vicioso renegado?
   -Kim Sun no puede leer tu pensamiento. Si lo hubieras mandado a mi casa, mi madre le habra enseado a hacer las croquetas de salmn.
   -T sabes cocinar. Podras venir a mi casa y ensearle -dijo Ryder sin dejar de mirar hacia la carretera.
   Ivy baj la vista y se qued mirando sus manos apoyadas en el regazo. Tena grandes tentaciones de aceptar, pero l no deba saberlo.
   -As tendramos una "dama d compaa" -dijo Ryder suavemente.
   -Ryder...! -protest Ivy, que se haba ruborizado y no quera mirarlo a la cara.
   -Soy tan tmido -dijo Ryder con un largo suspiro-. He pasado tanto tiempo fuera. Supongo que saba que, al fin y al cabo, no era demasiado, pero un hombre no 
puede aguantar mucho -aadi enigmticamente-. Esperaba que ya estaras curada.
   -Curada? -inquiri Ivy tragando saliva.
   -No puedes meterte en la tumba con l -le espet Ryder con los dientes apretados.
   -Y no quiero hacerlo -replic Ivy.
   Se volvi para mirarlo, y al ver su perfil sinti un vuelco en el corazn.
   -Te he echado de menos -le dijo con una voz ronca. Ryder pareci temblar. Sus ojos plidos se estrecharon.
   -Habra venido a verte en cuanto me lo hubieras pedido. Aunque fuera la medianoche.
   Lo dijo con tanta ternura que Ivy sinti deseos de llorar. Estaba claro que le importaba mucho, pero era slo amistad, no lo mismo que ella senta por l.
   -Ya tienes bastantes preocupaciones como para ocuparte adems de m -le dijo-. Todo lo que necesito es tiempo.
   Ryder detuvo el coche junto a un bar.
   -Quieres tomar un caf?
   -S. Solo, por favor.
   -Me acuerdo de cmo te gusta -le dijo Ryder.
   Se baj del coche y al cabo de un rato volvi con caf y rosquillas.
   Ivy bebi el caf y prob la rosquilla.
   -Delicioso -sonri-. No desayun.
   -Ni yo. No puedo comer nada muy temprano -le explic Ryder, y la mir-. Ests muy delgada, pequea. Tienes que comer ms.
   -ltimamente no tengo mucho apetito.
   Ryder parti una rosquilla en dos y la moj en el caf.
   -Hblame de ello. Tal vez te ayude.
   Ivy lo mir directamente a los ojos y no encontr en ellos nada que pudiera causarle temor.
   -Estaba bebido -dijo de repente-. Estaba bebido cuando fue a trabajar y se equivoc.
   -Comprendo.
   -No lo sabas? No me digas que no has preguntado cmo ocurri. La compaa de seguros se neg a darme el dinero, pero la empresa corri con los gastos del funeral 
-sus grandes ojos negros buscaron los de Ryder-. Fuiste t, verdad? T les hiciste pagar.
   -Los empleados pagan una cuota a los sindicatos -dijo Ryder secamente-, Ben lo haca y t tenas derecho a cierta cantidad de dinero. Con l se pudo costear el 
funeral.
   -Sabas que estaba bebido -repiti Ivy.
   El suspir.
   -S, Ivy, lo saba -replic mirndola-. Saba que beba a menudo. Por eso me mantuve alejado tanto como pude. Porque Jean me cont que a veces te haba visto 
con algn cardenal, y si yo los hubiera visto lo habra matado.
   Ivy se qued sin respiracin al or aquello. No poda articular palabra; l pareca muy violento.
   Ryder se dio cuenta de la reaccin de Ivy y se arrepinti de lo que haba dicho, no poda permitir que nada se le escapara de las manos.
   -Si Eve hubiera estado en la misma situacin, habra hecho lo mismo por ella -y aadi-. Significan mucho para m. Estoy seguro de que lo sabes.
   -Por supuesto -dijo. No poda parecer decepcionada y trat de esbozar una sonrisa-. Siempre fuiste nuestro protector.
   -Si yo hubiera estado cerca cuando conociste a Ben, nunca te habras casado con l. Nunca me he llevado mayor sorpresa que el da en que volv y los encontr 
casados.
   -Fuimos juntos al colegio. ramos buenos amigos.
   -Ser amigos no significa que se haga una buena pareja -declar Ryder y termin con su caf-. Ben era conocido por sus borracheras antes que trabajara para m. 
Les dije a los de personal que le dieran una oportunidad.
   Ivy se preguntaba por qu lo haba hecho. Aunque su padre haba trabajado para la empresa nadie da trabajo a alguien conocido por su aficin al alcohol.
   Ryder la mir, pero ella tuvo que apartar la mirada.
   -Ben te agradeca mucho que le hubieras dado el trabajo.
   -Diablos! Me odiaba y t lo sabes. Cuanto ms tiempo pasaba, ms me odiaba.
   Ivy contuvo la respiracin. Deseaba que no le preguntara el porqu, aunque no saba si sospechaba la razn.
   -Tambin odiaba a mi madre -le dijo para evitar la pregunta-, aunque nunca permiti que se diera cuenta. Odiaba a todas las personas que... me importaran.
   -Y te peg? -pregunt Ryder apretando los dientes.
   -Muy poco -respondi Ivy con voz ronca.
   -Dios mo... -murmur l, y luego los dos se quedaron en silencio.
   Ivy se daba cuenta de que l senta un gran dolor. Impulsivamente, apoy una mano en su brazo, que se tens al sentir el tacto de sus dedos. Lo mir y comprob 
que respiraba con agitacin.
   -Por favor... -le dijo con suavidad-, le hice dao. No puedo contrtelo todo, pero era un hombre bueno hasta que se cas conmigo. Quera algo que yo no poda 
darle.
   El sostuvo su mirada.
   -En la cama?
   Ivy se ruboriz y apart la vista.
   -No puedo hablar de ello.
   -Me recuerdas a mi ta solterona -murmur l-. Tres aos casada y no puedes hablar de sexo.
   -Es algo muy personal-indic Ivy, que se haba ruborizado an ms.
   -Y no me puedes hablar de ello? Hubo un tiempo en que podas decirme cualquier cosa sin sentir vergenza.
   -No sobre... eso.
   Ryder recorri el cuerpo de Ivy con una mirada de aprobacin.
   Finalmente la mir a los ojos.
   -Eres muy reservada. Pero tienes sangre francesa, pequea, y te tiene que quedar algo de sensualidad, aunque tu marido no supiera cmo descubrirla. No era lo 
bastante hombre? -aadi con una sonrisa.
   Ivy dio un respingo. Ryder hablaba como si odiara a Ben, y pareca estar muy tenso. Pero dijo:
   -Lo siento. No tengo derecho a hacerte esa pregunta. Dame tu taza.
   La tom y ponindola en la bolsa de papel que haba trado sali para tirarla sin aadir una palabra ms.
   Ivy estaba muy nerviosa. Nunca haba pensado que la conversacin pudiera convertirse en un interrogatorio, y la actitud de Ryder con respecto a Ben la atemorizaba. 
Cunto sabra? Ryder era muy puntilloso con los hombres que trabajaban para l, y saba muchas cosas de ellos. No habra tolerado drogadictos o borrachos, y sin 
embargo, haba admitido a Ben, aun habiendo confesado que no le gustaba. Por qu? Por ella? Porque la consideraba como una hermana pequea? Lo cierto era que 
no poda entenderlo.
   Ryder volvi al Bronco.
   -Bueno, la verdad es que todava tengo mucha hambre -dijo recuperando el buen humor-. Pero eso tiene arreglo. Unas cuantas hamburguesas despus de comer y listo.
   Ivy volvi a rerse, y las palabras que haba odo anteriormente quedaron casi olvidadas.
   La subasta era fascinante. Caminaba entre los artculos al lado de Ryder, mirando cosas de las que ni siquiera conoca el nombre, escuchndolo exponer sus virtudes 
y defectos.
   -Cunto tiempo hace que nos conocemos? -le pregunt Ryder de repente, mientras descansaban tomando un refresco.
   -Muchos aos -repuso ella-. Desde que yo estaba en... prvulo.
   -Tantos aos y no hay otra cosa ms que recuerdos amargos para nosotros -dijo Ryder con una voz muy profunda, mirando la boca de Ivy-. Te acuerdas, verdad? Todava 
est ah, entre nosotros.
   Ivy apenas poda respirar. Baj la vista.
   -No me di cuenta de que la puerta estaba abierta -dijo ella con tristeza.
   -Lo s. Pero entonces no lo saba. Y ahora lo siento.
   Ella recordaba aquella noche como si hubiera sido la del da anterior. La haba atormentado durante aos: Haba ido a dormir con Eve, tena dieciocho aos y era 
muy ingenua. Eve se haba ido con su madre a comprar una pizza y la haban dejado sola en la casa, o al menos eso pensaba. Ryder haba llegado de forma inesperada, 
pero ella no se haba dado cuenta y la puerta de su habitacin estaba abierta.
   Se dirigi a la ducha sin ms ropa que el corpio de seda que Eve le haba regalado por su cumpleaos; por supuesto no esperaba que nadie la viera, y mucho menos 
Ryder.
   Pero aquella noche l ya la haba visto a travs de la puerta abierta, y pens que ella se paseaba exhibindose ante l.
   Incluso en aquellos momentos poda ver la misma mirada. Se haba quedado helado en el umbral. Boquiabierto y estupefacto, y en lugar de disculparse haba entrado 
en la habitacin cerrando la puerta y mirndola acusadoramente.
   Ivy le observaba tan inocentemente y tan poco precavida, que l haba tenido que emplear toda su fuerza de voluntad para no tocarla, pero sin poder evitar acariciarla 
con los ojos. Entrevea con claridad a travs de la fina seda sus senos turgentes y sus erectos pezones apretndose contra el tejido.
   Entonces ella haba contenido la respiracin. Ryder la mir a los ojos y ella sostuvo su mirada.
   El mundo es muy frvolo, y Eve no haca el menor intento por ocultar su actitud liberal respecto a los chicos con los que sala. Pero Ivy era una muchacha tradicional 
y que un hombre la viera en ropa interior era para ella una experiencia chocante y embarazosa.
   Desgraciadamente, Ryder no lo saba y pensaba que era como Eve.
   -Precioso -le haba dicho con una voz muy suave, sin dejar de mirar el corpio-. No saba que fueras tan guapa.
   -No deberas estar aqu -dijo ella con una voz desfallecida, confundida porque aquella situacin le gustaba y la asustaba al mismo tiempo.
   -Por qu no? Dejaste la puerta abierta y querras que entrara, verdad?
   -Ryder, no lo entiendes...! -haba exclamado ella al ver que l se  acercaba.
   Pero las protestas vinieron demasiado tarde. Ryder la haba estado mirando... deseando. Y a pesar de que le disgustaba haber cado en lo que l pensaba que era 
una trampa, Ivy era demasiado bella como para que l pudiera controlarse.
   Le tom la cara entre las manos y la mir. Pero no fue su boca lo que bes, sino su pecho erguido cubierto de seda.
   Y ella haba proferido un gemido que ni siquiera haba imaginado nunca. La caricia de aquella boca provocaba en ella una sensacin de abandono y placer, de dolor 
y fuego, la haca consciente de que necesitaba algo que nunca haba necesitado. Apenas se haba dado cuenta de que le haba bajado los tirantes, cuando lo mir y 
lo vio acariciar sus pechos desnudos. En ese momento ya la haba tomado en brazos, sin retirar la boca de su pezn.
   Ivy haba hundido los dedos en su cabello apretando la cabeza de Ryder sobre su pecho mientras luchaba contra su orgullo e inhibiciones, con la certeza de que 
haba perdido el control de su propio cuerpo.
   -No, Ryder -susurraba dbilmente mientras l la tenda en la cama en que haba dormido-. No.
   Pero l no pareca orla. Se haba tendido a su lado, atrapando sus piernas entre las suyas y acariciando la satinada piel de su espalda sin dejar de besarla 
en la boca.
   Aquel haba sido el primer beso que un hombre le haba dado y haba sido tan apasionado que Ivy poda ruborizarse con su sola memoria. Haba sido tan profundo 
y tan intenso que la haba dejado rendida entre sus brazos.
   Luego Ryder haba recorrido su cuerpo con la boca y ella respondido con tanta desenvoltura y de manera tan desinhibida que cualquiera de sus protestas anteriores 
pareca falsa. Lo abrazaba y le acariciaba el pelo y profera pequeos quejidos mientras l le acariciaba los pechos con manos clidas y fuertes...
   Ryder estaba a punto de estallar y la asi por la cintura, apretando su vientre contra el suyo.
   -Te deseo. No puedo contenerme. Puedes cuidar de ti misma, pequea?
   Aquella pregunta fue para Ivy como un jarro de agua fra que la hiciera volver en s.
   -Cuidar... de m misma? -pregunt con voz desfallecida, an frotando su cuerpo contra el suyo.
   -Tienes algo que me pueda poner o ests tomando la pldora? -le haba preguntado l, luchando por contener su deseo.
   Ivy haba enrojecido de vergenza.
   -Ryder, soy... soy virgen -susurr- no s cmo... cmo. Quiero decir que no tomo la pldora.
   -Que eres qu? -exclam Ryder.
   Ivy trag saliva, un poco atemorizada respondi:
   -Nunca he hecho esto antes -musit en un susurro.
   Y entonces Ryder dijo algo que ella nunca haba odo de los labios de ningn hombre y se puso en pie, mirndola como si la odiara.
   -Maldita sea! -gru en voz baja, ms amenazadora sin embargo de lo que habra sonado cualquier grito-. Pequea falsa y viciosa!
   Y haba aadido muchos ms insultos, cosas que Ivy se haba esforzado por olvidar durante aos. Cosas que ella ni siquiera haba imaginado que se le pudieran 
decir a una mujer.
   Finalmente, Ryder se haba marchado y ella se qued llorando. Cuando volvi Eve le dijo que tena jaqueca. Nunca volvi a pasar una noche en casa de los Calaway. 
Y nunca hasta aquel momento en que se encontraba con Ryder en la subasta, ninguno de los dos haba vuelto a mencionar lo ocurrido.
   Aquello haba dejado muchas cicatrices en Ivy. Se haba sentido un ser rastrero, pero tambin se dio cuenta de lo vulnerable que era. A Pesar de todo, esa noche 
le haba entregado a Ryder su corazn. Lo haba evitado sin embargo desde entonces, tanto como l pareca evitara a ella. No obstante, cuando Ben comenz a entrar 
en su vida,
   Ryder pareca querer volver a reanudar la vieja amistad y la haba invitado a cenar una noche. Pero ella tuvo miedo al ver su mirada y se excus con el pretexto 
de que tena una cita con Ben, lo que no era cierto. Luego se lo dijo a Ben y la cita se convirti en realidad, y cuando Ryder volvi de uno de sus viajes, los encontr 
casados.
   -Todava lo recuerdas, verdad? -le pregunt Ryder-. Aquella -; noche comet el mayor error de mi vida. Al da siguiente me fui a Toronto y luego te evit como 
a una plaga. Y a partir de esa noche todas las noches que dormiste con Eve fue en tu casa y nunca en la nuestra.
   -No fue como t pensabas -dijo Ivy-. Yo crea, de verdad, que no haba nadie en la casa.
   Ryder hizo una mueca.
   -Oh, Dios, crees que luego no me di cuenta? Pero el dao estaba hecho. Lo nico que poda hacer era apartarme de tu camino. Me tenas miedo y no quera hacerte 
sufrir ms. Aunque al final lo que hice no era necesario, porque corriste a echarte en brazos de Ben la primera vez que te ped que saliramos.
   Ivy encogi los hombros con un gesto de desamparo.
   -Cre que t seguas pensando que yo era una... falsa y... trag saliva y cruz los brazos-. No estaba segura de que no quisieras una pequea venganza. Aquella 
noche parecas odiarme. Dijiste que... tena unos pechos tan pequeos que...
   -Los hombres dicen cosas cuando se sienten frustrados -la interrumpi Ryder-. Estoy seguro de que ya lo sabes perfectamente. No pensaba las cosas que te dije 
aquella noche. Slo quera herirte.
   Ivy mir al suelo. Al cabo de los aos haba llegado a la misma conclusin que ahora le estaba diciendo Ryder, pero eso no pareca servirle de mucha ayuda.
   -Lo siento -dijo con desaliento.
   -No fue culpa tuya. Yo deb haberme marchado, pero no pude. Nunca haba visto a una mujer tan guapa.
   La mir a los ojos, pero su cara se tens al ver la duda en los ojos de Ivy.
   Ella senta que aquella voz despertaba una calidez en su interior, pero no se atreva a mirarlo.
   -Gracias, pero no tienes por qu intentar consolarme -dijo con la mirada perdida en la distancia-, Ben deca que era demasiado... pequea, demasiado... Ryder!
   El la agarr por los brazos y la sacudi.
   -Ment! Vas a meterte en la cabeza que aquella noche ment? Te deseaba lo bastante como para haberte forzado. Maldita sea! Tena que alejarme de all, as 
que necesitaba decirte aquello -todo su cuerpo vibraba como dominado por una pasin-. Oh, Dios, Ivy, no sabes cmo me ha perseguido esa noche todos estos aos! 
No tienes ni idea!
   Ivy poda ver su rostro atormentado aunque no saba por qu. Sin pensar, apoy una mano sobre su mejilla. Al darse cuenta quiso retirarla, pero l la asi y la 
mantuvo apretada contra su cara.
   -De acuerdo -dijo ella con una voz muy dbil-, aquello pas hace muchos aos.
   -Ocurri ayer -seal el con una mirada extraa e intensa-. Huiste de m.
   -No saba qu hacer. Nunca he podido hablar con mam de cosas as -murmur Ivy bajando la vista.
   Ryder la atrajo hacia s y mir la tarima de las subastas por encima de su cabeza.
   -Ser mejor que vayamos a otra parte a hablar de esto.
   -S -asinti Ivy cerrando los ojos.
   Estar en sus brazos era como estar en el Paraso. No pudo evitar un temblor.
   Ryder se dio cuenta y se puso muy rgido. Pensaba que le tena miedo. Tal vez abrigaba algn temor porque lo deseaba, pero no estaba seguro, tal vez se estuviera 
engaando a s mismo. Apoy una de sus enormes manos en la espalda de Ivy y la apret contra s an ms. Poda sentir su respiracin y el calor de su aliento despertaba 
el deseo en todo su cuerpo. Le gustaba sentirla tan cerca. Le traa recuerdos de aquella noche, la noche en que la haba besado, la noche en que ella haba sido 
para l el mundo entero. Y todava lo era, slo que a lo largo de los aos aquel sentimiento haba ido aumentando.
   Senta por ella un deseo que todos los mares de la Tierra no hubieran podido agotar, pero no era tan slo un deseo fsico. Quera poseer todo su ser.
   -Sola preguntarme cmo habra sido nuestra vida si no hubiera perdido la cabeza aquella noche -dijo sintiendo su aliento sobre el pecho-. ramos amigos. Todos 
estos aos he deseado recuperar aquella intimidad.
   -Crea... que an la tenamos -balbuce Ivy, tratando de calmarse.
   Pero le pareca imposible calmarse sintiendo su cuerpo junto al suyo. Quera levantar la cara y mirarlo, hundir su cara en su piel desnuda y sentir que l la 
deseaba...
   -No la suficiente -dijo con voz ronca-. Pero tal vez si lo intentamos, Ivy, podamos lograr la amistad otra vez. Qu te parece?
   -Creo que podramos -asinti Ivy cerrando los ojos.
   Ryder senta su corazn palpitar muy de prisa. Levant la cabeza tom suavemente a Ivy por la barbilla para que lo mirara.
   -Eres preciosa -dijo con vehemencia-. El sueo de todo hombre.
   "Excepto el tuyo". Ivy casi pronunci aquellas palabras en voz alta. Luego sonri tristemente y apart la cara.
   -No tanto -replic con una risita nerviosa-. Volvemos? Creo que va a empezar -aadi evasivamente al ver a la gente reunirse junto a la plataforma de las subastas.
   -Cmo?
   Ryder tena que hacer un esfuerzo por volver a la realidad. La ola, la senta a su lado... mir hacia donde ella estaba mirando.
   -Oh, s, la subasta. Ser mejor que volvamos.
   La tom del brazo y la gui a travs de la multitud, saboreando todava su pequeo paseo por el paraso. La amistad, se deca, era mejor que nada en absoluto. 
Y con esa base podra construir algo ms satisfactorio. Una sonrisa se dibuj en su rostro cuando se diriga a la subasta.
   
   
  CAPITULO 3
   
   
   IVY estaba de pie junto a l, sintiendo su calor y su presencia mientras transcurra la subasta. El no le habl hasta que la venta de artculos termin y los 
dos se dirigieron al Bronco.
   -Te quedaste callada -le dijo encendiendo un cigarrillo.
   Ella baj la mirada mientras lo esperaba.
   -Duele hablar del pasado -le confes ella-. Lo tuve apartado en el fondo de mi mente durante mucho tiempo.
   -Yo tambin. Me confund del todo. Deb darme cuenta de que eras muy inocente.
   -Teniendo en cuenta la manera en que sucedieron las cosas, no poda echarte la culpa por lo que hiciste -declar ella con tristeza.
   -No podas? -pregunt Ryder con sequedad.
   Ivy se sinti un poco avergonzada.
   -Al principio ni siquiera te detuve -explic con una voz muy dbil-. Me sent como una prostituta.
   -Lo siento -se disculp Ryder con una mirada de reproche-. No tienes por qu avergonzarte.
   -Pero me evitaste.
   -Senta que tena que hacerlo -replic l con calma-. Me equivoqu, pero besarte me trajo muchos problemas -aadi con una sonrisa.
   -Aprend la leccin. Me cur de cualquier tendencia lasciva.
   -No eras lasciva. Slo joven y curiosa.
   -Y t crees que eso lo hizo ms fcil? -le pregunt Ivy con sequedad.
   Ryder se detuvo y la mir, aunque ella no poda verle los ojos, ensombrecidos bajo el ala del sombrero.
   -Debimos hablar de esto hace muchos aos -le dijo-. Te podra haber dicho que te deseaba lo bastante como para olvidar tu  edad y que me mantuve alejado porque 
eras una continua tentacin Consigue eso que todo sea menos doloroso?
   -T... me deseabas? -pregunt ella en un susurro.
   -S -respondi l con un tono sombro-. Te deseaba, pero t slo tenas dieciocho aos y yo veintiocho.
   Trat de ver sus ojos.
   -Yo tambin te deseaba -confes suavemente.
   -Y an me deseas? -pregunt l apretando la mandbula.
   Ivy apart la cara, apretando los brazos, que tena cruzados sobre el pecho.
   -Ahora no puedo sentir nada -replic evasivamente-. No con Ben muerto por mi culpa.
   -Qu quieres decir con eso de que fue por tu culpa?
   Ivy cerr los ojos.
   -Le fall -susurr-. Nunca pude... No fui una buena esposa.
   Ryder dej escapar un largo suspiro. Jams haba considerado que ella pudiera sentirse culpable. Frunci el ceo y la mir. Deseaba saber ms acerca de su matrimonio, 
de lo que haba sentido por su marido.
   Ivy dej caer los brazos y meti las manos en los bolsillos de la falda.
   -De todas formas ahora todo ha terminado. Y como t dijiste, tengo que empezar a vivir otra vez.
   -S -asinti Ryder apartando la mirada.
   Mirarla era como tocar el paraso. Encendi un cigarrillo. Slo con la cercana de su cuerpo, Ivy consegua ponerlo nervioso, tenso como la cuerda de un violn.
   -Por qu no te pones a trabajar?
   -Ya estamos otra vez -dijo ella riendo.
   -Exacto. No es bueno que te quedes sentada sin hacer nada, Trabaja para m. Mi secretaria renunci el mes pasado y todava no he encontrado a nadie. Necesito 
a alguien que pueda viajar conmigo, y sobre todo, alguien en quien pueda confiar, alguien del que sepa que no se va a poner a chismear sobre los negocios de la compaa. 
Creo que t podras hacerlo muy bien.
   La idea la tentaba. Pero la angustia de estar cerca de l la haca dudar. Lo quera. Qu sentira al trabajar para l sabiendo que todo lo que l senta por 
ella era afecto, y tal vez algn rescoldo de un antiguo deseo?
   -No s -dud ella-. No s si me gustara pasearme contigo por todo el mundo.
   -Yo creo que te gustara -replic l-. Podrs conocer muchos         lugares exticos. El sueldo es bueno y estoy seguro de que el trabajo te resultar interesante.
   De esto ltimo no tena la menor duda. Ryder siempre haba tenido algn negocio interesante entre manos, y conoca a un nmero sorprendente de gente famosa. El 
trabajo sera fascinante.
   -Puedo tomarme un tiempo para pensarlo?
   -Dos semanas -dijo l con una sonrisa-. No puedo seguir sin secretaria indefinidamente.
   -Viajaramos mucho?
   -S -respondi l con un brillo en los ojos-. Pero no te ofrezco el empleo para quitar de en medio a Jean y acostarme contigo. No acostumbro a trabajar con ese 
tipo de mujeres.
   -No haca falta decirlo! -exclam ella con cierta tristeza.
   -No? Bueno, tal vez piensas que eres irresistible. Si es as, te dir que puedo buscarme ese tipo de compaa en otra parte.
   Ella se apart de l, con el corazn palpitando y los ojos echando chispas.
   -Y sabes qu puedes hacer con tu trabajo...! -le grit mientras llegaban juntos al Bronco-. No trabajar para ti bajo esas condiciones!
   Aquel arrebato de genio lo asombraba y le gustaba. Tal vez lo que la molestaba era la idea de verlo en brazos de otra mujer.
   -Creo que lo hars --dijo mirndola a los ojos-. Acabars cansndote de tu inactividad tarde o temprano. Si sigues sin hacer nada te volvers loca.
   -T tambin -replic ella.
   -Mejor loco que enterrado en vida -seal l encogindose hombros-. La mejor manera de recuperarse de una prdida es ocuparse de algo, relacionarse con otra gente.
   -Y cmo voy a hacerlo trabajando para ti?
   -Hazlo y lo vers. Uno de mis nuevos proyectos es una villa en Arizona. Sus habitantes sern de la tercera edad, y conozco a muchos de ellos.
   A pesar de s misma, aquello le interesaba.
   -Me gustan los viejos.
   -A m tambin. La sabidura del mundo reside en sus mentes tranquilas. Te encantarn.
   -No lo dudo -convino y luego aadi frunciendo el ceo Creo que me podra gustar.
   Ryder, que haba contenido la respiracin, dej escapar un largo suspiro, cuidando de que ella no se diera cuenta.
   -Puedes empezar el lunes. Yo tengo que irme a Phoenix.
   -Porqu quieres hacer esto por m?
   -Eres demasiado, joven para encerrarte en un mausoleo. Hara lo mismo por Eve. A pesar del miedo que te di cuando tenas dieciocho aos, creo que sabes que puedes 
confiar en m. Verdad?
   -S, lo s -asinti Ivy con una sonrisa-. De acuerdo, desempolvar mis habilidades como oficinista y har mis maletas.
   Ryder busc sus oscuros ojos por un momento.
   -Buena chica -dijo finalmente-. Bueno, vmonos.
   
   
   Pero no vas a llevarme a mi casa? -le pregunt cuando se detuvieron frente a la casa de ladrillo rojo donde viva Ryder.
   -No, hasta que no ensees a ese maldito diablo a hacer croquetas de salmn --replic ayudndola a bajar del Bronco-. Llamar a Jean y le dir que estamos aqu.
   Ivy solt una carcajada. Era el hombre ms imprevisible que haba conocido.
   -Eso suena bien. No te haba odo rer de verdad desde haca mucho tiempo.
   -Pobre Kim Sun -dijo ella.
   Cuando llegaron al porche, la puerta de la casa se abri, y detrs de ella apareci un hombre bajo con los ojos rasgados, era calvo, y de piel amarilla; no dejaba 
de agitar los brazos y gritar a Ryder con sonidos incomprensibles.
   -Clmate -le dijo Ryder-. Maldita sea! Clmate!
   Kim Sun inclin la cabeza hacia atrs y lo mir.
   -No leche en la casa. No huevos, no harina, no azcar. Cmo puedo cocinar en condiciones tan primitivas?
   -La luz funciona -observ Ryder-. Al menos puedes utilizar la estufa.
   -Una estufa sin comida?
   -Hay salmn -repuso Ryder con, una sonrisa maliciosa.
   -Adivina dnde poner salmn esta vez -le replic Kim Sun.
   -Te he trado un instructor. Su madre y ella hacen las mejores croquetas de salmn al sur del rtico.
   Kim Sun la salud con una elegante inclinacin de cabeza.
   -Seorita Ivy, me alegro de verla otra vez. Apreciar su ayuda mucho -dijo y mirando a Ryder continu-: Alguna gente demasiado estpida no saber que es necesario 
aprender nuevos platos.
   -Llmame estpido una vez ms y te mandar a casa metido en una caja de cornflakes.
   -Vamos, vamos -dijo Kim Sun negando con la cabeza y mirando a Ivy-. Este tonto sabe menos de reglas sociales que un burro. No tendr en cuenta -declar con orgullo.
   -A quin le ests llamando tonto? Quin diablos te paga todos los meses?
   -Esa miseria. No pagas ni la mitad de lo que valgo.
   -Escucha, miserable, si tuvieras lo que realmente mereces, tendras que pagarme t a m. Una miseria, pero eres el nico cocinero de Georgia que tiene un Mercedes.
   -Bueno, bueno -dijo Ivy tratando de calmarlos-. Acurdate de tus problemas de tensin. Vamos, Kim Sun, ven conmigo.
   -Buena idea -replic el chino hacindole una mueca a Ryder-. Maana me voy!
   -Maana te despedir!
   Kim Sun dijo algo en su propia lengua y se dirigi a la cocina. Ivy,  divertida y asombrada, fue tras l.
   Kim Sun era un buen alumno y no le llev mucho tiempo aprender - a hacer las croquetas que a Ryder la gustaban.
   -Es tan horrible trabajar para l?
   -No es horrible, es imposible -respondi Kim Sun moviendo la  cabeza-. Hay que estar preparado a cualquier hora, no se come bien, slo trabajo, trabajo, trabajo. 
Duerme poco, no va con mujeres. Primero pens estaba olvidando una chica. Ahora pienso adicto a hacer dinero.
   -Siempre ha sido un hombre incansable -coment Ivy-. Bueno, ser mejor que vaya a decirle a mi madre que no me ha raptado.
   Kim Sun la mir fijamente.
   -Alguna vez comprometida con el jefe? -pregunt de manera repentina.
   -Oh... por que? No... Por qu lo preguntas?
   Kim Sun apart la vista.
   -Oh, por favor, perdn por la pregunta. Excusa curiosidad. Algn da comprenders la razn para preguntar-dijo y aadi para evitar seguir con el tema-: Las 
croquetas estn listas?
   Ivy se preguntaba qu podra saber l que ella no supiera.
   Ryder se comport como un hermano el resto de la tarde. Le habl de Eve y de su marido, le ense los elefantes de madera que  haba trado de Ceiln y luego 
comieron las croquetas de salmn con una ensalada. Tuvo que aceptar que Kim Sun haba hecho un gran trabajo.
   -La prxima semana, pollo asado -le dijo Ryder a Ivy mientras saboreaban un postre de yemas de huevo, frutas y helado que Kim Sun haba inventado-. Ahora no puedes 
hacerte para atrs. Hars de Kim un buen cocinero sureo.
   -Puede que a Kim Sun no le guste lo que yo cocino.
   -Le gustar -afirm Ryder-. Si se niega lo har limpiar la vajilla de plata esta noche.
   Un furioso tropel de palabras se oy en la direccin en que estaba la cocina y a los pocos segundos Kim Sun apareci agitando los brazos.
   -Algn da se ir -dijo Ivy a Ryder riendo.
   -No se atrevera, en qu otro lugar conseguira un trabajo tan cmodo y un jefe con el que pudiera pelearse?
   -Pobre Kim Sun -dijo Ivy con una carcajada.
   -Pobre de m -suspir Ryder-. En cuanto te vayas esconder mis cigarrillos.
   -No lo culpo -replic ella con una sonrisa.
   Lo mir, pero la intimidad que haban recuperado la hizo ruborizarse y apart la vista. Su timidez haca que Ryder se sintiera protector.
   -Te llevar a casa -ofreci l levantndose de la mesa-. Estars lista el lunes a las seis de la maana? Tenemos que tomar un vuelo temprano en Albany para poder 
abordar el avin en Atlanta.
   -S, estar lista -le asegur.
   En su interior se estaba maldiciendo por aceptar trabajar para l, lo que probablemente sera el peor error de su vida.
   
   
   Jean no opinaba lo mismo.
   -Te gustar, y t lo sabes -le dijo a su hija-. Y Ryder se ocupar de ti.
   -Supongo que estoy haciendo lo correcto -suspir Ivy.
   -No te preocupes. Ya vers cmo todo sale muy bien.
   
   
   Ryder la recogi a las seis en punto del lunes. Iba elegantemente vestido con un traje azul marino, un Stetson y botas de cuero negro. Ella no se senta tan elegante 
con el traje oscuro que tena desde haca dos aos y la blusa blanca de algodn.
   -Tenas que vestirse de oscuro? -le pregunt Ryder tras despedirse de Jean.
   -Mi traje? Es el nico que tengo.
   -Podra haberte adelantado algo de dinero para que te compraras algo menos tristn.
   -No es tristn -replic ella-. Es muy elegante.
   Y eso tambin pareca decir la mirada de Ryder. Luego volvi a centrarse en la carretera.
   -Siento que en tu primer da de trabajo tengas que venir a Phoenix en lugar de ir a la oficina para familiarizarte con todo, pero tengo que ir. Y t debes ver 
lo que estamos haciendo all. Te ayudar a comprender cmo es nuestro trabajo.
   -Nunca he estado en Arizona.
   -O te encantar o lo odiars. Especialmente la zona a la que vamos.
   -Arena y serpientes de cascabel?
   -Espera y vers -dijo l con una sonrisa.
   Al cabo de pocas horas estaban volando sobre Arizona e Ivy miraba a travs de la ventana las colinas cortadas y la tierra rojiza antes de llegar al aeropuerto 
de Phoenix.
   -Yo cre que todo era plano -le coment a Ryder.
   -En serio? No ser la nica sorpresa que te lleves.
   El tena razn. Cuando se bajaron del avin se fij en las montaas que se elevaban del suelo desrtico, y al ir en un coche alquilado hasta el centro de Phoenix 
se fij en la abundante vegetacin que haba a ambos lados de la carretera. No era la tupida y hmeda de Georgia, pero la variedad de colores y plantas mostraba 
la belleza de Arizona.
   El aire, claro y limpio, y las largas carreteras que corran en lnea recta hasta encontrarse en el horizonte trasmitan una sensacin de paz.
   Ryder disfrutaba viendo la fascinacin de Ivy ante aquel paisaje, y aquellas tierras que conoca tan bien aparecan ante l con nuevos ojos.
   Haban reservado habitaciones en un lujoso hotel en Mesa del Sol, un centro turstico que no supondra competencia alguna para  su proyecto.
   -Es ms grande de lo que imaginaba -le dijo mientras llegaban a Mesa del Sol, un pequeo grupo de edificios que se recortaba en la distancia.
   -Quieres decir la tierra? Es por la falta de rboles -le explic--. Los horizontes parecen mayores porque no hay nada que los esconda. Si Arizona te parece grande, 
deberas ver Montana.
   -Hay alguna ciudad fantasma por aqu? -pregunt Ivy de repente.
   -S, bastantes. Tratar de llevarte a alguna. De acuerdo?
   -De acuerdo! -exclam Ivy con una amplia sonrisa.
   Las habitaciones del hotel estaban juntas y tenan una puerta de comunicacin. Despus de dejar las maletas se dirigieron al lugar en que Ryder estaba construyendo 
el nuevo complejo. Slo estaban hechos los cimientos de algunos edificios y la primera planta de dos de ellos.
   -Es muy bonito, Ryder --le coment Ivy acerca del diseo de estuco que conjugaba con el paisaje desrtico.
   -A m tambin me lo parece -asinti Ryder.
   Luego la acompa al edificio principal, donde el jefe de obra, un gigante pelirrojo, los estaba esperando.
   -Hank Jordan -lo present-, est a cargo del proyecto. Hank, esta es Ivy, mi nueva secretaria. -Me alegro de conocerte.
   -Cmo va todo? -de pregunt Ryder.
   Mientras dos hombres hablaban, Ivy dio un paseo por lo que deban ser das oficinas del complejo, disfrutando de da amplitud de espacios y de da sencillez de das 
construcciones.
   -Qu te parece? -le pregunt Ryder acercndose a ella al cabo de un rato, y tomndola del brazo se dirigieron de nuevo hacia el coche-. Habr aproximadamente 
sesenta matrimonios, y se incluye un consultorio mdico, un restaurante, un teatro, un pequeo supermercado, tiendas de ropa y una tienda de herramientas. Tendremos 
nuestra propia agua corriente y aire acondicionado.
   -Suena como si fuera una ciudad del futuro -coment ella.
   -Ojal do sea -dijo l con una sonrisa-. Haremos un uso ms lgico del espacio, con un nfasis especial en integrarnos en el ecosistema en que estamos.
   -Magnfico!
   -Vamos a comer algo, tienes hambre?
   -Me comera hasta un plato de arena.
   -Los tacos son mejores. Vamos.
   Se despidieron de Hank y volvieron a Mesa del Sol. La temperatura era sorprendente. Ivy vesta ropa de invierno, pero haca calor y la piscina climatizada era 
una tentacin. Le gustara haber tenido la ocurrencia de traer un traje de bao.
   Se cambi de ropa. Se puso unos texanos y una blusa rosa de tirantes y luego se solt el pelo. Cuando se encontr con Ryder en el comedor, tambin iba vestido 
con pantalones vaqueros y un jersey ligero, aunque segua llevando el Stetson y das botas de cuero.
   -Cansada?
   Ivy neg con la cabeza.
   -Hace tiempo que no me encontraba tan bien -dijo riendo-. Pero me da cargo de conciencia. Debera estar tomando notas o mecanografiando alguna cosa.
   -Ya habr tiempo para eso -le asegur Ryder-. Despus de comer nos ocuparemos del papeleo. Si quieres podemos sentarnos junto a da piscina. Has trado traje 
de bao?
   -Como haca tanto fro en Georgia...
   -Esto es Arizona -de dijo l.
   Desliz por su cuerpo una mirada posesiva que continu hasta que se sentaron en una mesa junto a una ventana. Comieron tacos y fajitas con frijoles fritos y bebieron 
refrescos en unos grandes vasos. Ivy estaba asombrada detener tanta sed, y se preguntaba si era debido a das sequedad del clima desrtico.
   Ryder guard silencio durante la comida; ad terminar se excus y se dirigi a su habitacin a buscar da cartera. Quedaron en reunirse junto a la piscina. Una 
vez all, se sentaron en una mesa con sombrilla.
   Ryder comenz a sacar documentos y de dio a Ivy un cuaderno y un bolgrafo.
   -Hora de trabajar -dijo-. Necesito que apuntes algunas cifras. Si consigo una mquina de escribir, puedes pasarlas a mquina esta tarde?
   -Por supuesto -asinti ella.
   No poda protestar, para eso haba ido. Pero se haba dado cuenta de que Ryder estaba tenso desde que bajaron del avin y se preguntaba la razn.
   No poda saber que para l tenerla tan cerca era como una droga que lo haca vulnerable y do mantena desasosegado y hambriento. El se esforzaba para que ella 
no se diera cuenta, pero el aspecto que tena con aquellos texanos lo estaba volviendo toco. El trabajo, al menos, lo mantendra ocupado unas horas. Tena que resistirlo, 
no poda arriesgarse a perderla de nuevo por ser impaciente.
   Mir la mano que apoyaba sobre da mesa. An luca el anillo de boda que Ben haba puesto all. Deseaba quitrselo y arrojarlo muy lejos, que olvidara que haba 
pertenecido a Ben y hacerla completamente suya. Pero saba que era imposible. A pesar de dos defectos de Ben, Ivy lo haba querido. Cmo poda competir con l ahora?
   Tal vez con el tiempo Ivy se volviera hacia l. Se vea obligado a esperar que as fuera, porque era lo nico que do salvaba de da locura.
   
   
  CAPITULO 4
   
   
   IVY apenas tuvo tiempo de preocuparse por encontrarse en una habitacin junto a la de Ryder. El trabajo la abrumaba, sobre todo la correspondencia que deba ser 
atendida diariamente.
   Estaba familiarizada con la mquina de escribir electrnica, lo que le ahorr mucho tiempo, pero la mayor parte del da estaba ocupada en transcribir el dictado 
de Ryder en cartas que le satisficieran lo bastante. A menudo, l rescriba la misma carta tres veces antes de permitir que la enviara. Mientras tanto pasaba la 
mayor parte del tiempo en la ciudad, y cuando volva al hotel le daba nuevos encargos.
   Ivy tena el suficiente trabajo como para haber mantenido ocupadas a tres secretarias. Ryder se dio cuenta de que tena algn problema a la hora de copiar.
   -Dentro de poco ser ms fcil -le prometi al tercer da de estar en el hotel-. Por ahora hazlo slo lo mejor que puedas. Cuando volvamos a Albany, le dir a 
otra chica que te ayude. Desde que Mary se march el trabajo parece haber aumentado, llevaba diez aos conmigo y conoca cada faceta del negocio. Para cualquiera 
sera difcil acostumbrarse, as que no te preocupes, de acuerdo?
   Ivy sonri con alivio.
   -De acuerdo. Empezaba a sentirme un poco incapaz.
   -No lo eres. Mecanografas a una velocidad por encima de lo normal y en taquigrafa eres muy rpida, aunque poco ortodoxa -dijo chasqueando la lengua-. Lo conseguiremos. 
Quieres que maana vayamos a ver una ciudad fantasma?
   -Podemos? -exclam ella-. Tenemos tiempo?
   -Como has trabajado muy duro, s -contest l mirando el reloj-. Dios mo, me olvidaba. Tengo una entrevista en el banco. Me voy corriendo. Pide algo de comer 
y estate pendiente del telfono, me tiene que llamar un amigo de Londres. Anota lo que te diga.
   -Lo har -dijo vindolo salir por la puerta, fascinada por su inagotable torrente de energa.
   Al da siguiente, despus de comer, llenaron una nevera porttil de refrescos y salieron hacia el norte. Los dos vestan texanos y calzaban botas de cuero y l 
insisti en que ella llevara un sombrero para protegerse del intenso sol de aquella zona. Ivy se sent junto a l en un jeep y sonri al comprobar que hacan buena 
pareja. La nica diferencia evidente en sus prendas era el pauelo rojo que llevaba ella alrededor del cuello. Haca demasiado calor para llevar chaqueta, e Ivy 
saba que la manga larga de sus camisas servira ms para protegerlos del sol que del fro.
   -Adnde vamos? -le pregunt.
   -A un sitio muy especial -le contest-. No lo encontrars en ningn mapa turstico. Es una vieja mina de plata que perteneci a un antepasado de Hank. Le dije 
que quera ensearte alguna ciudad fantasma y me sugiri que te trajera aqu. Me dio la llave de la puerta.
   -Qu amable.
   -Hank no es inmune a las mujeres -le dijo Ryder mirndola de reojo-. Le gustaste.
   -Pero si apenas habl con l -protest ella con un gesto de sorpresa.
   -No eres consciente del encanto que tienes. Nunca he conocido a una mujer menos vanidosa.
   Podra haberle dicho que era as gracias a Ben, que encontraba una falta en cada parte de su cuerpo. Pero no se lo dijo.
   -Haba muchas minas en Arizona, verdad? -le pregunt.
   -Haba y hay -le respondi l-. Una de las ms famosas es Silver King.
   -No era Tombstone un yacimiento de plata?
   -S, originalmente s -le dijo riendo ante el inters que ella demostraba.
   -Le algo sobre Arizona cuando me dijiste que vendramos, aunque la verdad es que todo me sorprende. Parece otro mundo.
   -S -asinti l-. Eso fue lo primero que pens la primera vez  que vine. Cuando estemos en la mina pgate a m como una lapa. Podras caerte en algn hueco y 
no sera muy divertido.
   Los ojos de Ivy reflejaron cierto temor.
   -Ests bromeando, verdad?
   -No. Hay por aqu algunas ciudades en las que se han derrumbado algunos edificios por la gran cantidad de tneles que haba excavados bajo el suelo. Y algunas 
personas se han cado en pozos  de minas abandonadas.
   -Qu horrible -exclam Ivy con un temblor.
   -No te separes de m y yo cuidar de ti, pequea.
   A Ivy le palpit el corazn al escuchar su voz protectora y tierna. Deba tener cuidado para no abandonarse, para no mostrar lo que senta. Aunque no sera nada 
fcil. Con slo estar sentada a su lado, no poda dejar de temblar.
   -Tambin hay algunas serpientes, as que fjate dnde pones el pie.
   Al cabo de unos cuantos kilmetros, Ryder se apart de la carretera y tom un camino hasta una verja, cerrada. Abri un gran portn con un candado, y despus 
de conducir el coche al otro lado, lo cerr. Luego continuaron en el jeep hasta el valle donde estaba la mina. Haba un pueblo abandonado de casas de adobe.
   El viento no dejaba de soplar. Bajaron del coche; Ivy caminaba sin separarse de Ryder, sintindose insignificante en la vastedad de aquellos parajes. Aspir profundamente 
y cerr los ojos. Casi poda escuchar voces.
   -Soando despierta? -le dijo l bromeando.
   Ivy se encogi de hombros.
   -Slo estaba escuchando a los fantasmas. Apostara a que pueden contar algunas historias.
   -No lo dudo.
   -Toda esa gente que trabaj y vivi aqu... -dijo ella avanzando entre las ruinas-... y que ahora est muerta. No te parece que no tiene sentido, Ryder. Para 
qu todo aquello?
   -Buscaban sus sueos -respondi mirando el perfecto perfil de Ivy-. Sabe Dios que algunos sueos valen cualquier esfuerzo.
   Ivy murmur algo y luego se estir perezosamente.
   -Tengo hambre.
   -Eres de los mos -brome Ryder-. Voy por la cesta.
   Al cabo de unos minutos estaban comiendo pollo fro con ensalada y bebiendo refrescos.
   -Es el Paraso -suspir sonrindole.
   Estaban sentados en unos escalones de piedra. El sol brillaba con intensidad y el viento continuaba soplando suavemente.
   -Estoy segura de que aqu mismo tuvieron que venir de picnic muchos de los habitantes de esta ciudad. Esto deba de estar lleno de nios y madres furiosas con 
ellos porque se llenaban de polvo.
   Ryder se ri. Estaba encantado. Haca mucho tiempo que no se senta tan feliz, tan en paz con el mundo y consigo mismo. Ver a Ivy lo haca sentirse lleno de vida. 
Era muy hermosa, cada parte de su cuerpo era bella, hasta su corazn. Nunca haba querido a nadie como la quera a ella.
   -Haca mucho tiempo que no te vea tan relajada.
   -Haca mucho tempo que no me veas -le record con una sonrisa llena de humor-. Creo que alejarme de casa me ha ayudado mucho. Y t tambin me ests ayudando 
mucho.
   -No tienes por qu agradecerme nada -dijo l con sequedad mirando a la lejana-. Yo necesitaba una secretaria y t un trabajo. Slo ha sido cuestin de negocios.
   Ivy sinti que su corazn desfalleca. Haba esperado algo ms que eso, aunque no permiti que l se diera cuenta de su decepcin Qu poda esperar cuando el 
pasado haba acabado con cualquier esperanza de futuro para ellos? Adems, su complejo de culpa aun se interpona en un camino.
   Cruz las manos sobre el regazo.
   -A pesar de todo has sido muy amable. Mam deca que me estaba echando a perder y tal vez tuviera razn. Despus de... la muerte de Ben perd el inters por todo.
   Ryder se quit el sombrero y se pas una mano por el pelo un gesto de impaciencia.
   -Supongo que es natural -dijo con calma-. Pero l est muerto y t no. Ya has perdido mucho tiempo tratando de vivir en el pasado.
   Aquello era ms cierto de lo que l supona. Pero no a causa de Ben, sino porque deseaba con desesperacin volver a aquella noche en la que Ryder la haba besado 
por primera vez. Deseaba tener una segunda oportunidad. Y era imposible.
   -Eso crees? -pregunt.
   Recogi los desperdicios y los meti en una bolsa de basura. Ryder agarr la nevera porttil y la llev al coche, mientras Ivy se sentaba en los escalones para 
contemplar aquel paisaje deshabitado.
   -Tenemos que entrar ahora? -le pregunt a Ryder cuando volvi-. Se est tan bien aqu.
   -Podemos quedarnos -respondi sentndose en el escaln superior al suyo.
   De repente se desliz hacia su escaln de manera que el cuerpo de Ivy qued entre sus piernas, y le rode la cintura con las manos.
   -Tranquila -le dijo al notar que se pona rgida-. Nos quedaremos aqu y escucharemos cmo sopla el viento, de acuerdo?
   Ivy trag saliva. Senta el calor de su cuerpo tras ella y tena miedo de revelar su vulnerabilidad. Pero era demasiado placentero  como para protestar.
   -De acuerdo -acept suavemente y trat de tranquilizarse.
   Cerr los ojos v y apoy la cabeza sobre e" su pecho. Pensaba que poda permitirse saborear unos pocos instantes en el cielo, y luego volvera al trabajo sin 
quejarse.
   Ryder la estrech entre sus brazos, de manera que su pecho y su estmago quedaron pegados a la espalda de Ivy.
   -Ests bien? -le susurr al odo.
   Ella tuvo la sensacin de que eran las dos nicas personas en el mundo.
   -S -murmur.
   El le acarici el pelo con la mejilla y se sinti en paz por primera  vez desde haca muchos aos. Ivy ola a rosas, record las noches de dolor en que suspiraba 
por tenerla entre sus brazos. Pensaba que era asombroso que le permitiera estrecharla contra su cuerpo. Tal vez sintiera necesidad de tocarlo, como l a ella, pero 
por desgracia el pasado permaneca.
   Ivy mir las manos que la estrechaban y compar la palidez de sus propios dedos con los de aquellas enormes manos.
   -Tienes unas manos muy grandes -murmur acaricindolas.
   -Las tuyas son muy elegantes -replic con voz profunda- Nunca has estudiado msica, verdad?
   -No. Quise, pero en casa nunca tuvieron dinero. Pap muri cuando yo era muy joven.
   -No llegu a conocerlo. Nos mudamos a Albany cuando t estabas en el colegio, pero ya slo eran t y tu madre.
   -Tu familia se port muy bien con nosotras -le dijo-. Yo quera mucho a tu madre.
   -Todos la queran -reflexion l en voz muy baja-. Era una dama, una verdadera dama.
   Ivy abri los ojos y mir las sombras cambiantes, rojas, anaranjadas, amarillas.
   -A tu padre siempre me cuesta ms recordarlo, no s por qu -Siempre estaba fuera de casa. Le gustaba ganar dinero; a su manera, amaba a mi madre. Pero le hizo 
dao. Nunca fue muy afectuoso. Incluso ahora es una suerte si nos llama por Navidad.
   -Te sientes solo, Ryder? -le pregunt apoyando la mano sobre las suyas.
   -S. T no? No lo est todo el mundo? -le respondi mirando sus negros cabellos y sintiendo la sangre correr a toda velocidad gracias al contacto con su cuerpo.
   -Supongo que s.
   Recorri uno de sus dedos con su ndice, sin darse cuenta de la sensualidad de aquel gesto hasta  que oy que l contena la respiracin y apretaba las manos.
   -Ten cuidado, preciosa -le murmur Ryder al odo-. Podra interpretar mal ese gesto.
   A Ivy le dio un vuelco al corazn. El tono de su voz haba sido inconfundible. Sinti debilidad en las rodillas y se alegr de estar sentada.
   -Puedo preguntarte algo? -le dijo con suavidad.
   -Qu?
   -Por qu no te has casado?
   Ryder apret las manos sobre el estmago de Ivy antes de relajarlas y dejarlas apoyadas sobre sus muslos con un gesto lleno de familiaridad.
   -El matrimonio es un asunto muy serio -le contest-. Y yo no creo en el divorcio.
   -Debes haber... pensado en ello -dijo, y su voz desfalleci.
   No poda pedirle que apartara las manos de su pierna, pero aquel tacto era como fuego. Nunca haba sentido su cuerpo tan vivo.
   -En qu? -le susurr al odo antes de morderle el lbulo de la oreja.
   -En el matrimonio -consigui decirle ella.
   -Una vez, quiz -dijo y puso las manos sobre su estmago, justo debajo de sus pechos-. Ests temblando.
   -Bueno... y qu esperas... si me tocas... de esa manera -dijo ella con la respiracin entrecortada.
   -De qu manera? -pregunt murmurndole al odo.
   Y le puso las manos sobre los senos, de manera que sus pezones se endurecieron instantneamente.
   -Ryder!
   -Estoy seguro de que no te sorprende tanto -le dijo con un tono burln-. Despus de todo eres una viuda, no una virgen.
   Ivy tembl al sentir que Ryder apretaba an ms su piel, atrayndola contra s.
   -Fui yo... aquella noche -dijo temblando de placer-. Me rechazaste!
   -S.
   "Aqulla noche". Poda or el ruego de su voz, probar su piel de seda; su cuerpo hizo un movimiento involuntario. Luego profiri una maldicin y se puso de pie 
antes que ella pudiera darse cuenta. Se dio la vuelta y encendi un cigarrillo. Subi otros dos escalones para apartarse de ella y evitar la tentacin de poseerla. 
Tena que recuperar el control. Era demasiado pronto, pero en cuanto la tocaba perda el mando, as que debera mantener las distancias.
   Ivy lo mir desconcertada. Estaba temblando, apenas poda creer que la hubiera tocado de aquella forma. Cruz los brazos para proteger sus pechos.
   -Ser mejor que volvamos -sugiri Ryder secamente.
   Se dio la vuelta y comenz a bajar los escalones en direccin al jeep. Le abri la puerta, pero ni siquiera la mir.
   Ivy se senta demasiado insegura como para pronunciar una palabra, as que permanecieron en un tenso silencio hasta que llegaron al hotel. No poda creer que 
todo se hubiera estropeado tan pronto, pero no se atreva a preguntar qu haba hecho o dicho para que l se portara de un modo tan fro. Al llegar al hotel fue 
corts y educado, pero ella se dio cuenta de que quera mantener las distancias.
   No poda equivocarse, lo que haba ocurrido no se deba a otra causa que a la proximidad y a que l llevaba mucho tiempo sin estar con una mujer no deba soar. 
No poda abandonarse a su necesidad de tener a Ryder, as que deba agradecerle que no hubiera permitido que las cosas fueran ms lejos. Al fin y al cabo no estaba 
enamorado de ella, se trataba tan slo del mismo deseo que lo arrebat cuando ella slo tena dieciocho aos.
   Al da siguiente volvieron a Georgia. Ryder la llev a casa.
   -Puedes ir a la oficina maana? -le pregunt.
   -S. Estar all a las ocho y media en punto. Gracias por el viaje -aadi educadamente evitando mirarlo a los ojos-. La he pasado muy bien.
   -Hasta que yo estrope las cosas, querrs decir -dijo l con frialdad-. Bueno, aqu todo ser ms fcil. Habr mucha gente a nuestro alrededor y tendr que mantenerme 
a raya.
   Ivy lo mir con curiosidad.
   -Olvdalo -dijo con una mirada de desafo-. Hasta maana.
   -Est bien.
   Estaba claro que tena prisa por irse. Sali del coche y dej la maleta de Ivy en el porche. Intercambi un rpido saludo con Jean, volvi al coche y se march.
   -Se divirtieron? -le pregunt Jean despus de darle un abrazo.
   -Era un viaje de negocios, mam, no unas vacaciones. Pero s, la pasamos bien.
   Jean no hizo ms preguntas e Ivy no dijo nada ms.
   Ryder le puso una ayudante a Ivy al da siguiente y l mismo le ense las cuestiones ms importantes de su nuevo trabajo. Dio gracias al cielo porque, al menos, 
l pareca mostrarse un poco ms accesible que el da anterior.
   -Ya s que parece que son muchas cosas -observ Ryder cuando acab de informarla de cules eran sus deberes-. Pero tendrs una ayudante y te adaptars muy pronto.
   -Por supuesto que lo har.
   -Te queda bien el rosa -le dijo Ryder alabando la blusa de ese color que llevaba con un traje de chaqueta de aspecto muy profesional-. Pero muy bien.
   Ivy se ruboriz, esboz una sonrisa y lo mir. Le sacaba casi un palmo y era fuerte y deliciosamente masculino. Luego se fij en su boca y dese besarle. Aquel 
inesperado deseo le aceler el pulso.
   -Gracias -le dijo casi sin aliento.
   El no poda apartar los ojos de ella y ella se senta desnuda frente a su mirada. Al mismo tiempo ella haca que l se sintiera como un nio, y aquella vulnerabilidad 
lo pona furioso.
   -Me he equivocado en algo? -pregunt Ivy con desaliento.
   Se haba quedado mirndola tan fijamente que las chicas de las otras mesas comenzaron a murmurar.
   -Qu quieres decir? -le pregunt Ryder.
   -No dejas de mirarme.
   -Eh? -exclam, se encogi de hombros y apart la mirada-. Bueno, espero que no tengas ningn problema, porque tengo una reunin.
   -Podr arreglrmelas -musit comindoselo con los ojos antes de bajar la mirada-. Gracias por la ayuda.
   -Ha sido un placer -se despidi.
   Se dispuso a marcharse, pero al pasar a su lado la mir a los ojos. Llevaba un traje oscuro sin sombrero, nadie podra dudar que era un hombre de negocios. El 
traje le sentaba perfectamente y su hechura moldeaba las poderosas lneas de su cuerpo. Ivy casi grit al admirar su maravillosa y masculina perfeccin.
   -Te llevara a comer -dijo l con suavidad-, pero seramos motivo de habladuras.
   -S -asinti ella con una tmida sonrisa-. Gracias por decirme lo de todas formas.
   -Tendrs que venir el sbado.
   -Por qu?
   -A mi casa para seguir enseando a Kim Sun.
   -De acuerdo.
   -No te importa?
   Ella neg coro la cabeza.
   -Kim Sun es un alumno muy aplicado, y me gusta.
   -T tambin le gustas a l. Hasta luego -dijo y se march.
   Ella lo mir mientras se alejaba. Deba ser el hombre ms asombroso del mundo, pero pareca estar solo, tanto en la oficina como entre la multitud. No saba dnde 
estaba su pensamiento. Se preguntaba si alguna vez estara lo bastante cerca de l como para conocerlo bien.
   Una de las secretarias la llam para que atendiera unas cuestiones sobre el proyecto de Arizona, con lo que apart de su mente por unos minutos sus preocupaciones 
sobre Ryder.
   Despus de todo estaba all para trabajar, no para soar con el jefe.
   
   
  CAPITULO 5
   
   
   ERA una suerte que a Ivy le gustara viajar, porque a la semana siguiente Ryder tuvo que ir a Jacksonville. Y se la llev con l. Reservaron una suite en un lujoso 
hotel sobre el ro St. John's.
   Comieron en un restaurante que haba en la misma calle del hotel, un lugar fabuloso que daba la impresin de estar tallado en el tronco de un gigantesco rbol. 
El servicio era maravilloso y prob el mejor marisco de su vida. Despus volvieron caminando al hotel siguiendo la orilla del ro. Guardaban silencio, y Ryder pareca 
pensativo, tal como haba estado desde que llegaron a la ciudad. Los dos vestan ropa informal, l pantalones oscuros y un jersey amarillo de tejido muy ligero, 
y ella un vestido blanco de organd con un pauelo alrededor del cuello. Ivy se preguntaba con cuntas mujeres habra estado en aquel mismo lugar, porque pareca 
conocer el camino de memoria.
   Una pareja con tres chiquillos se aproximaba hacia ellos; de repente uno de los nios sali corriendo en direccin al ro. La madre grit, pero Ryder fue ms 
rpido que el grueso padre del nio, corri hacia l y lo tom en brazos. El nio no paraba de rer cuando Ryder lo entreg a sus horrorizados padres.
   -Es muy rpido -les dijo Ryder.
   -Ms de lo que usted pueda imaginar -repuso la madre sonriendo aliviada-. Muchas gracias!
   -Supongo que tendr que perder unos cuantos kilos -coment el padre demostrando la misma gratitud que haba expresado su mujer.
   El nio, rubio y de ojos azules, trataba de volver al suelo.
   -Peces -le deca a su padre-. Mam me ha dicho que el ro tiene peces y quiero verlos.
   -Los peces casi te muerden en la nariz, tigre -le dijo Ryder con una sonrisa.
   El padre del nio salud a Ivy, que haba llegado junto a ellos; Ryder se dio cuenta de que el hombre se fijaba con detalle en su preciosa figura. Cuando el hombre 
not que Ryder lo estaba observando apart la vista inmediatamente.
   -Estn usted y su mujer de vacaciones? -le pregunt con una sonrisa nerviosa.
   -Unas vacaciones de trabajo -replic Ryder secamente y rode los hombros de Ivy con un brazo-. Y ser mejor que regresemos. Buenas noches.
   -Buenas noches.
   Ryder se qued mirndolos marchar sorprendido y molesto por los celos que aquel hombre haba despertado en l. Pero no poda permitir que Ivy se diera cuenta 
porque habra sentido algo de temor.
   -Un nio simptico -coment-. Un autntico carcter.
   -Te gustan los nios, verdad? -pregunt Ivy sonrindole mientras seguan caminando.
   No le dijo nada del brazo que le rodeaba los hombros y l no hizo intencin de apartarlo. Trat de adaptarse a su paso, y aunque al principio andaban torpemente 
y a destiempo, poco a poco lo consigui.
   -S, me gustan los nios -afirm l al cabo de un rato mirndola-. No sabes mucho acerca de m, verdad?
   -Bueno, s que te gusta comer, que ganas mucho dinero, que siempre ests ocupado y que tienes un gran corazn -contest con una sonrisa-. Pero, supongo que no 
s mucho acerca de ti -"excepto que te quiero", podra haber aadido.
   Ryder se detuvo y se volvi hacia ella. Apoy las manos sobre sus hombros mientras las luces de Jacksonville iluminaban la noche y el ruido del trfico pareca 
detenerse por un momento.
   -No sigas huyendo -le dijo inesperadamente.
   Ella no poda verle los ojos, pero la hubiera tranquilizado porque su voz sonaba muy extraa.
   -No... No te entiendo -murmur.
   -S que me entiendes -replic l respirando agitadamente-. Ivy, s que te hice dao, pero ahora has crecido y tal vez entiendas que un hombre puede comportarse 
de un modo irracional cuando se siente dolido y frustrado.
   Notaba sus clidas manos sobre los hombros y se senta ligera como la noche. Lo mir en la oscuridad, deseando dar el paso que aproximara su cuerpo al suyo. 
Quera que la abrazar para dar rienda suelta a todas las emociones que despertaba en ella. Ben nunca le haba hecho sentir ni la confusin ni el placer que senta 
junto a' Ryder.
   -Eso fue hace mucho tiempo -le dijo despus de elegir las palabras-. Ryder, an es... muy pronto...
   -Otra vez Ben, no es eso? -dijo apretando las manos-. Por Dios, lo sacar de tu cabeza.
   Se inclin y la bes. No pudo evitarlo. Al sentir el cuerpo suave y clido bajo sus brazos no pudo contenerse. Gimi con desesperacin mientras la besaba, y el 
ruido de los latidos de sus corazones apag el del trfico.
   Ivy se sent arder mientras l la besaba y deseaba dejarse llevar por el torrente de sensaciones que se despertaban en ella. Pero no pudo y trat de apartarse 
de l. El ardor de Ryder la atemorizaba porque era violento, violento como...
   -Como Ben!
   Ryder se apart inmediatamente cuando oy a Ivy pronunciar el nombre del otro. En su rostro se dibujo una mueca implacable.
   -Maldito Ben!
   Luego se dio la vuelta metindose las manos en los bolsillos. Estaba ardiendo de deseo y todo lo que ella haba hecho era acordarse de aquel hombre.
   Ivy se dio cuenta demasiado tarde de lo que haba hecho. No haba querido pronunciar el nombre de su marido, pero el comportamiento violento de Ryder le haba 
devuelto unos recuerdos dolorosos.
   Se acerc, pero l no quiso mirarla a la cara. Extendi el brazo y puso la mano sobre su espalda con ternura. Ryder dio un respingo al sentir aquel contacto.
   -S lo que ests pensando -comenz a decirle-. Pero ests equivocado. No lo dije porque...
   El sonido de un camin ahog su voz, y Ryder sigui caminando.
   -Ryder -le dijo de nuevo cuando estaban en el vestbulo.
   El le tendi la llave de la suite.
   -Sube t -le dijo-. Yo tengo algo que hacer.
   Antes que pudiera decir nada l se fue en direccin al restaurante.
   Ivy dej caer los brazos con rabia y subi a la habitacin.
   Tal vez el destino quera mantenerlos apartados, pensaba Ivy. Se dej caer sobre la cama desfallecida. Deseaba con todas sus fuerzas abandonarse a sus sentimientos 
por Ryder, deseaba abrazarlo y amarlo. Pero no comprenda su furia, la rudeza con que la haba tratado. Ryder no poda comprender que cuando se portaba as le recordaba 
a su marido y ella no poda decrselo. Sin embargo, mientras hubiera secretos entre ellos, no habra ninguna esperanza para el amor.
   Aquella noche volvi a tener una vieja pesadilla. Ben la sujetaba de los brazos y la sacuda, acusndola de engaarlo con Ryder. Estaba borracho y se rea mientras 
la desnudaba, forzndola despus hasta hacerle dao. Ola a alcohol y comenz a gritar.
   -Ivy, despierta!
   Ivy sinti que unas manos la estaban sujetando. Mir hacia arriba con los ojos llenos de lgrimas. Estaba cubierta de sudor y no dejaba de temblar.
   -Ests bien? Gritabas como una loca -le pregunt Ryder, que estaba junto a ella con la chaqueta del pijama desabrochada, lo que le permita ver su pecho cubierto 
de vello.
   Su sola presencia all, sobre la cama, bastaba para que se le secara la boca. Le pareca increble que su cuerpo medio desnudo pudiera afectarla tanto, cuando 
nunca le haba gustado ver a Ben de  aquella manera. Pero Ryder era diferente. Slo con mirarlo senta un temblor en todo su cuerpo.
   Con un gesto nervioso trat de arreglarse el camisn.
   -Tuve una pesadilla.
   -Sobre Ben, supongo.
   -S.
   -Me asombra que te importe tanto despus de todo lo que te hizo.
   Ivy se qued mirando su torso desnudo.
   -Era mi marido -apunt con voz ronca-, y le deba fidelidad, sino algo ms.
   -Incluso despus de su muerte? -pregunt l sin poder evitarlo.
   Ivy cerr los ojos. Cmo poda decirle que su obsesin por l la haba conducido al matrimonio con Ben. No haba forma posible de que pudiera confesrselo.
   -Levntate -dijo l inesperadamente pasndole una mano por el pelo-. Te traer algo de beber.
   Saba que tena algo de brandy en su habitacin, y a ella no le gustaba el alcohol. Ya la haba hecho sufrir bastante.
   -Ya sabes que no bebo.
   Ryder la mir a los ojos.
   -Bueno, yo lo hago cuando la ocasin lo exige. Y no me vas a decir que no necesitas algo que te ayude a dormir. Vamos.
   Se levant aunque no quera hacerlo. No tena bata y se qued de pie junto a la cama tan slo con el camisn blanco de algodn que marcaba sus senos, antes de 
caerle hasta los tobillos. Con el pelo sobre los hombros pareca un ngel cado.
   -Tratar de no mirar-le dijo l con calma.
   Se dio la vuelta y ella lo sigui al lujoso saln de la suite. Ryder sirvi el brandy en dos vasos y se acomodaron en el sof. Ivy se sent con las piernas cruzadas 
debajo del camisn.
   -todava me tienes miedo? -pregunt l-. No soy ms peligroso de lo que pueda serlo cualquier otro hombre. Pero en mi caso, adems, me hara falta una invitacin 
que no dejara lugar a dudas. Eso te deja ms tranquila?
   Ivy se qued mirando el vaso de brandy. Probablemente sera una bebida exquisita, pero no lo saba. Todo lo que Ben haba tenido en casa era whisky barato.
   -Tengo miedo de la mayora de los hombres -afirm al cabo de un minuto.
   La pesadilla la haba dejado exhausta y se senta demasiado agotada como para fingir.
   -Trata de vivir entre amenazas y violencia durante tres aos y ya vers cmo te afecta.
   -S que te peg al menos una vez -asegur Ryder apretando la mandbula-. Slo un ciego no habra visto las seales. Te dije que por eso me mantuve alejado. Jean 
juraba que t estabas locamente enamorada y s muy bien la poca consideracin en que se tienen algunas mujeres cuando se trata del hombre al que aman.
   Ivy no saba qu hacer. Ryder tena una idea completamente equivocada de su lealtad hacia Ben, pero no haba forma de sacarlo de su error sin contar cosas que 
no se atreva a decirle. Bebi un trago de brandy y el silencio pareci espesarse. Ryder encendi un cigarrillo y comenz a fumar. Pareca agotado y probablemente 
lo estaba porque viva a un ritmo endiablado.
   Ivy suspir. El sabor del brandy no le disgustaba, pero no estaba acostumbrada al alcohol y comenzaba a sentir sus efectos. Senta un placentero mareo y comenzaba 
a tranquilizarse.
   -Qu habra ocurrido si no te hubieras marchado, Ryder? -le pregunt mirndolo.
   Se puso tenso. Termin su copa y apag el cigarrillo.
   -Si te parece que ya puedes dormir, yo me despido -dijo levantndose.
   Ella tambin se levant, tambalendose ligeramente. El pareca mucho ms alto cuando ella estaba descalza. Se detuvo frente a l y lo mir, fijndose en su masculina 
presencia.
   -Ben era todo blanco cuando no llevaba ropa -dijo con dificultad.
   -Es que yo paso mucho tiempo en el campo -dijo l, y apret la mandbula.
   -Y l tambin.
   -Ben era de piel plida, yo soy moreno. Ivy...
   Ella toc su pecho, dudando un poco. Tena los dedos fros pero a l le quemaban como velas encendidas. Se tens y le tom la mano para apartarla de su pecho, 
pero no pudo. El olor del cuerpo de Ivy le penetraba por la nariz con mucha intensidad.
   -No -le dijo con calma-. As no.
   Ella respir profundamente.
   -Como en los viejos tiempos -habl con voz ronca-. Me, acusas de querer apartarme de ti, cuando eres t el que me echa de su lado.
   Ivy se daba cuenta de que estaba bebida, pero senta el dolor del rechazo y los ojos se le llenaron de lgrimas.
   -Por qu? -susurr.
   -Porque no es el momento ni el lugar apropiado -repuso l con enfado.
   Apret su mano contra el pecho.
   -Sinteme - le espet con aspereza mientras la acariciaba el pelo con la otra mano-. Siente lo que me has hecho -se refera al furioso latido de su corazn-. 
Nunca he conocido a otra mujer que me hiciera sentir lo que t.
   -Es todo lo que sientes? Slo deseo? -le pregunt con tristeza.
   Ryder estaba a punto de perder el control. Tena que apartarse de ella cuando an estaba a tiempo.
   -Ya sabes lo que pienso respecto a los compromisos, verdad? -le grit.
   -No los quieres -afirm ella-. Nunca los querrs.
   Agach la vista y dej caer el brazo del pecho de Ryder.
   -Lo siento. Me siento un poco rara.
   -Ests bebida -corrigi l-. Y es hora de que te acuestes.
   -Me parece que me voy a caer-murmur ella con una risita.
   -No importa.
   Ivy dio un profundo suspiro y sinti que el mundo se desvaneca en torno a ella.
   Ryder la sostuvo antes que cayera y la llev a la habitacin. La meti entre las sbanas, recordndose a cada segundo que deba contenerse. Pareca un ngel dormido, 
con el pelo revuelto sobre la cara y los ojos cerrados mostrando sus largas pestaas. Era la mujer ms bella que jams haba conocido y la amaba desesperadamente. 
Pero an estaba obsesionada con su marido y l no poda competir con un fantasma. Profiri una maldicin y sali de la habitacin.
   A la maana siguiente, Ryder se qued dormido por primera vez en muchos aos. Cuando entr en la habitacin, Ivy estaba desayunando.
   -Oh! -exclam ella-, estaba a punto de llamarte.
   Pero se alegraba de no haberlo hecho. Recordaba con cierto embarazo la noche pasada. Con un gesto inconsciente se estir la blusa que caa sobre sus pantalones 
negros.
   -Vamos a comer algo -propuso l-. Luego nos iremos a ver St. Augustine.
   -Al Castillo de San Marcos? -le pregunt con entusiasmo.
   -S, y si quieres tambin al museo de Ripley de Objetos Increbles.
   Ivy le sirvi una taza de t y se la pas por encima de la mesa, con los ojos fijos en la camiseta azul de cuello abierto que l vesta. El color iba muy bien 
con sus ojos y el cuello permita una visin muy seductora de su pecho. Record haberlo acariciado y sinti de nuevo la misma sensacin confusa. Aprendera alguna 
vez a no arrojarse en sus brazos?
   -Siento lo de anoche.
   -Ya lo supongo -replic l con una voz cortante y profunda-.
   Te duele la cabeza?
   -Un poco. Tomar dos aspirinas.
   -El aire del mar te ayudar; come algo, anda.
   Ivy comi la tostada, pero nada ms.
   -No quera decir que senta haber bebido --comenz a decirle.
   -Si lo que quieres es pedirme disculpas por algo ms, olvdalo  -le dijo sin mirarla-. Termina el caf y vmonos.
   Fueron bordeando la costa por la carretera nmero uno hasta St. Augustine, la ciudad ms antigua de todo Estados Unidos. El magnfico fuerte dej a Ivy sin aliento. 
Estaba situado en un brazo de tierra que dominaba la baha de Matanzas, en el ocano Atlntico. Construido en piedra, sus muros eran grises, modelados por el tiempo. 
Estaba rodeado por un foso y los turistas tenan que cruzarlo a travs de un puente de madera.
   Su historia se remontaba a un pasado muy lejano. Haba sido levantado en 1565 y haba pertenecido a Espaa, a Francia, a Inglaterra y, finalmente, a Estados Unidos 
desde 1672.
   Una curiosidad interesante era que la tribu de los apaches chlricauas fue aprisionada en el fuerte despus de la derrota de Jernimo, a finales del siglo pasado. 
Ivy se preguntaba cmo se habran sentido aquellos habitantes del desierto confinados entre aquellos muros en los que el nico espacio abierto era un pequeo patio 
que ahora estaba plantado de csped. Imagin a los espaoles, y a los primeros norteamericanos. La historia se respiraba en aquel lugar, y si los fantasmas existen, 
era seguro que all haba muchos.
   Temblaba ligeramente por la atmsfera de aquel sitio y por la fra brisa que soplaba desde el mar. No haba llevado abrigo, pero Ryder se quit su chaqueta y 
se la puso sobre los hombros.
   -No crea que pudiera hacer este fro --coment Ryder.
   -Yo estoy bien, pero t te vas a enfriar sin la chaqueta --dijo Ivy.
   El la agarr de los hombros y le sonri. Estaban rodeados por un grupo de turistas de la tercera edad que seguan a un gua.
   Ivy estaba aterrorizada por la influencia que Ryder tena sobre ella. No pudo resistirlo e hizo un movimiento para apartarse de tal forma que las manos de l 
quedaron sobre sus pechos. Esper que apartara el brazo, pero no lo hizo.
   Ella lo mir a los ojos y se dio cuenta de que l llevaba observndola algn tiempo. Se quedaron quietos contemplndose, mientras el viento soplaba ahogando la 
voz del gua, que comenzaba a alejarse. Luego Ryder mir hacia abajo y movi las manos. Le acarici los pezones con un movimiento suave que le haca temblar las 
piernas.
   Luego la mir mientras respiraba profundamente y su pecho se agitaba.
   -No deberas hacer eso -le dijo Ivy.
   -Entonces no me dejes -replic desafiante.
   Ivy poda escuchar los latidos de su propio corazn. Sinti un escalofro y se adelant un poco para apoyar la cabeza sobre el ancho pecho de Ryder.
   -Ryder -murmur.
   Ryder sinti un gran placer, aunque no olvidaba que ella era muy vulnerable y que por lo tanto no deba aprovecharse. Dios saba que haba tratado de guardar 
las distancias, sobre todo porque Ivy an pensaba en Ben, pero ahora no poda hacer otra cosa. Sentirla cerca era como una droga y l no poda detenerse.
   -Qudate quieta.
   Le desabroch la blusa lentamente. Ella saba que debera haber protestado pero no poda, era demasiado placentero. Sinti la yema de sus dedos acariciar su piel 
y dio un respingo.
   El inclin la cabeza y la mir, echando una ojeada al grupo que se alejaba. Saba que no deba haber empezado. La sangre pareca a punto de estallarle en las 
venas, se daba cuenta de que aquello no les ayudara, pero Ivy lo seduca por completo y ya haca demasiado tiempo que la deseaba. Fijndose en su piel rosada, apart 
la ropa para ver los pezones erguidos.
   -Ryder-susurr ella.
   -Precioso. No he podido dormir esta noche imaginndote desnuda, tus pechos desnudos dentro de mi boca...
   Ivy lanz un gemido.
   -Te gusta, verdad? -susurr con voz ronca-. A m tambin. Pero si te beso ah perder la cabeza, y creo que t tambin, y no hemos venido aqu para convertimos 
en una atraccin para los turistas.
   Ivy respiraba con dificultad, con la boca entreabierta. Se apret contra l con fuerza.
   -Oh, Dios, qu momento para desearnos -dijo l mordindole la oreja.
   Vio cmo el grupo de turistas comenzaba a alejarse por la escalera y dio gracias al cielo, porque su cuerpo arda como el propio infierno.        
   La apart lo justo para colocar las manos entre sus cuerpos. Comenz a acariciar sus pechos mientras la besaba en la frente, casi sin aliento: ella permaneca 
sumisa en sus brazos, disfrutando de la ternura de sus manos.
   Ryder se daba cuenta de que estaba temblando, pero vea que no se resista, sino que se ofreca a sus caricias. Estaba embriagada por el olor de su cuerpo.
   -Mrame -le pidi-. Quiero ver tus ojos mientras te estoy mirando.
   Ella le obedeci y lo mir a los ojos. Contuvo la respiracin al sentir que sus manos abarcaban sus pechos y los pulgares acariciaban sus ardientes pezones.
   -Alguien puede vernos -protest con la respiracin entrecortada.
   -No. Acaban de irse.
   Y al decirlo, el ltimo de los turistas desapareci escalera abajo.
   -AL fin solo -dijo y la bes.
   Aquella vez Ivy no sinti ninguna violencia. Y su boca responda al ruego de aquella boca, que le peda un contacto ms profundo. Su corazn le perteneca, y 
lo nico que quera era estar lo ms cerca de l durante el mayor tiempo posible.
   Lo abraz y se apret contra su cuerpo. Ryder la asi por las caderas y la atrajo hacia s sin dejar de besarla. Ivy se dio cuenta de su evidente excitacin al 
sentir la poderosa presin sobre su vientre.
   Ryder no dejaba de asombrarse de que ella no se resistiera y levant la cabeza para mirarla. Ella haba comenzado a moverse rtmicamente apretndose contra l.
   -Lo sientes?
   -S -replic ella, ruborizndose un poco ante su mirada maliciosa y ardiente.
   -Agradece a las estrellas que no estemos en la habitacin. A esto es a lo que me has estado invitando toda la semana cada vez que me mirabas.
   Aquello no era lo que ella quera escuchar. Palideci ante aquella insinuacin, que significaba que ella lo haba estado provocando.
   -T empezaste -le dijo.
   -No, fuiste t -replic l y volvi a mirar hacia sus senos-. No llevas sostn. Es para que me sea ms fcil besrtelos?
   Ivy se ruboriz y cerr la blusa" abrochndosela rpidamente con manos temblorosas. Ryder siempre encontraba un medio de avergonzarla cuando las cosas se escapaban 
de su control, aunque tal vez ni siquiera l supiera por qu.
   Se apart de ella, encendi un cigarrillo y se qued mirando hacia la baha. An senta ansiedad. Se preguntaba por qu ella continuaba haciendo lo mismo. Y entonces 
tuvo una horrible sospecha.
   -Has perdido el inters por el sexo? -le pregunt bruscamente, mirndola con ojos amenazadores.
   
   
  CAPITULO 6
   
   
   IVY se qued sorprendida por la pregunta y tard unos segundos en darse cuenta de lo que Ryder quera decir. Que si haba perdido el inters por el sexo. Lo cierto 
era que para ella no haba sido ms que algo odioso, nada ms que una humillante amenaza.
   Lo mir en tanto se abrochaba nerviosamente la chaqueta. No saba por qu le haca aquella pregunta despus de la dulce intimidad que haban compartido.
   -T qu crees? -pregunt despus d un largo silencio.
   Luego se dio la vuelta y se asom a los muros que daban a la baha de Matanzas.
   Ryder se acerc a su lado con el cigarrillo encendido en la mano, pero no la mir.
   -Me... pones nervioso -dijo por fin.
   -Ya me he dado cuenta --contest pasando los dedos por la piedra desgastada y hmeda-. Por qu acabas perdiendo la cabeza cada vez que me focas?
   Ryder dej escapar una gran bocanada de humo sin dejar de mirar el horizonte.
   -Porque te deseo.
   -S, ya lo s -seal ella con suavidad-. Pero eso no acaba de explicarlo.
   Ryder la mir de reojo.
   -Hace mucho tiempo, pero seguro que recuerdas que casi perd completamente el control contigo aquella noche.
   -S, me acuerdo -contest cerrando los ojos-. Y todo lo que haces es apartarme de ti.
   Ryder se dio la vuelta manteniendo la vista baja y la mandbula apretada.
   -Tengo que hacerlo -replic con una voz extraa-. Dios mo, si nos damos un beso que dure ms de cinco segundos vamos a acabar siendo amantes. Y no finjas que 
no piensas como yo.
   Ella no poda negarlo. Traz unas lneas sobre la piedra y trat de respirar con normalidad.
   -Los dos sabemos -dijo l-, que no ests preparada para una relacin fsica con un hombre. No, cuando an tienes pesadillas en las que sientes que traicionas 
a Ben.
   Ivy quera escuchar otras palabras de l, aunque poda entender que l pensara de aquella forma. "Ahora o nunca", pens. Tendra que confiar en la suerte y contarle 
la verdad acerca de su matrimonio. Quiz si l entenda por qu se senta as, tendran oportunidad de empezar de nuevo.
   -No tengo pesadillas en las que traiciono a Ben -dijo con voz ronca.
   -Entonces? -pregunt l conteniendo la respiracin.
   -Me haca dao, fsicamente -respondi Ivy nerviosa y bajando la vista.
   Era la primera vez que se haba confiado a l, incluso aunque le estuviera diciendo algo que ya saba. Pero era una forma de comenzar.
   Sin embargo, Ryder tena secretos que Ivy no conoca. Secretos que tenan que ver con la vida y la muerte de Ben. Tena un gran sentimiento de culpabilidad que 
apareca cada vez que la tocaba, porque el sentido de culpa era una de las razones que lo volvan loco cuando lo haca. La otra razn era el amor desesperado que 
senta por ella. Deseaba compartir con ella el ms profundo amor sabiendo que sera la experiencia ms trascendental de su vida. Pero necesitaba que ella lo amara. 
Slo si lo amaba, le hara el amor. Eso era lo que lo atormentaba, lo que lo detena cada vez que la tocaba.
   Y ahora ella confesaba que su matrimonio no haba sido perfecto... Cuando haba pasado muchos aos obsesionado por la idea de que poda haberlo amado a l en 
lugar de a Ben, pero que la haba rechazado, pensando que era demasiado joven para casarse. Casi no poda soportar pensar en aquello.
   -Supongo que no sabas que ya beba cuando te casaste con l -dijo eligiendo las palabras con cuidado.
   -Me daba pena -le respondi-. Era un hombre amable y bueno y dej de beber. Pienso que podra haberlo ayudado -prosigui con amargura-. No tena ni idea de lo 
que estaba haciendo. Crea que todo mejorara, pero las cosas cada vez fueron peor.
   -Lo siento -dijo Ryder apesadumbrado.
   -Yo tambin. Una vez casados, no pude escapar, estaba atrapada, tanto por mi conciencia como por su necesidad. Pero yo estaba cada vez ms fra... y todava lo 
estoy, en muchos sentidos -dijo y suspir profundamente-. De todas formas no puedo acostarme contigo, Ryder, el deseo no basta.
   Lo mir pero su rostro era inexpresivo.
   -Tal vez te sorprenda orlo, pero tampoco a m me basta. Por eso trato de guardar las distancias.
   -Oh! -exclam Ivy.
   No saba por qu se sorprenda tanto. Despus de todo l nunca haba mencionado el amor. Al menos era sincero, y un caballero que no iba a seducirla por una necesidad 
puramente fsica. As que se qued ms tranquila.
   Una sonrisa cruz por el rostro de Ryder al ver la expresin de Ivy...
   -Pensabas que quera poner otra muesca en la cabecera de mi cama?
   Aquel humor se ajustaba ms al Ryder que conoca.
   -No es lo que quieres? -le pregunt con una sonrisa.
   El neg con la cabeza.
   -Te dije desde el principio que haca mucho tiempo de eso y no bromeaba. He perdido la curiosidad por el sexo opuesto. Aunque. -murmur inclinndose hacia ella-, 
eso no tiene que ver contigo. Supongo que me encantara verte sin ropa.
   Ella enrojeci de rubor y apart la cara.
   -Pues no s qu tengo de especial!
   -Nada que deba preocuparte, pequea -le explic l con calma-. La soledad se apodera del ser humano de vez en cuando, no te preocupes. T eres tan humana como 
yo -aadi ponindole un brazo sobre los hombros con una actitud paternal-. Dejaremos las cosas como estn, de acuerdo? Somos amigos desde hace mucho tiempo, as 
que no vamos a perder eso ahora.
   -No podra soportarlo -le confes, saboreando la proximidad que haban recuperado-. El gua dijo que haba un museo de armas abajo, quieres verlo? -le pregunt 
con un entusiasmo contagioso.
   -Muy bien, y luego te invito a comer mariscos.
   -Estupendo!
   Comenzaron a bajar por la escalera a toda prisa y ella perdi pie. Podra haber tenido una mala cada porque la escalera era muy empinada, pero con un rpido 
movimiento, Ryder la asi por la chaqueta.
   -Dios mo! Qu es lo que pretendas? -exclam con enfado.
   Cuando Ivy recuper el equilibrio y lo mir se dio cuenta de que estaba plido.
   -Gracias -dijo con suavidad.
   -No te preocupes pero fjate dnde pones el pie. Estamos muy alto.
   -Est bien.
   Ivy senta la mano de Ryder en el codo y no pudo evitar una sonrisa. Que se preocupara por ella le produca una sensacin clida en todo el cuerpo.
   La alegra de aquellos momentos permaneci a lo largo de todo el da. Vieron el museo y se fueron a comer. Luego entraron en una tienda de juguetes llena de ositos 
de peluche y Ryder le regal uno. Era de color miel con una cara muy simptica y una nariz muy larga.
   -Gracias -dijo ella riendo mientras abrazaba el osito-. Quera uno desde que era pequea.
   Ryder se senta protector al verla con aquel mueco entre las manos. Recordaba cun pobres haban sido los McKenzie, pero Ivy, como su madre, siempre haba sido 
alegre y brillante a pesar de todo. Era una de las cosas que l admiraba de ellas.
   -Gracias, Ryder, Cuidar muy bien de l.
   -Ha sido un placer.
   La mirada de Ivy era suficiente como gratitud. Le asombraba que le gustara tanto aquel mueco. Tuvo que insistir un buen rato para que lo pusiera en el asiento 
de atrs en el camino de vuelta a Jacksonville.
   Ryder tena una cena de negocios, as que Ivy pidi una ensalada y se qued en la suite viendo la televisin. Al cabo de una hora fue a la habitacin se puso 
el camisn y se acost en la cama apretando el osito de peluche entre los brazos.
   Record la forma en que Ryder la haba besado en el castillo, y la pasin con que ella haba respondido a su ardor. Tal vez, despus de todo, no fuera frgida. 
Aquello le daba esperanzas. Cerr los ojos y se dej invadir por los recuerdos. Recordaba la forma en que la haba mirado y el calor que senta en su interior ante 
aquella mirada. Y la delicada caricia de sus manos. Se movi sobre la cama y el camisn qued sobre sus muslos. Estaba ardiendo. Las sensaciones que experimentaba 
eran nuevas y deliciosas y miraba la puerta abierta esperando que Ryder llegara. Pero tardaba mucho y los recuerdos de aquella tarde la dejaron exhausta.
   Se meti bajo las sbanas, puso el osito junto a ella y cerr los ojos. Finalmente, se qued dormida y no tuvo pesadillas.
   Cuando Ryder lleg estaba agotado. Se detuvo frente a la puerta abierta de la habitacin y sonri al verla abrazada al osito. Se acerc a la cama lijndose en 
la cara de Ivy. Su pelo rizado estaba desordenado sobre su cara y tena las mejillas sonrosadas. La manta le cubra los pechos y l tuvo que resistir la tentacin 
de apartarla.
   Cada da tena que luchar por seguir manteniendo las distancias y la quera ms que a su propia vida.
   Se inclin y bes sus mejillas. Ella se estir y dijo un nombre en susurros.
   El se irgui. El corazn le lata con fuerza. Sali de la habitacin y cerr la puerta detrs de l. Se senta aturdido. El nombre que ella haba pronunciado 
era el suyo.
   A la maana siguiente volvieron a casa, pero Ryder se detuvo en Savannah para comprar algunos dulces para Jean. Ivy nunca haba estado en Savannah, as que se 
bajaron y caminaron por sus calles adoquinadas flanqueadas de robles. Pero haba demasiada gente, y Ryder quera hablar con Ivy.
   -Qu te parece si vamos a la playa? -le pregunt de repente.
   -Es invierno -exclam ella.
   -S, pero hace bastante calor como para sentarnos en las dunas y mirar el mar.
   -Muy bien. Me encantar -acept ella riendo.
   -Entonces vamos.
   La tom de la mano y la llev hasta el coche. El osito de peluche los esperaba sentado en el asiento de atrs. Se dirigieron a las afueras, a la playa de Savannah. 
En aquella poca del ao estaba desierta. Caminaron por la arena viendo cmo rompan las olas.
   Se sentaron en una duna. Ivy jugaba con una concha que Ryder haba recogido del suelo.
   -Hblame de Ben, Ivy.
   Ella dud. An haba algunas cosas demasiado dolorosas. Aunque la verdad era que quera hablarle de ellas y aquella era una ocasin tan buena como cualquier otra.
   -Le fall -dijo simplemente-. Cuando no beba era un buen hombre, pero al final beba constantemente.
   -Entonces te pegaba -murmur Ryder.
   Ella asinti. El viento agitaba su pelo.
   -Luego siempre lo lamentaba. Nunca pude ser lo que l quera que fuera, aunque lo intent -confes fijando sus atormentados ojos en l-. Pero, Ryder, creo... 
que soy frgida.
   -Qu? -dijo con un murmullo-. Despus de lo que hicimos juntos en St. Augustine?
   Inmediatamente, Ivy se dio cuenta de lo que Ryder estaba diciendo y contuvo la respiracin.
   -S... he pensado mucho en eso. Nunca me sent as con Ben -declar.
   Ryder se qued helado y se volvi para mirarla.
   -Nunca? -exclam.
   Ivy se encogi de hombros con timidez.
   -Nunca. Al principio trat de fingir, pero...
   -En nombre de Dios, por qu te casaste con l si te sentas as?
   -No crea que fuera tan importante. El era amable y simptico y a m no me molestaba que me besara, aunque tampoco senta nada en especial. Y en la cama... Oh, 
dios mo -exclam tapndose la cara con las manos-. Dios mo, nunca en mi vida haba odiado tanto algo como odiaba... aquello.
   Por fin estaban llegando a alguna parte. Ryder dio una larga calada y eligi las palabras que dira a continuacin.
   -"Aquello" es una bella comunin entre dos personas que se quieren. Pero tiene que existir algo de qumica.
   -Me di cuenta de eso de la peor manera -replic ella-. Ben y yo ramos buenos amigos, yo crea que sera suficiente.
   -En la cama no -dijo l mirndola a los ojos.
   -No -se call unos instantes-. Despus de aquella noche contigo, yo tena miedo. No slo de ti -aadi al ver que Ryder frunca el ceo-, sino de lo que yo hice 
y sent. Yo pens que como Ben era tan amable y yo no me excitaba demasiado, todo podra ser maravilloso. No le tena miedo, te das cuenta? El era seguro... -su 
voz desfalleci.
   -Pero yo no -dijo l mirndola.
   Ivy lo mir y luego volvi a bajar la vista.
   -No, t no. T me convertiste en otra persona cuando me tocaste y no poda entenderlo --dijo y mir hacia las olas que rompan en la playa-. Mi noche de bodas 
acab con todas mis ilusiones. Y con las suyas. El crea que yo saba cmo hacerlo, no te parece increble?
   -No quiero que me lo cuentes -gru Ryder entre dientes.
   Ivy le mir con un gesto de sorpresa. Pero l no la miraba y estaba muy rgido. Por qu le importaba tanto?
   -No habra sido igual contigo, verdad, Ryder? -le pregunt con suavidad-. La manera en que me senta contigo... lo habra hecho ms fcil, verdad?
   -S -afirm l con una voz apagada-. Habramos recorrido cada paso del camino. Habra sido como en el castillo, Ivy, cuando echaste la cabeza hacia atrs y te 
ofreciste a mis labios. Pero mucho ms violento y ms dulce.
   -Nunca pens que habra violencia en la cama -observ Ivy con una ligera duda en su voz.
   -No me refiero a algo cruel. Hay mucha diferencia.
   Ivy guard silencio unos instantes.
   -Hasta que me cas, mi nica experiencia la tuve contigo, aquella noche.
   Al or aquello Ryder se qued muy quieto. Luego se levant y le dio la espalda, luchando por no perder el control.
   -Habra sido mejor para los dos si no te hubiera tocado -dijo l amargamente.
   Ivy no lo mir. Ella tambin haba pensado que si l no la hubiera besado, tal vez podra haber respondido a lo que Ben le peda. Pero no poda imaginar que Ben 
pudiera competir con Ryder, aunque estuviera vivo. Se haba enamorado de l mucho antes de conocer a Ben. Ryder haba sido su vida, y todava lo era.
   Ryder la mir durante un largo instante antes de volverse de nuevo hacia el mar. Apag el cigarrillo con la bota y encendi otro. Luego se alej caminando por 
la playa con una mano metida en el bolsillo mientras el viento le ensortijaba el pelo.
   Ivy lo mir mientras se alejaba hacia la playa. Era un hombre muy apuesto con un cuerpo impresionante, y tena una presencia que podra volver loca a cualquier 
mujer. Pero adems posea un espritu generoso que compensaba su fuerte carcter y la melancola que senta algunas veces. Era todo lo que un hombre debe ser. Se 
preguntaba qu dira l si le deca que lo quera tal como era.
   Se levant y lo sigui. En la playa haca calor pero ella senta fro en su interior.
   -Siempre te escapas -le reproch al alcanzarlo al borde de la playa.
   Ryder no respondi, ni la mir siquiera. Solt una bocanada de humo y se qued mirando el agua.
   -Sabes cunto tiempo de mi vida he pasado solo?
   Saba que viva solo desde que Eve se cas y su padre se traslad a vivir a Nueva York, pero en realidad no saba cunto tiempo haba estado solo, porque su vida 
anterior era un misterio para ella. La diferencia de edad haca que entr l y Eve hubiera un cierto distanciamiento, y adems Ryder era muy reticente a hablar de 
s mismo.
   -Supongo que has llevado una vida normal.
   -Crec en un internado y cuando volva a casa mi padre toleraba mi presencia, pero nada ms.
   -Tu madre te quera.
   -S -asinti Ryder-, pero yo necesitaba a mi padre y nunca le import gran cosa. Adems, por una cosa o por otra nunca poda pasar mucho tiempo con mi madre. 
Despus de cumplir doce aos no se me permiti volver a casa en las vacaciones. Me enviaron a una escuela militar y luego fui a la universidad y al ejrcito. Despus, 
naci Eve y se convirti en el nico inters de mi madre. Curiosamente, mi padre no ocultaba el afecto que le tena.
   Hablaba con amargura, pensaba Ivy al mirarlo.
   -Tal vez crea que no era necesario dar a una hija una educacin tan estricta.
   -S, ms tarde yo llegu a la misma conclusin. Me educaron para ser un triunfador y eso es lo que le debo a mi padre. Pero muchas veces habra cambiado todo 
porque me hubiera acompaado a un partido de bisbol y hubiera jugado conmigo en el jardn.
   -Al menos tienes padre -le dijo Ivy-. Yo no conoc al mo. Mam dice que era alguien especial.
   -Ella tambin es especial -dijo y se volvi a mirarla.
   Su cara resplandeca a la luz del sol.
   -Dios, qu guapa eres. Brillante como una moneda.
   -No -musit Ivy-, yo no...
   -T s. Y no slo tu cuerpo es bello -le asegur acaricindole la mejilla-. Eres como una mueca de porcelana con un corazn muy grande. Voy a darte algo.
   El corazn de Ivy lata con fuerza... Ryder pareca triste y sensual, una combinacin peligrosa.
   -Algo? -le pregunt acercndose deliberadamente.
   Deseaba besarlo y lo demostraba en los ojos, en todo su rostro.
   -S -dijo l. Tena la respiracin agitada-. Qu quieres?
   Ella ech la cabeza hacia atrs.
   -Tu boca -susurr.
   -Ests segura? -le pregunt Ryder con calma-. A mi edad un beso en un asunto muy serio.
   Ivy le puso una mano sobre el pecho y sinti el vello a travs de la ropa.
   -S, estoy segura -afirm con un brillo en los ojos.
   -Entonces ven aqu -dijo l con suavidad, y tir el cigarrillo.
   La atrajo hacia s y la abraz, y ella se dej atraer por sus brazos estrechndose contra su pecho y ofrecindole la boca.
   Ryder casi tembl ante aquella inesperada reaccin. Le tom la cara con las manos, la mir durante unos largos instantes y comenz a darle suaves mordiscos en 
los labios.
   Aquellos besos encendan su deseo pero no lo satisfacan.
   Comenzaba a sentir un ardiente deseo que le recorra el estmago y el vientre con un temblor. Le apret sus fuertes brazos, consciente de que su postura lo invitaba 
a besarla, y en sus ojos mostraba el deseo y el deleite.
   Ryder disfrutaba de cada beso tanto como ella. Sonrea perezosamente mientras saboreaba los labios de Ivy, sin dejar de bromear. Pero cuando ella se apret contra 
l, sigui manteniendo la distancia haciendo la espera an ms placentera.
   Ivy captur su labio inferior entre los dientes y luego le mordi el superior. Disfrutaba del poderoso cuerpo de Ryder y lo apretaba contra s hasta que contra 
su vientre tuvo constancia de su excitacin. Pero no quera apartarse. Estaba casi sin aliento, con una sensacin que le recordaba la de la maana en el castillo.
   Ryder se daba cuenta de que Ivy se ofreca a l y se repeta: "Lentamente, lentamente, para no asustarla".
   Sus manos descendieron por su espalda mientras sus labios jugueteaban con los suyos. Le puso las manos en las caderas y apret. Not el aliento de ella sobre 
su rostro mientras su corazn lata con tal fuerza que pareca que fuera a saltarle del pecho.
   -Tus piernas... estn temblando -le dijo pronunciando las palabras sobre su boca.
   -S. Y voy a hacer que las tuyas tiemblen an ms -susurr ella.
   Ryder la levant del suelo y la movi sobre l apretndola contra su vientre. Ella senta un gran placer mezclado con angustia.
   -Estamos en una playa -le record.
   -Una playa desierta -susurr l-. Y slo nos estamos besando.
   -No -replic ella temblando-, no estamos slo besndonos.
   -Tampoco te parece bastante -murmur sin dejar de besarla-. Espera, pequea. Quiero tener algo ms...
   La ltima palabra qued ahogada por el ruido de una ola. Ella sinti que la lengua de Ryder buscaba la suya.
   Nunca haba sentido aquella sensacin, casi insoportablemente dulce. Senta un calor que se agolpaba sobre su vientre y que la obligaba a moverse contra sus muslos 
rtmicamente. Ryder la apret con fuerza entre sus brazos.
   Ivy no senta la menor vergenza y l lo saba. Su manera de reaccionar a la pasin aumentaba el ardor que senta.
   -No puedo seguir de pie -dijo Ivy cuando Ryder liber sus labios por un momento.
   -Si nos tumbamos, va a pasar algo que cambiar nuestra relacin completamente.
   -Pero no podemos... aqu -protest Ivy sin conviccin.
   -Eso es lo que t-crees -dijo l con humor y la bes para probarle la veracidad de sus palabras.
   -Hay gente. Alguien puede venir.
   -Ya lo s -musit besndole las pestaas, las mejillas, la nariz-. Hacerte el amor va a ser lo mismo que escalar el Everest con patines.
   -Lo siento -dijo abriendo los ojos y mirndolo-. No estaba bromeando. Si me deseas tanto, no te detendr -susurr ella con timidez.
   Ryder apret la mandbula.
   -Creo que lo saba, pero no te pedir el supremo sacrificio, ahora no.
   La solt con mucha suavidad. Le temblaban los brazos y tena el cuerpo dolorido.
   -Duele, verdad? -le pregunt con ternura, buscando sus ojos.
   -S -afirm apartndose de ella y aspirando profundamente tratando de aliviar el dolor que senta en la garganta.
   -Supongo que no deb hacer lo que hice -dijo ella, mientras l trataba de encender un cigarrillo a pesar del viento.
   -No? -pregunt y sonri.
   El dolor estaba pasando y ahora apenas poda creer que Ivy hubiera podido ofrecerse a l de aquella forma. Pero, a no ser que se hubiera vuelto loco, eso es lo 
que haba ocurrido.
   -Por qu no?
   -Bueno, ha sido un poco... descarado.
   Ryder se ri y en sus ojos se reflej su alegra.
   -Mientras no seas as de descarada con nadie ms, podremos arreglrnoslas -le dijo-. A m me ha gustado.
   -Y a m -confes ella ruborizndose.
   Ryder le gui un ojo.
   -En cualquier caso tienes mi permiso para repetirlo cuando quieras.
   Ben haba acabado con la espontaneidad de Ivy, pero pareca que estaba recuperndola poco a poco. Ryder tambin lo saba, lo nico que esperaba era sobrevivir 
a tan larga espera. Durante los ltimos aos haba estado suspirando por Ivy, as que no haba habido ninguna otra mujer. En aquellos momentos se daba cuenta de 
la dura batalla que supona no arrojar a Ivy a una relacin para la que an no estaba preparada.
   -Ser mejor que nos vayamos -propuso al cabo de un rato-. Jean puede preocuparse.
   -No, no creo -dijo ella.
   -Puedes ensearle tu osito. Le vas a poner un nombre?
   -Bartholomew --contest ella con una sonrisa.
   -Qu?
   -Bueno es que es un osito con mucha clase -dijo con seriedad-. No esperaras que le pusiera un nombre normal y corriente. Ryder sacudi la cabeza, pero no dijo 
nada ms. Slo sonri.
   
   
  CAPITULO 7
   
   
   RYDER encontr a Kim Sun en casa de Ivy, enseando a Jean a preparar un delicioso mousse de chocolate.
   -No quejarse -amenaz a su jefe-. T dijiste men aburrido, entonces yo aprender estofado de carne, hgado y cebollas, pollo frito y macarrones con queso. La 
seora McKenzie me ensea. Y yo enseo a la seora McKenzie a hacer Napolen, crepes Suzette y mousse de chocolate. Buen trato, eh.
   -Muy bueno -tuvo que admitir Ryder y mir a Ivy.
   Ella le sonri y, por primera vez, l se puso nervioso. Ryder tena la suficiente experiencia como para saber que la intimidad que haban vivido en los ltimos 
das entraaba algn peligro. A pesar de sus buenas intenciones, haba ido demasiado de prisa. Ella lo deseaba, pero l no quera correr el riesgo de asustarla. 
Aunque no hubiera deseado a su marido, lo haba querido, y l ansiaba obtener su corazn ms que su exquisito cuerpo. La deseaba demasiado y poda perder la cabeza, 
lo que slo contribuira a complicar las cosas. As que tendra que sujetar las riendas de sus ansias. Tendra que hacer las cosas de tal manera que ella no se echara 
atrs ni se sintiera herida en su orgullo, sin perder la cabeza a pesar de la frustracin que supona para su deseo.
   Ivy se fij en la expresin de Ryder, pero la interpret mal. Haba ido ella demasiado lejos? Lo haba atemorizado de alguna forma?
   -Ser mejor que me vaya a casa. Hasta maana, Ivy -dijo Ryder-. Si has terminado -dijo volvindose Kim Sun-, puedes llevarme a casa.
   -Terminado por ahora -asinti el hombrecillo-. Gracias seora McKenzie.
   -Gracias a ti -replic ella-. Tengo que ensearle a Ivy las nuevas recetas.
   -As podra ganar algunos kilos -intervino Ryder mirando a Ivy con cario.
   -Esta flaca te invita a cenar -le dijo Ivy.
   -Gracias, pero tengo trabajo que hacer -contest despus de pensarlo durante unos instantes.
   Aquel da no poda quedarse solo con Ivy ni un minuto ms. Aunque su cuerpo ya le recriminaba la decisin de irse.
   -Pero tienes que cenar-insisti Jean.
   -La prxima semana me llevo a tu hija a Pars -dijo, dejando tan asombrada a Jean como a Ivy-. Es un viaje de negocios, pero tendr tiempo de ir de compras y 
de ver la ciudad. La nica condicin es que, primero, tengo que terminar todo mi trabajo.
   -Es ese caso -terci Ivy suavemente-, por favor, Ryder, vete a casa.
   El se ri.
   -Mujer despiadada. Primero me invitas a comer y luego me mandas a hacer las maletas. Al menos, el cocinero se viene conmigo, Vamos, Kim Sun, a ver cmo te sale 
el "pollo frito".
   El hombrecillo lo mir.
   -Espera y vers.
   -Promesas, promesas -brome Ryder.
   Luego los dos se despidieron y se alejaron discutiendo.
   Al cabo de unos minutos las dos mujeres estaban sentadas a la mesa.
   -Pareces contenta -le dijo Jean a Ivy.
   -Lo estoy -contest ella jugando con el tenedor-. Supongo que sabes que estoy loca por l.
   -S.
   -Espero que no sea demasiado pronto.
   -Ivy, Ben est muerto -dijo Jean con calma-. Y yo no estoy tan ciega como t crees. S que no fue un matrimonio feliz. Finga porque t lo preferas as. Pero, 
no crees que ya es hora de que las dos cambiemos?
   -Supongo que s. No, no era feliz. Estaba huyendo de Ryder y Ben lo saba. Nunca deb haber tomado una salida tan fcil. Slo espero que no sea demasiado tarde 
para cambiar las cosas. Ryder se comporta de un modo... extrao.
   -Cmo?
   -No es capaz de decidir entre regaarme o besarme
   -Eso es prometedor -observ Jean.
   -No comprendo -dijo Ivy frunciendo el ceo.
   -No importa. Un da insistir, entonces no levantes barreras. En estos aos he aprendido que si dejas que las cosas ocurran por s mismas, sin intentar forzarlas, 
los cabos sueltos se atan muy pronto. Prueba.
   -Tengo eleccin? -murmur Ivy con un suspiro-. Ojal pudiera volverme atrs. Ben poda haber sido feliz con otra mujer. Y seguira vivo.
   Jean tom las manos de Ivy entre las suyas.
   -Cario, no puedes rehacer el pasado, tienes que seguir adelante. Ben no tena por qu casarse contigo, puedes meterte eso en la cabeza? Si t no lo hacas feliz 
pudo haber pedido el divorcio. Pero no lo hizo.
   -Saba lo que senta por Ryder -confes Ivy con tristeza.
   -Si lo saba, tena an menos razn para continuar con un matrimonio que no conduca a, ninguna parte. No se puede amar por decreto.
   -Ben beba por mi culpa -susurr Ivy.
   -No -replic Jean con sequedad-. No puedes seguir atormentndote as. La compasin no puede ser la base de un matrimonio, y, si eres sincera, tienes que reconocer 
que te casaste por compasin.
   No lo queras, slo lo compadecas.
   Ivy ocult el rostro entre las manos de su madre. Haba odo la verdad. Ben la haba llenado de atenciones mientras Ryder pareca evitarla. Haba llorado en su 
hombro y ella lo haba escuchado, se haba compadecido de l. Su motivo haba sido que quera demostrarle a Ryder que poda ser amada, que queran casarse con ella 
aunque ella no quisiera. Pero su venganza se haba vuelto contra ella.
   -Mi pobre nia -dijo Jean con ternura tratando de consolar a su hija-. Tranquila. Enfrentarse a los problemas significa que tienes la mitad de la batalla ganada. 
Llora cuanto quieras y te sentirs mejor.
   Aquella noche llor mucho. Por primera vez acept que su matrimonio haba sido una mentira. Ben siempre haba tenido problemas, y ella, con su compasin, slo 
contribuy a aumentarlos. Pero l haba podido elegir tanto como ella. Nadie lo haba obligado a casarse.
   Admitir el fracaso de su matrimonio le permita concentrarse en Ryder por primera vez.
   A la maana siguiente fue a la oficina y encontr Ryder corts y educado, pero tan distante como cuando haban vuelto de Arizona. Cada vez que se acercaba a l, 
Ryder se alejaba. Le haba dicho que era porque la deseaba con demasiada intensidad, pero ella senta que haba mucho ms en su extraa actitud.
   Al cabo de una semana salieron hacia Pars. Ivy estaba confundida por la actitud paternal de Ryder, y slo la excitacin del viaje la mantena alegre. Ver Pars 
haba sido uno de los grandes sueos de su vida y en aquellos momentos apenas poda creer que se dirigiera a aquella ciudad. Todo era posible en Pars, tal vez la 
Ciudad Luz derritiera los corazones ms duros.
   Tenan reservacin en uno de los hoteles de los Campos Elseos. Poda salir a la terraza y ver toda la capital dominada por la Torre Eiffel. Junto a ella discurra 
la cinta plateada del Sena, y muy cerca las torres de Ntre Dame. Descubra todo lo que haba esperado, y mucho ms.
   -Una gran vista, verdad?
   Se dio la vuelta. Ryder estaba detrs de ella. Se haba quitado el abrigo y la corbata y llevaba el cuello de la camisa desabrochado. Pareca muy cansado.
   -La mejor que he visto en mi vida. Ryder, pareces muy cansado.
   -El avin. T no ests cansada? O es que ya empiezo a sentir la edad? Despus de todo soy diez aos mayor que t.
   -No hables as -le pidi-. Estamos en Pars.
   Hizo intencin de acercarse, pero l se lo impidi con un gesto.
   -No. Cuando ests repuesta emocionalmente, tal vez, pero ahora no.
   -Qu?
   -Queras a Ben. No quiero cargar con ningn resto de aquella emocin. As que tranquila, cario.
   Se dio la vuelta y abandon la habitacin sin volver a dejarla decir palabra.
   Por si no lo haba entendido, su comportamiento a partir de entonces fue muy explcito. Lo nico que le faltaba para mantener la distancia era esgrimir un cuchillo. 
Se comportaba con mucha cortesa pero era inequvocamente fro.
   Ivy no saba qu quera de ella. Se preguntaba si se conoca bien a s mismo. Si pudiera decirle lo que senta por l. Tena la sensacin de que si lo haca, 
terminara con todos los malentendidos, pero le faltaba el valor necesario para atreverse.
   Ryder, mientras tanto, tena sus propios problemas. El tambin tena que combatir un sentimiento de culpa. Ivy no saba que una orden suya haba provocado, en 
ltima instancia, la muerte del padre de Ben, como tampoco saba que aquella haba sido la razn de que Ben empezara a beber. Si Ivy se culpaba por la suerte que 
haba corrido Ben, era fcil imaginar que an lo culpara ms a l. Ella haba querido a Ben y l era el responsable de lo que le haba ocurrido. Indirectamente, 
haba sido su actitud la que haba causado la reaccin en cadena que haba conducido a Ben a la bebida, lo que haba causado su cruel comportamiento con Ivy. Odiaba 
ser consciente de todo eso y an odiaba ms que Ivy pudiera llegar a saberlo algn da.
   Mantenerse apartado de ella era un infierno. No poda dejar mirarla y menos en aquella ciudad para la que pareca haber nacido. Pareca una estrella llena de 
brillo, excepto cuando lo miraba. Se daba cuenta de que no comprenda su actitud y que se senta herida, pero no poda permitir que los dos se dejaran arrastrar 
por una relacin fsica antes que ella tuviera tiempo para olvidar a Ben.
   Sus propsitos, sin embargo, dieron un paso atrs al segundo da de estar en Pars. Para su desdicha, un atractivo hombre de negocios francs se fij en Ivy y 
le complic la vida.
   Despus de llevar dos das soportando el fro comportamiento de Ryder, fue un alivio para Ivy ser el objeto de las atenciones de un gentil y refinado francs.
   Se llamaba Armand LeClair, y hablaba el ingls con tanta fluidez como si fuera su lengua nativa.
   -Ivy -deca saboreando el sonido de aquella palabra-, es un nombre muy hermoso. Como usted, mademoiselle.
   -Es usted muy amable-replic sonriendo tmidamente.
   -Soy sincero -le dijo-. No tiene ninguna cita para comer, verdad?
   Ivy mir a Ryder de reojo y se dio cuenta de su fiera expresin. Se haba apartado de ella unos momentos para atender a un banquero y al volver haba visto su 
puesto ocupado por un joven, obviamente extranjero. Su desaprobacin no habra podido ser ms evidente aunque le hubiera apuntado con una pistola.
   -Tendr que preguntrselo a mi jefe -aclar Ivy evasivamente y baj la vista:
   No supo lo que le dijo, pero el joven se ruboriz y se march a toda prisa, murmurando algo que pareca una disculpa.
   -Qu le has dicho? Que eres boxeador? -le pregunt Ivy a Ryder mientras ste se sentaba en la silla que haba abandonado el francs.
   Pero l no respondi a su pregunta.
   -Ests aqu para trabajar, no para relacionarte con playboys.
   -Era un playboy?
   -S. Esa gente es muy peligrosa, sabe lo que hace.
   -Qu halagador que se fijara en m.
   -Al diablo con los halagos! -exclam mirndola con furia-. A no ser que quieras verlo cado de narices delante de ti no vuelvas a animarlo para que se acerque.
   -Ryder! -exclam ella arqueando las cejas con un gesto de sorpresa.
   -No lo entiendes, verdad'? Pues...
   Se oy en la sala una voz que proceda de los altavoces y Ryder tuvo que callarse.
   Ivy se daba cuenta de lo violento que se haba puesto, y probablemente esa violencia deba asustarla, pero no era as. Se senta encantada al comprender que no 
le gustaba que otros hombres se acercaran a ella. Poda tratarse de un ataque de celos... y eso significaba que senta por ella algo ms que deseo. Le daba la impresin 
de que tendra que seguir intentndolo un poco ms.
   Pero l no se lo pona fcil. Despus de la reunin la invit a comer, y en el restaurante le dict los puntos ms interesantes de la misma. Lo hizo muy de prisa 
casi pareca disfrutar de la dificultad que ella tena en seguirlo mientras tomaba nota.
   -Te ests volviendo un poco quisquilloso -le dijo.
   -Por supuesto que me estoy volviendo quisquilloso. Te traigo a Pars y te pones a coquetear a la primera oportunidad.
   -Yo no estaba coqueteando -le dijo con un brillo en los ojos-. Me invit a comer, eso es todo. Y era un chico muy simptico.
   -Era un zorro buscando su presa. Un hombre sabe cundo otro hombre est de caza, pequea. Por instinto.
   -No pensaba salir con l -protest Ivy.
   -No? Pues me da la impresin de que llegu justo a tiempo de evitarlo. A no ser que me est volviendo ciego.
   -Tal vez ya lo ests -replic ella con furia-. Primero ests fro como un tmpano y fuego caliente como... Un da eres mister Polo Norte y al da siguiente Romeo, 
y al da siguiente resulta que te portas como si fueras mi hermano mayor. Es como para volverse loca!
   -Ests chillando.
   Ivy respir profundamente y trat de eludir los ojos que estaban fijos en ella. Se ech el pelo hacia atrs y se arregl un poco el vestido azul con cuello blanco 
que llevaba, y con el que pareca mucho ms joven.
   Ryder la miraba con una mezcla de exasperacin y asombro. Cuando estaba enfadada, pareca mucho ms viva que la criatura tmida y frgil que recordaba de su adolescencia. 
Le encantaba aquel estallido de temperamento. Pero no iba a confesarlo ante ella.
   -No s lo que quieres de m -concluy ella.
   -Brindemos por eso -afirm Ryder alzando su vaso.
   Ella tambin prob el vino, aunque con mucha precaucin, porque no estaba acostumbrada. Aun as tema que el vino tena algo que ver con la demostracin de carcter 
que acababa de hacer.
   -Si slo voy a ser tu secretara, por qu no puedo salir con otro?
   -T eres la que me dijo que quera guardar luto por su marido -le espet con sequedad-. O slo lo dijiste porque soy demasiado mayor para ti?
   Ivy no poda creer lo que estaba oyendo.
   -Demasiado mayor?
   -La edad suficiente para tontear conmigo, pero demasiada para llegar a algo ms ntimo, se trata de eso? Tal vez ese jovenzuelo francs sea ms de tu estilo. 
Despus de todo te casaste con Ben, que apenas era un ao mayor que t y no tena nada que ver con un viejo adicto al trabajo como yo.
   Aunque lo que oa le resultaba increble, Ivy tena la impresin de que Ryder hablaba en serio
   -Ryder, nunca me ha pasado por la cabeza que seas "un viejo adicto al trabajo".
   -No?
   Ivy se fij en los dedos que estaba acariciando. En las manos fuertes y masculinas de Ryder.
   -Eres t quien tiene dudas. Creo que no soy lo bastante atractiva para ti.
   Ahora fue l quien tom la mano de Ivy.
   -Eso es mentira.
   -Tal vez, fsicamente s te gusto -le dijo sin mirarlo-. Pero nuestros mundos son muy diferentes. Yo nunca he sentido... -se detuvo, asombrada de lo que estaba 
a punto de admitir.
   -Nunca has sentido qu. Dmelo.
   Ivy dio un profundo suspiro.
   -Yo nunca he sentido que pueda ser lo bastante buena para alguien como t -declar con gran tristeza-. Era demasiado joven, demasiado sencilla y demasiado pobre 
para encajar en tu mundo.
   Ryder guard silencio largo rato y cuando ella lo mir sorprendi en su rostro una mirada profundamente misteriosa.
   -Nunca me lo habas dicho.
   -Debes darte cuenta de que eres rico -le dijo suavemente-. Ryder, yo apenas s qu cubiertos tengo que utilizar en este restaurante. Si no hubieras elegido por 
m, no podra haber ledo el men. Nunca beb vino y no s cmo comportarme en la alta sociedad. Me molesta y me da miedo.
   -Pequea, por qu no me lo habas dicho?
   Ivy sinti un escalofro al or el tono en que deca aquellas palabras y al ver su mirada.
   -No saba cmo.
   Ryder suspir y luego bes la mano de Ivy.
   -Lo siento. No me daba cuenta de la diferencia social. Siempre te he aceptado como parte de mi propio crculo. Mo y de Eve.
   Saba que era sincero. Ivy lo mir a los ojos y se sinti atrapada por la misma sensacin elctrica que senta cuando la abrazaba o le besaba la palma de la mano.
   -En parte por eso huiste de m, verdad?
   -S -asinti agachando la vista.
   -Ha habido muchos malentendidos. Demasiados. Algunas veces me pregunto si lograremos desenredarlos todos.
   -No lo lograremos... si continas huyendo -observ Ivy sin poder mirarlo a los ojos.
   -Cuando te olvides de Ben y mires hacia delante, me detendr. Depende -aadi con sequedad-, de lo que t quieras. No soy fcil.
   Al or aquellas palabras, Ivy alz la vista y lo mir, y al ver su cara, se ri alegremente.
   -Ests seguro? Eve deca que tenas que quitarte a las mujeres de encima con un palo.
   -Entonces era ms joven -respondi y solt la mano de Ivy-. Ms joven y mucho menos exigente.
   -Eso quiere decir que ahora s lo eres?
   -Oh, s -replic con una sonrisa burlona-. El matrimonio es algo muy serio. Hay que elegir bien a la mujer con la que vas a pasar el resto de tu vida.
   A Ivy le dio un vuelco el corazn. Tom su copa y pas el dedo por el borde.
   -El matrimonio debe ser para siempre, verdad? -le pregunt pensativamente.
   Se acordaba de Ben y se preguntaba cmo sera su vida en aquel momento si l siguiera vivo. Ese pensamiento le daba escalofros. Ryder frunci el ceo. Ben, siempre 
Ben. Bebi el vino que  quedaba en la copa.
   -Tengo una reunin esta tarde. Puedes pasar a mquina esas notas y mantenerte ocupada hasta que yo vuelva?
   Ivy lo mir, asombrada por su repentino cambio de humor. Haba sido la mencin del matrimonio lo que lo haba enfriado? Probablemente. No haba duda de que l 
lo desdeaba, as que, si alguna vez se acostaban juntos, todo lo que poda esperar era una relacin pasajera. Y en lo ms profundo de su corazn saba que no podra 
llevar aquel tipo de vida. Era demasiado tradicional. Aunque tambin saba que estaba demasiado enamorada de Ryder como para rechazarlo si l se lo propona. Era 
una situacin frustrante.
   -S, estar ocupada -replic.
   -No con ese maldito francs. Te juro por Dios, Ivy, que no estaba bromeando. Si lo veo a menos de un kilmetro de distancia de ti, lo cuelgo.
   -Por qu te importa que salga con alguien? -inquiri tratando  de contener las lgrimas-. T no me quieres.
   -Oh, diablos, s, claro que s -declar entre dientes.
   -Bueno, tal vez. Pero de esa forma no es bastante!
   Ryder mir a su alrededor.
   -No podemos hablar aqu.
   -No nos hace falta hablar en ninguna parte. T eres el jefe y yo tu secretaria. Vamos a dejarlo as. Dices que no estoy lista para nada ms, pero tal vez t tampoco 
-repuso levantndose y agarrando el bolso-. Si no te importa, vuelvo al hotel a continuar con el trabajo.
   -Adelante -replic Ryder.
   Por su lado pas una mujer que no dejaba de mirarlo. Slo para irritar a- Ivy le devolvi la sonrisa. La mujer se dirigi a la puerta del restaurante caminando 
muy lentamente.
   -Si llego tarde, no me esperes -le dijo a Ivy.
   -Yo no puedo pero t s. Es as como funciona?
   -Yo soy un hombre. Qu esperabas? Que rechazara una invitacin?
   -Te odio! -exclam Ivy entre dientes.
   Tena los ojos llenos de lgrimas.
   Ryder dio un resoplido.
   -Oh, Dios! Vete ya! Estoy aqu para trabajar, no para coquetear con francesas, aunque te juro que a veces me dan ganas de hacerlo. Vete a trabajar!
   Ivy anduvo unos pasos y luego se volvi hacia l. En su rostro se reflejaban con claridad todos sus temores y deseos.
   -Ryder, no irs con...
   -Te importara?
   -Oh, s. Me importara mucho.
   Ryder le puso un dedo sobre los labios.
   -No s si alegrarme o no -murmur-, pero al menos entiendes cmo me siento respecto al francs, verdad?
   Ivy quiso decir algo pero no pudo. No le quedaba ninguna defensa. Se dio la vuelta y abandon el restaurante, tratando de no ver a la francesa, que la sigui 
con la mirada y luego se dirigi hacia Ryder.
   Ryder la despidi con viento fresco, aunque de un modo muy educado. Pens que tena que encontrar algo en que ocupar el tiempo  aquella noche, porque si no acabara 
haciendo algo de lo que poda arrepentirse. Pero la respuesta no era otra mujer. Slo la deseaba a ella, ese era el problema. Maldijo entre dientes y se dirigi 
al lugar de la reunin con la esperanza de olvidarse de Ivy por unas horas y tener as algo de paz. Con un poco de suerte estara dormida cuando volviera al hotel.
   
   
  CAPITULO 8
   
   
   IVY cen en su habitacin una ensalada y bebi mucho caf. Pas la medianoche sin que Ryder hubiera llegado. Ella no poda dejar de atormentarse pensando que 
estaba con la francesa. Le haba dicho que no lo hara, pero, y si deseaba a una mujer tan desesperadamente que no pudiera contenerse? Casi los imaginaba juntos 
y no poda soportarlo.
   Se puso el camisn y se meti en la cama, pero no poda dormir. Pas mucho tiempo hasta que finalmente oy que se abra la puerta de la habitacin.
   El entr en la suite, pero no fue a comprobar si Ivy estaba dormida porque no quera correr riesgos. En todo el da no haba hecho otra cosa que pensar en ella. 
Fue hasta su propia habitacin, se desvisti y se meti bajo las sbanas mientras fumaba un cigarrillo y trataba de no pensar en ella. La recordaba en el castillo 
de St. Augustine y en la playa de Savannah, y cuanto ms lo pensaba ms se excitaba. Estaba muy alterado y no dejaba de moverse. Tena que intentar apartarla de 
su mente!
   Ivy, a pesar de tener la puerta cerrada, oy el ruido procedente de la otra habitacin. Ryder estaba cada vez peor y ella ya no saba cmo comportarse. Cuando 
lo haba dejado esa tarde haba tenido la impresin de que esperaba algo de ella, pero no saba qu. Todo lo que saba era que estaba sufriendo mucho, y quera ayudarlo.
   En el silencio de la noche, los sonidos de la otra habitacin eran perfectamente audibles. Ivy oy algo que pareca un gemido agonizante, y sin pensarlo dos veces 
se levant y encendi la luz.
   Se acerc a la puerta consciente del peligro que entraaba entrar en la habitacin de un hombre vestida con un camisn casi transparente. Pero se trataba de Ryder, 
no era ningn extrao, sino un amigo.
   Abri la puerta muy despacio. La lmpara de noche estaba encendida, l permaneca tendido medio cubierto por las sbanas y cubrindose los ojos con el brazo.
   Iba descalza y camin sobre la alfombra sin hacer ruido. Lleg hasta la cama y lo mir. Las sbanas slo le cubran la cintura, el resto del cuerpo, desde su 
pelo enredado hasta sus poderosas piernas, se ofreca desnudo ante sus ojos.
   No pudo evitar sentir el placer de verlo de aquella forma, disfrutando de su virilidad, de la perfeccin de su cuerpo.
   Ryder se movi con un nuevo quejido y apart el antebrazo de los ojos.-Vio a Ivy ante l.
   -Debo de estar borracho -dijo con tono ausente.
   -Te o, Ryder -murmur ella con suavidad-. Te encuentras bien?
   El apret la mandbula y la mir atnito. Luego se fij en su cuerpo, en los pechos erguidos y en la piel cremosa de su cuello, en los negros ojos que lo miraban 
con ternura y en el pelo, y la dese con una intensidad abrasadora.
   -Vete de aqu, Ivy. Rpido.
   Su voz era amenazadora, pero, por una vez, a ella no le import.
   -Porqu? No puedes decirme lo que te pasa?
   -De verdad quieres saberlo? -le pregunt con una mezcla de frustracin y de deseo-. Est bien, por qu no. Ya eres una mujer, esto es lo que me pasa, Ivy -dijo, 
y retir la sbana que le cubra la cintura.
   Ivy se qued boquiabierta. Estaba completamente excitado. No dejaba de temblar y tena los ojos hundidos.
   -Oh, Ryder.
   Ryder se sorprendi de que en aquellos ojos negros no hubiera el menor indicio de temor. Pero Ivy no poda concebir que alguien pudiera sentir temor o vergenza 
ante la hermosa visin de un hombre.
   -Oh, Dios! -exclam Ryder sentndose en la cama y dndose la vuelta-. Debo estar loco! Lo siento. Vete, pequea, por favor.
   Ivy se sinti conmovida por su evidente sufrimiento. Se sent a su lado y le acarici un brazo.
   -Acustate, Ryder -le dijo con un susurro entrecortado.
   No saba qu hacer exactamente, pero tena una ligera idea. No poda marcharse y dejarlo as, aunque l pudiera odiarla cuando recuperara la calma.
   -Qu?
   Ryder no poda creer lo que haba odo.
   Ivy lo empuj y lo oblig a tumbarse de espaldas. No lo mir a los ojos, se inclin sobre l y bes su velludo pecho mientras le acariciaba el estmago.
   -Ivy... por Dios Santo... no!
   Pero ella no se detuvo. Llev los dedos hasta su virilidad y lo toc, un poco intimidada por su poder. Lo bes en l estmago mientras continuaba acaricindolo.
   -No -gimi Ryder con un temblor.
   -Ensame -susurr sin mirarlo.
   En su vida haba tenido menos miedo del que tena en aquellos momentos.
   -Ivy!
   Su mano comenz a guiar la de ella. No poda dejar de gemir. Ivy lo senta temblar bajo su boca.
   Al final, Ryder tuvo una convulsin y grit en xtasis. En aquel momento Ivy se oblig a mirarlo. Era increble. Incluso en sus momentos ms ntimos, Ben nunca 
haba estado... as! Si no hubiera sabido lo que estaba pasando, podra haber pensado que se estaba muriendo. .
   Cuando los espasmos cesaron, lo dej y busc una toalla.
   Cuando volvi lo encontr tal como lo haba dejado y lo limpi con la toalla con mucha ternura. El corazn le palpitaba con intensidad al pensar en lo que acababan 
de compartir.
   Ryder abri unos ojos incrdulos. Todava estaba temblando.
   -Ests bien? -le susurr Ivy.
   -S -le respondi y tom su mano y la bes-. Gracias.
   -Siento haber sido tan torpe. Yo... yo, nunca...
   Ryder abri los ojos con enorme sorpresa.
   -Ni siquiera con l?
   Ivy neg tmidamente con la cabeza.
   -Ryder, puedo preguntarte algo... personal?
   -Qu quieres saber?
   -Qu te ha ocurrido, ahora...? Qu se siente?
   -Has estado casada, no lo sabes?
   Ivy lanz un profundo suspiro y neg con la cabeza.
   Ryder se sent en la cama y la mir a los ojos. Luego le hizo una pregunta muy directa.
   Ivy se ruboriz. Ni siquiera Ben le haba preguntado nunca algo tan ntimo.
   -No.
   -l lo saba?
   -S. Deca que era frgida -respondi con un gesto nervioso-. Era muy incmodo, y algunas veces me dola mucho.
   Ryder le tom la cara con las manos y lo oblig a mirarlo.
   -Nunca te hizo lo que t acabas de hacerme, para hacrtelo ms fcil?
   -Qu quieres decir?
   Ryder no poda creer lo que estaba oyendo. Toda aquella belleza, aquella inocencia, y nunca la haban enseado a disfrutar del sexo. En realidad era casi como 
si fuera virgen. Se fij en aquellos preciosos ojos negros, en el pelo sedoso y rizado que caa sobre los hombros desnudos, y sobre sus hermosos pechos.
   -Cunto tiempo tardaba?
   -Ryder!
   -Tengo que saberlo -recalc suavemente-. Confa en m.
   Ella apart los ojos.
   -No lo s. No mucho. Siempre tena prisa.
   -Menos de cinco minutos? -le pregunt Ryder, que tena la mandbula apretada.
   -Bueno... -respondi ella tragando saliva-. S.
   -Dios! --exclam Ryder con un suspiro.
   -Yo crea que lo quera, pero no lo deseaba -declar ella con una gran tristeza-. No saba lo que supondra vivir con l, sentirme como me senta.
   -Quiero darte lo que t me has dado, me dejars?
   Ivy se ruboriz.
   -No tienes por qu...
   -Me has preguntado qu se siente.
   La empuj con suavidad y la tendi en la cama. El pelo se esparca sobre la sbana formando un halo en torno a su cara.
   -Voy a ensearte lo que se siente.
   -Ryder... -murmur tratando de empujarlo.
   -No te preocupes, no voy a hacerte dao.
   Ivy respiraba con dificultad y contuvo el aliento cuando l se inclin sobre ella.
   -No utilizan... los hombres... algo?
   El sonri y la bes en la boca.
   -Ivy, no he estado con una mujer desde hace ms de dos aos, por qu deba llevar algo?
   -No has...?
   Ryder la bes de nuevo. Ivy ola a rosas, y l pens que nunca en su vida haba estado ms cerca del Paraso que aquella noche. An senta el placer que le haba 
dado tan inesperada y generosamente, y ahora deseaba ofrecrselo a ella. Quera que experimentara la indescriptible dulzura de pertenecer a alguien a quien le importas 
mucho, que te quiere ms que a su propia vida. No poda decirle aquellas palabras porque no querra escucharlas, al menos, no todava.
   -Reljate -susurr.
   La bes en la barbilla y en el cuerpo.
   -Tranquilzate, pequea, no voy a hacerte dao.
   Ivy contuvo la respiracin cuando l apart la tela del camisn y descubri la suave curva de su pecho. Ella le puso la mano en el pelo y en lugar de apartarlo 
lo acarici mientras la besaba. Se estremeca al sentir el delicado beso de sus labios y la caricia de la lengua sobre el pezn. Y algo empezaba a ocurrir en su 
cuerpo. Senta una calidez nueva y arrebatadora en el vientre.
   Ryder se dio cuenta de que haba comenzado a respirar con dificultad y comprendi que ya estaba bastante excitada, aunque no haba hecho ms que empezar. Abri 
la boca sobre el seno y aprision el pezn mientras apretaba el pecho con la mano.
   Ivy gimi y se estremeci de placer.
   Ryder notaba que l mismo volva a excitarse, pero trat de contenerse. Buscaba la satisfaccin de Ivy, no la suya.
   Con la mano que tena libre le subi el camisn por encima de los muslos y la coloc en el vientre. Ivy se puso rgida por un instante, le sujet la mano y dio 
un respingo.
   Ryder levant la cabeza.
   -S, es muy ntimo. Tanto como lo que t me has hecho.
   Era cierto. Adems, a pesar de que senta algo de vergenza, experimentaba una sensacin febril y placentera debido al movimiento de los dedos de Ryder. Ella 
apart la mano dejndola sobre la cama y lo mir mientras la caricia se haca cada vez ms ntima.
   Una oleada de placer la sorprendi de repente y dio un respingo. Ryder volvi a acariciarla sin dejar de mirarla, aument el ritmo de sus dedos hasta que ella 
no pudo resistirlo ms y comenz a retorcerse en la cama.
   Se arqueaba y deseaba hacer jirones la tela que separaba su piel del cuerpo de Ryder. Quera que la mirara. La sensualidad estaba acabando con su timidez y el 
deseo le quemaba el cuerpo.
   -Mrame.
   -S.
   -Qutame el camisn.
   Ryder contuvo la respiracin y se lo quit.
   -Dios!
   Volvi a poner la mano donde la tena. Se qued absorto ante la magnificencia de aquel cuerpo desnudo. Las piernas largas, las caderas exuberantes, la estrecha 
cintura y los hermosos pechos. Mir los pezones erguidos y se inclin para acariciarlos, disfrutando con los gemidos que Ivy no dejaba de proferir. Saba que le 
gustaba que le acariciara y besara los senos. Mordisque suavemente un pezn logrando que se estremeciera de placer.
   Ivy abra las piernas cada vez ms apretndose contra su mano.
   -Oh, Ryder.
   El levant la cabeza y la mir. En realidad aquella era su primera vez y no quera perderse un gemido, un gesto, una postura.
   -Cuando lo sientas -le susurr con sensualidad-, no cierres los ojos. Quiero mirarte.
   Aquellas palabras resonaron en los odos de Ivy mientras su placer no dejaba de aumentar. Apenas se daba cuenta de los gemidos que profera siguiendo las exquisitas 
sensaciones que se acumulaban en su cuerpo. Nunca haba imaginado que fuera posible un placer tan intenso que casi estaba cerca del dolor. No saba si podra soportarlo 
y se dio cuenta de que los ojos se le llenaban de lgrimas a medida que los espasmos aumentaban ms y ms, hasta que finalmente dieron paso a un temblor incontrolable. 
Sinti que olas de placer recorran su espina dorsal y se derrumb sobre la cama. Ryder la miraba comprensivamente por el placer inenarrable y salvaje que vea en 
sus ojos.
   Apart la mano del vientre de Ivy y la apoy suavemente sobre uno de sus pechos.
   -Esto es lo que se siente al hacer el amor?
   Ryder asinti.
   -S, pero ms peligroso.
   -Por qu?
   -Porque puedo dejarte embarazada.
   A Ivy le dio un vuelco el corazn, y lo mir con gran tristeza.
   -No, no puedes... Ryder, no puedo tener hijos.
   -Dios mo, Ivy!
   Ivy no comprenda por qu Ryder daba la impresin de necesitar consuelo. Pero involuntariamente se acord del chiquillo que haba salvado en Jacksonville y se 
dio cuenta de que le encantaban los nios. Le encantara tener hijos y acababa de saber que con ella no sera posible. Pero tal vez pudiera con otra mujer... Apart 
aquel pensamiento de su mente y le acarici la mejilla.
   -Lo siento -declar conteniendo las lgrimas-. Me gustara mucho tener hijos.
   Ryder la bes con ternura.
   -No importa. T sigues siendo la misma, eso no te hace menos mujer. Creo que te lo acabo de demostrar.
   Ivy se ruboriz. Ryder se apart un poco para fijarse en sus senos, y ella hizo ademn de cubrirse.
   -Vuelves a ser tmida? -le pregunt sonriendo.
   -Lo siento. Nunca permit a Ben que me viera as. Y sin embargo, yo he dejado que me miraras cuando...
   -Quieres que te diga cmo estabas? O es ms fcil para ti recordar mi cara cuando me hiciste sentir lo mismo?
   Ivy se puso completamente colorada, pero no apart la vista.
   -Nunca pens que podra hacerle eso a un hombre.
   -A propsito, por qu lo hiciste?
   -Porque estabas sufriendo -afirm acaricindole los labios-. Oh, Ryder, estabas sufriendo y tena que hacer algo.
   Ryder se estremeci. As que an haba alguna esperanza. Si ahora le importaba tanto era posible que algn da le importara ms todava.
   Le agarr la mano y bes sus dedos uno por uno.
   -En ese caso, te dir un secreto. Nunca haba dejado que ninguna mujer lo hiciera.
   Ivy sonri con un brillo en los ojos.
   -A m me has dejado.
   -No tena mucha eleccin. Dios mo, quin lo habra imaginado? Mi inocente y tmida Ivy tumbndome en la cama para acariciarme. Tu madre se quedara de piedra.
   -No se lo contars a mi madre, verdad?
   -Por Dios santo, nos matara a los dos -replic riendo-. Ven aqu. Quiero dormir contigo.
   Ivy no senta en aquellos momentos el apremio de la pasin y dud por un momento. Era difcil hacer aquello a sangre fra, incluso despus de la intimidad que 
acababan de compartir.
   -No s... -confes frunciendo el ceo.
   Ryder le acarici la frente con el ndice.
   -No me refiero a eso. Quiero que duermas entre mis brazos.
   -Oh.
   Lo estaba deseando, pero en aquellos momentos senta una timidez muy extraa, a pesar de que volva a notar que la sangre corra caliente por sus venas.
   -Ivy, esta noche estaba casi agonizando y t me calmaste, y espero haber hecho lo mismo por ti. Pero era una necesidad que no poda satisfacer nadie ms que t. 
Comprendes, cario? Me habra vuelto loco antes de permitir que otra mujer hiciera lo que t has hecho.
   Ivy lo mir y se dio cuenta de que quera decirle mucho ms.
   -Qu ojos tan grandes. Date la vuelta. Dormiras desnuda en brazos de otro hombre y le dejaras hacer lo que yo te he hecho?
   Ivy dio un respingo. Ni siquiera se haba dado cuenta de que estaba desnuda.
   -Ahora tu cuerpo me pertenece. Me lo has entregado. No hay ninguna razn para esconderte de m. Podra vivir el resto de mi vida mirndote tal como ests ahora.
   Sus ojos le decan a Ivy que estaba diciendo la verdad. La acarici y entonces Ivy contempl su cuerpo. Volva a estar excitado.
   -Mira lo que me haces -dijo Ryder riendo-. Apaga la luz, cario, y ven aqu.
   -No irs a...
   -Tu madre nos estrangulara a los dos por lo que ya hemos hecho, as que ser mejor que nos durmamos antes que se nos ocurra algo nuevo, de acuerdo?
   -De acuerdo -le respondi con una sonrisa.
   Por supuesto, haba al menos cincuenta buenas razones por las que Ivy deba haberse puesto el camisn y vuelto a su cama, pero se qued all, con la agradable 
sensacin de encontrarse entre los brazos de Ryder.
   -No entrar nadie, verdad?
   Ryder le bes los prpados.
   -No, nadie nos ver. Durmete, mi amor.
   No estaba segura de haber odo bien, pero tal vez fuera as.
   S, por supuesto que lo haba dicho, Ryder esper hasta que Ivy se qued dormida y se apoy en un codo para mirarla. Estaba seguro de que le importaba, tal vez 
ms de lo que ella admita. De momento slo era algo fsico, pero no tena duda de que llegara a .ser algo ms. Volvi a acostarse, embargado por la sensacin de 
tenerla a su lado, y se durmi en paz por primera vez en muchos aos.
   Cuando Ivy se despert a la maana siguiente, l estaba de pie junto a la cama, completamente vestido y mirndola. Ella estaba desnuda, tendida sobre el lecho 
en una postura francamente tentadora. Haba estado soando algo; aunque no recordaba qu y su cuerpo an estaba satisfecho con la sensacin de plenitud.
   Ryder tena que decir algo, tena que pensar cualquier cosa. Sus instintos masculinos lo empujaban a quitarse la ropa y hacerle el amor con una pasin salvaje. 
Estaba ardiendo y quera quemarse, consumirse en el fuego. Pero no poda perder el control. Era demasiado arriesgado.
   -Me voy a una conferencia. Volver a la una.
   -De acuerdo.
   Ivy se haba ruborizado ante la mirada de Ryder. La noche anterior le pareca algo irreal y embarazoso. Tom la sbana y se cubri.
   -Luego pasar las notas de la reunin de ayer a mquina. Anoche estaba demasiado cansada.
   Era mentira, en realidad se senta demasiado herida y triste despus de dejar a Ryder en el restaurante como para ponerse a trabajar.
   -Est bien.
   Se dio la vuelta y sali de la habitacin precipitadamente, sin siquiera mirarla. Ivy oy que la puerta que daba al pasillo se cerraba de un portazo.
   Estuvo todo el da preguntndose el porqu de aquel comportamiento. Tal vez se arrepenta del encuentro de la noche anterior. Tal vez no deba haber entrado en 
su habitacin, aunque lo que haba ocurrido despus, vala ms que todos los temores que poda sentir. Profiri-un silencioso quejido al recordar las sensaciones 
que haba sentido gracias a l. Y record que le haba permitido mirarla; que le haba pedido que la mirara!
   Se preguntaba si volvera a hablarle. Tal vez l tambin estaba turbado. Seguramente no sola decirle a las mujeres lo lejos que haba llegado en cuestin de 
sexo, ni dejara que lo viesen en aquel estado de necesidad.
   Pero la haba acariciado con habilidad. Si haba tenido otras mujeres, pensaba, seguro que saba cmo reducirla a ella a un mero asunto pasajero.
   Odiaba a esas mujeres. Odiaba a cualquier mujer que hubiera estado entre sus brazos, que hubiera compartido aquel cuerpo, su cuerpo...
   Ivy se excit de pies a cabeza al recordar el poderoso cuerpo de Ryder.
   El le haba dicho que al hacer el amor se senta lo mismo que ella haba sentido, pero no poda ser cierto. Saba que hacer el amor era doloroso. Era desagradable 
y todo suceda demasiado rpido:
   Por otro lado, Ryder se haba comportado con mucha ternura y ella haba sentido un gran placer. Se comportara igual si lo dejaba... Trag saliva. Se senta febril. 
Qu se sentira al estar bajo aquel cuerpo impresionante y sentir la suavidad de su boca y de sus manos? Cerr los ojos y dej volar la imaginacin.
   
   
  CAPITULO 9
   
   AQUEL fue para Ivy el peor da de su vida. Ryder fue el colmo de la cortesa durante el resto del da y no se refiri ni una sola vez a lo que haba ocurrido 
la noche anterior o a su inexplicable comportamiento al abandonar la suite. Estaba tan ausente como otras veces, slo que ahora era peor, porque ocultaba algo detrs 
de aquella calma.
   Ivy tampoco se explicaba por qu, si se arrepenta de lo que haba sucedido, no lo deca. Aunque, a su manera, tal vez fuera eso precisamente lo que estaba haciendo.
   Lo nico que saba era que la frustracin la estaba matando. Haca tan slo un mes no saba lo que era el deseo ni lo que supona satisfacerlo. Ahora lo saba 
muy bien, y deseaba a Ryder de todas las formas en que una mujer puede desear a un hombre. Soaba con l, lo echaba de menos, lo anhelaba, habra muerto por l. 
Pero l no pareca darse cuenta de nada, aunque ella temblara en su presencia y sus ojos fueran muy elocuentes.
   Le haba dicho que volveran a casa al da siguiente y no saba cmo iba a arreglrselas para sobrevivir. Pero tal vez fuera lo mejor. As se apartara de su 
vista y de su mente, porque nunca pasaba demasiado tiempo en la oficina. Pero pensar en el futuro no le ayudaba a soportar el presente.
   Aquella noche se despidi con un seco "Buenas noches" y se meti en su habitacin. Incluso el tacto de su camisn le causaba dolor. Lo arroj al suelo y se dej 
caer sobre la cama sin dejar de pensar en Ryder. Imagin que deba tener un aspecto horrible, pero qu importaba. El cuerpo le dola como si tuviera fiebre. Ni siquiera 
se levant para apagar la luz.
   Inesperadamente, se abri la puerta. Ryder entr. Al verla su gesto se endureci an ms. Tena el pelo mojado y slo llevaba una bata. Se haba dado una ducha. 
Dios saba que haba intentado no pensar en ella. Pero ya no poda soportarlo por ms tiempo. La haba odo moverse por la habitacin tal como ella lo haba odo 
la noche anterior.
   Cerr la puerta con violencia, arroj al suelo la bata y se aproxim hasta la cama.
   Ivy no se movi. El estaba excitado y lo mostraba sin vergenza. Lo mir de reojo y supo inmediatamente sus intenciones.
   Ryder se tendi en la cama e Ivy le dirigi una mirada llena de deseo.
   -Te deseo -le dijo-. Lo siento, pero no puedo evitarlo. Ryder, te deseo.
   -S, ya s cmo te sientes. Yo tambin te deseo.
   Se inclin y la bes. Ivy abri la boca y se llen con aquel xtasis.
   -Haremos lo de ayer y despus tal vez podamos dormir -indic Ryder.
   Pero cuando su mano descendi hasta su vientre, ella lo detuvo. Ryder la mir a los ojos.
   -No -susurr ella con voz temblorosa-. Te deseo. Quiero hacer el amor.
   -Ivy...
   Ella se dio cuenta de su objecin. Era un hombre anticuado que an tena algn pensamiento paternal de proteccin. Pero no quera pensar. No en aquel momento.
   Se desliz bajo su cuerpo y lo rode con un brazo de forma que sus senos se apretaron contra el pecho de Ryder.
   -Por favor... -le susurr en los labios.
   Y se apret contra l obligndolo a una intimidad que no haba compartido con ningn hombre desde su trgico matrimonio. Sinti su tacto con un estremecimiento 
y se apret contra l an ms, y, luego gui su poderosa fuerza con la mano.
   -Est bien -gru l-. Pero no as. Deja que te excite antes. Si vamos a hacer el amor, quiero dejarte completamente satisfecha.
   Ella lo mir con curiosidad, pero al cabo de un instante la bes y sinti sobre s el peso de su cuerpo. Luego l le acarici los muslos y el vientre muy lentamente.
   Era muy paciente, porque por lo que ella poda ver y sentir no podra resistir mucho ms en aquel estado. Pero la bes con lentitud, con calidez, probando cada 
rincn de su boca con la lengua. Y mientras tanto con una mano le acariciaba los pechos, evitando con cuidado los sensibles pezones.
   -Oh, por favor-rog ella.
   -Ya? Pero si no hemos hecho ms que empezar.
   -Me voy a morir-dijo ella con los ojos muy abiertos.
   El se apret contra ella y le hizo sentir en el vientre la urgencia de su propio deseo.
   -Eso es lo que dicen los franceses, que el clmax es una pequea muerte, lo sabas?
   -No -respondi ella con rubor.
   Ryder estir las piernas y atrap entre ellas las de Ivy. Luego se  incorpor de forma que poda tomar el pezn, para tormento de Ivy, entre los labios.
   -Te gusta, pequea? -pregunt dando pequeos mordisquitos-. A m tambin.
   -Oh, Ryder.
   Luego l descendi hasta su estmago, le separ las piernas con las manos y la bes en el vientre, volvindola loca de placer.
   Le dio la vuelta y tir de una pierna de forma que pudiera meter las suyas entre medias. Frot la nariz contra la suya y le bes los  prpados cerrados. La agarr 
por las caderas y la atrajo hacia s. Luego la mir despus de acariciarla en su parte ms ntima.
   -S -susurr-. Ests lista.
   Ella no lo comprendi. No dejaba de estremecerse conmovida por sus caricias y sus apasionados besos.
   -Lista?
   -Para aceptar mi cuerpo. Para ser parte de m.
   Contuvo la respiracin cuando comenz a penetrarla y por un instante sinti dolor.
   -Bien, bien -susurr l con ternura y sonri-. Lentamente, preciosa. Reljate, puedes tomarme. Reljate, eso es.
   Entonces empuj un poco ms.
   -S, s.
   No se movi, ni siquiera respiraba. Tan slo abri los ojos y la mir.
   -Dios mo, Ivy! -exclam con un temblor-. Oh, Dios! Soy parte de ti!
   Ivy se estremeci. Abri la boca con incredulidad y mir sus cuerpos. Sus mejillas se tieron de rubor al ver lo ntimamente que estaban unidos.
   -Me siento como si hubiera sido virgen hasta ahora.
   -No te imaginas lo verdaderas que son esas palabras. Y me haces sentir como si yo tambin lo hubiera sido hasta ahora, cario -declar y le acarici la cara-. 
Ivy, Ivy.
   Y al decir su nombre comenz a mover las caderas con un ritmo lento y suave que muy pronto despert sensaciones insospechadas en ella. Y ella se apret contra 
l para hacer esas sensaciones an ms intensas.
   -Eso es -afirm l-. Adptate a m. Ensame dnde lo sientes ms. S, Ivy, s.
   Ivy le puso las manos en las caderas y apret con fuerza deseando llenar todo su ser con aquel cuerpo. Ryder gimi de placer y ella apret ms fuerte, hasta que 
se estremeci y comenz a jadear.
   -Ivy, Ivy, no puedo ms...!
   Ivy saba que l estaba llegando al xtasis, pero no le import, porque ella estaba a punto de llegar al lmite. Sin querer, apret las uas en sus caderas y 
se movi con una furia ciega buscando su propia plenitud y dndose cuenta de que Ryder tambin haba perdido el control y estaba al borde de la locura.
   Cuando se hizo insoportable, grit. Quera ms y ms de l, tena que inundar hasta el ltimo rincn de su cuerpo... ahora!
   Sinti unas convulsiones de intenso placer y grit otra vez echando la cabeza hacia atrs. Ryder la agarraba por las caderas y se hunda dentro de su cuerpo.
   Luego murmur algo inaudible y a la vez ech hacia atrs la cabeza y profiri un largo gemido. Se dio cuenta de la primera convulsin que fue seguida por otra 
y otra ms que la invadieron con  una plenitud indescriptible.
   Luego Ivy not el sudor que empapaba el cuerpo de Ryder y se  dio cuenta de que ella misma estaba baada en sudor. Ryder le bes los pechos y ella se estremeci 
entre sus brazos. El corazn palpitaba con tal fuerza que los latidos casi eran audibles. Se toc el pelo hmedo para cerciorarse de que segua viva. Le dola el 
cuerpo  como si la hubieran golpeado, pero an conservaba el calor en todos sus miembros.
   Se movi. El segua dentro de ella.
   Ryder hizo intencin de levantarse, pero ella no se lo permiti y protest, as que se incorpor un poco y la mir. Sus ojos estaban llenos de asombro.
   -Tu cuerpo es inagotable, pero yo an tengo que descansar un poco antes de volver a hacer el amor.
   Ivy se estremeci. Iban a hacer el amor otra vez. Y ella se haba sentido as, haciendo el amor autnticamente por primera vez en su vida. Le acarici la cara 
pasando un dedo por sus cejas.
   -No era por eso.
   -Por qu entonces?
   Lo mir con timidez. -Porque me gusta sentirlo.
   Al or aquellas palabras Ryder se excit. -Dijiste que no podas -le record ella.
   -Ah, s?
   Comenz a moverse de nuevo, lenta y suavemente.
   -No s si va a ser tan bueno como antes. Casi me muero.
   -Te doli?
   El se ri.
   -Fue un xtasis.
   -Tambin para m -susurr ella mirndolo.
   Segua su ritmo, ayudndolo, sintiendo que los estremecimientos comenzaban de nuevo.
   -Oh, Ryder. Haz que lo sienta otra vez, por favor.
   Esta vez l no pudo esperar y no lo intent. La posey con una fuerza casi salvaje y ella reuni las ltimas fuerzas que le quedaban para adaptarse a sus movimientos 
hasta que los dos volvieron a experimentar el clmax.
   Haba amanecido. Lo ltimo que Ivy recordaba era que Ryder la abrazaba apasionado y los cubra con la sbana. Se dio la vuelta, pero la cama estaba vaca. Estir 
las piernas y se levant. Mir la sbana y se qued boquiabierta.
   -Te das cuenta de que ha sido la primera vez?
   Se dio la vuelta y mir a Ryder. No entenda nada.
   -No sabes lo que ha pasado? -le pregunt Ryder desde la puerta.
   Estaba completamente vestido y, aparentemente, a punto de salir.
   -Qu ha pasado?
   -No sabes por qu al principio te doli?
   Ivy volvi a mirarlo a los ojos y de repente comprendi. Se ruboriz de la cabeza a los pies.
   -Eso es. Casi eras del todo virgen. As que, en cierto sentido, he sido yo el primero en hacerte el amor.
   Ella le dio un beso en la boca y lo abraz.
   -Te gusta?
   -S. Yo quera que t fueras el primero. Oh, te dese durante tanto tiempo -le dijo abandonando todos sus temores-. Cuando tena quince aos sola mirarte y soar 
que una noche venas a mi habitacin y me hacas el amor.
   -Qu?
   Su expresin la hizo guardar silencio por un instante.
   -Yo crea que lo sabas. Ya te he dicho que nunca sent lo mismo por Ben. Era porque... slo poda sentirlo por ti, y l lo saba.
   -Ivy! Te das cuenta de lo que ests diciendo? No lo saba! No saba que me desearas desde haca tanto tiempo!
   -Pero yo estaba segura de que lo sabas. Despus de aquella noche me evitaste...
   -Y t a m. Saliste corriendo y te echaste en brazos de Ben.
   -Porque saba que no podra tenerte. No me queras porque me considerabas ms como una hermana pequea que como a una mujer. Lo entend por tu actitud. Siempre 
me evitabas, as que cuando Ben me pidi que saliramos, acept.
   -Dios mo! -exclam l.
   -Qu ocurre?
   Ryder no poda hablar. Ella lo haba deseado y nunca supo cmo se senta l. Pensaba que quera evitarla, que la rechazara, as que se cas con el maldito Ben. 
Y Ben saba que lo quera a l y por eso la haba tratado con crueldad. Le daba vueltas la cabeza.
   -Tengo que irme para comprobar la reservacin del avin y algunas otras cosas -le dijo secamente-. Hasta luego.
   Se march sin mirarla siquiera e Ivy se qued mirndolo mientras se le rompa el corazn, porque acababa de decirle lo que senta y l se haba marchado como 
si no le hubiera gustado lo que haba odo.
   Tal vez lo nico que l sinti era deseo, y ahora que estaba satisfecho no quera complicarse la vida con el amor. Se le llenaron los ojos de lgrimas. No saba 
qu poda hacer.
   Ryder no fue a comer al hotel. Comprob la reservacin del avin, se despidi de sus amigos y camin bajo la lluvia, tratando de comprender lo que haba sucedido. 
Por qu no se haba dado cuenta de los sentimientos de Ivy? Por qu no se haba percatado de que lo deseaba?
   Decidi que se trataba de eso. Ella, durante todos aquellos aos y tambin la noche anterior, slo lo haba deseado. Ben nunca la haba satisfecho y despus de 
la noche anterior saba lo que era sentirse como una mujer gracias a l. Pero no era amor. Y l quera su amor.
   Se sinti culpable al ver su rostro triste cuando regres al hotel. No saba qu decirle. Nunca deba haberla tocado, ahora querra una relacin puramente sexual 
y l no poda drsela. El quera mucho ms.
   Se quit el sombrero y lo dej sobre la mesa.
   -Ivy, tenemos que hablar.
   -No hace falta -replic ella.
   Haba decidido que el nico camino posible era fingir que no le importaba realmente hasta que l perdiera el inters.
   -No tienes por qu explicarme nada. T me deseabas y yo a ti. Los dos quedamos muy satisfechos y eso es todo. No te preocupes, note pondr ninguna dificultad.
   Ryder suspir. Cmo poda hablar en esos trminos cuando para l haba sido algo mucho ms importante?
   Bueno, si para ella haba significado tan poco, tena muy claro que no le dira lo mucho que haba significado para l. Los dos podan jugar al mismo juego.
   -Me alegro de que lo entiendas.
   -Soy, una mujer adulta, no una nia-le dijo sin mirarlo-. Desde ahora seguiremos trabajando juntos y seremos amigos, pero nada ms. Espero no escandalizarte.
   -Como si pudieras -murmur l-. Pero lo que es seguro es que no podemos seguir siendo amigos.
   -No lo s.
   El se ri amargamente y encendi un cigarrillo, lo que haca muy a menudo ltimamente.
   -No lo sabes? Pues deja que- te diga que cada vez que me mires durante el resto de tu vida, me vers desnudo; y a m me pasar lo mismo.
   Ivy se ruboriz.
   -Puede que sea buena idea que me busque otro trabajo.
   -No ser necesario. Me marchar al extranjero durante algn tiempo dentro de pocas semanas, as que es ms que probable que ni siquiera nos veamos.
   -Ryder-susurr con una profunda tristeza.
   El se dio la vuelta. Su rostro se mostraba impasible.
   -Ser mejor que nos vayamos al aeropuerto -sugiri con una voz extraa.
   -Casi haba terminado de hacer el equipaje.
   Mientras sacaba la ltima ropa del armario de su habitacin se preguntaba si Ryder no aparecera tras su espalda en cualquier momento y le dira que todo haba 
sido un malentendido, que se quedaban otra semana, que la deseaba otra vez, que la quera. Mir la habitacin una vez ms y la invadi la ms profunda tristeza.
   Decan que Pars era una ciudad para el amor. Bueno, ella y Ryder haban sido amantes, pero en dnde estaban sus sueos de amor y compromiso eternos? Era mejor 
no haberlos realizado all, porque saba que nunca se haran realidad.
   
   
   En los das que siguieron a su regreso de Pars Ivy se pregunt muchas veces si estaba trabajando para un fantasma. Porque Ryder sali de viaje hacia un lugar 
desconocido al da siguiente de regresar. Iba a la oficina dominada por la ansiedad, pero se preocupaba por nada. Ryder se haba marchado con la secretaria del vicepresidente 
y ni siquiera dej dicho adnde iba.
   Con un profundo suspiro Ivy se sent en su mesa para abrir el correo, preguntndose cmo iba a arreglrselas durante el resto de su vida con el corazn hecho 
pedazos.
   Haba perdido el apetito y slo coma tostadas, caf y ensaladas. No mostraba inters por nada y cada vez estaba ms delgada y ms dbil.
   -No crees que deberas ir al mdico? -le deca Jean con preocupacin.
   -Slo estoy cansada.
   Eran las siete de la tarde y no poda mantener los ojos abiertos.
   -Cansada! Por Dios Santo, siempre ests cansada. Oh, cario, estoy muy preocupada por ti.
   -Si quieres saber la verdad, creo que estoy deprimida. Echo de menos a Ryder.
   Jean se tranquiliz.
   -As que es eso.
   Ivy asinti.
   -Lleva un mes fuera y ni siquiera me ha llamado por telfono. Enva mensajes a travs del seor Wood dando instrucciones y manda cartas y contratos por fax, pero 
nada para m.
   -Ocurri algo en Pars?
   Ivy se dio la vuelta antes que su madre se diera cuenta de que se haba ruborizado. Jean no era ninguna tonta e Ivy no quera hablar con ella de algo tan personal.
   -Lo nico que pas es que dijo que no quera casarse.
   -Mi pobre nia -suspir Jean aceptando la frase como si fuera toda la verdad.
   Abraz a su hija con afecto.
   -De todas formas, no olvides una cosa. La mayora de los hombres no quieren casarse y algunas veces les lleva mucho tiempo hacerse a la idea -coment y se ri-. 
Sabes que tu padre era uno de esos? Pero decidi que el matrimonio no era tan malo y cuando t naciste fue el marido ms feliz del mundo.
   -Ojal lo hubiera conocido.
   -S. Era muy especial -asinti Jean-. Te gustara comer algo ahora?
   -Lo intentar. No tengo mucho apetito ltimamente. Y lo ms extrao es que el olor a tocino me pone enferma. Crees que me ocurre algo en el estmago?
   Tal vez tengas algo de indigestin.
   Pasaron tres semanas ms antes que Ryder volviera. Ivy se haba recuperado un poco, pero el cansancio de las tardes era cada vez mayor. Segua sin tener apetito, 
pero dej de preocuparse porque pareca que haba engordado un poco, lo que probaba que estaba bien de salud.
   La maana de un lunes, Ryder entr en la oficina inesperadamente. Ivy levant la vista de su mesa y lo vio. La miraba con sus ojos plidos, que parecan an ms 
grandes debido a la delgadez de su rostro.
   No poda saber que despus de siete semanas l la vea muy cambiada. Recordaba a una mujer saludable, con una piel exquisita y un brillo en los ojos. Pero ahora 
esa misma mujer estaba excesivamente delgada y tena opacos el pelo y la piel de la cara. Daba la impresin de estar enferma.
   Ivy esperaba una sonrisa que no se produjo. Slo la miraba con el ceo fruncido, inmvil en el quicio de la puerta.
   -Dios mo! -exclam-. Qu te ha ocurrido?
   -Porqu? Nada -tartamude.
   Se levant de la silla y trat de sonrerle.
   -Me alegro de verte, Ryder.
   El no respondi. Llevaba una cartera y la puso en el suelo.
   Pareca preocupado.
   Un instante despus, Ivy sinti que se le nublaba la vista, que la cabeza le daba vueltas y, con un ligero quejido, sinti nuseas y cay al suelo.
   
   
  CAPITULO 10
   
   
   RYDER la levant en brazos y la mir con el ceo fruncido.
   -Estoy bien -le asegur ella tratando de sonrer.
   El haba vuelto, as que todo marchara bien. Lo mir con el corazn y pregunt:
   -No me vas a dar un beso?
   -Te dara uno si tuviera la seguridad de que podra parar.
   Cruz la puerta y entr en su despacho.
   -No pesas nada, es que no comes?
   A Ivy le encant que se preocupara por ella.
   -Supongo que tengo un virus. Estuve enferma mucho tiempo y ahora no tengo hambre. Lo ms extrao es que algunas comidas me dan asco.
   Ryder apenas poda creer que Ivy no se diera cuenta de lo que significaban sus palabras. Le haba dicho que no poda tener hijos, as que no poda imaginar lo 
que en realidad suceda, ms bien lo describa como una extraa enfermedad. Sin embargo su mente se ilumin ante aquella deliciosa posibilidad.
   -Has visto a un mdico?
   -Hablas como mam -asever ella riendo-. No, no he visto a un mdico, porque no me hace falta. Ahora ya estoy bien, seguramente no ser ms que una gripe.
   -No tienes buena cara.
   -Si vas a empezar a meterte conmigo, te dir que t tambin Pareces cansado -le dijo fijndose en sus ojeras.
   Ola a colonia cara y tena un aspecto muy interesante, como si escondiera un secreto.
   -Demasiadas noches con chicas bonitas?
   -Como si pudiera tocar a otra mujer despus de aquella noche contigo -le aclar con calma.
   El corazn de Ivy pareci querer saltarle del pecho.
   -Lo dices en serio?
   -Completamente.
   Se inclin y la bes. Ella lo acept sin reservas. Fue un beso como los de la noche en Pars. Ryder gimi suavemente y la atrajo hacia s con fuerza. Todava 
la sostena en brazos, y en lugar de dejarla en el suelo se sent en su escritorio y la bes hasta que necesitaron respirar. Estaba casi seguro de que estaba embarazada, 
y le asombraba y le encantaba que ni siquiera lo sospechara. La intensidad de sus propios sentimientos tambin lo asombraba, como el placer que lo invada con el 
pensamiento de que Ivy llevaba en las entraas un hijo suyo.
   Pero cuando levant la cabeza y mir sus tmidos ojos, se le ocurri que no poda decirle que lo saba. Tendra que llevarla a ver un mdico. Despus de que supiera 
la noticia la vigilara para que no hiciera ninguna locura, y por ltimo tendra que mostrarse sorprendido cuando ella se lo dijera. Porque si le deca que lo saba, 
podra pensar que slo se interesaba por ella porque iba a tener un hijo suyo. Era una situacin difcil, pero no tena ms remedio que hacerlo as.
   El primer paso, decidi, sera cortejarla. Sin arrebatos y sin situaciones imprevistas que los hicieran perder la cabeza. Tena que probarle que era fiel, que 
en realidad poda confiar en l, y que estaba desesperadamente enamorado. En realidad deba haber hecho todo aquello atrado por ella como para poder pensar. Afortunadamente, 
todava quedaba tiempo, si haca las cosas con cuidado.
   Frot la nariz en su mejilla y dijo:
   -Ha sido una gran bienvenida. Me invitas a comer?
   -S, claro. Kim Sun tambin puede venir.
   -Kim Sun est de vacaciones y se ha ido a visitar a sus padres. Afortunadamente, no volver hasta dentro de dos semanas.
   -Sabes perfectamente que lo echas de menos -le asegur Ivy.
   -No es nada comparado con lo que te echado de menos a ti -dijo acariciando sus mejillas-. Era como si el mundo hubiera perdido su encanto.
   -Eso es lo que ocurri aqu, sin ti.
   Le ech los brazos al cuello y lo bes con pasin.
   -Querrs acostarte conmigo?
   Ryder se puso rgido.
   -No te imaginas cunto lo deseo. Pero t y yo necesitamos empezar otra vez, desde el principio. Ir al cine, tomarnos de las manos, salir... esa clase de cosas.
   Ivy se qued sorprendida. No poda estar diciendo que... Lo mir a los ojos y supo que s lo haba entendido. Estaba hablando de un compromiso. No poda saber 
de qu tipo, pero no importaba. Lo nico que importaba era que haba vuelto y quera estar con ella.
   -A veces soaba que sala contigo.
   -Yo tambin tuve algunos sueos. T hiciste realidad muchos de ellos en Pars -murmur y bes su rostro, enrojecido de rubor-. No te preocupes por ello. Fue la 
noche ms dulce de mi vida.
   -S, pero has tenido muchas.
   -Fue nueva para los dos, creme. En muchos sentidos, t eras virgen, te acuerdas?
   Ella se estremeci al recordar aquella noche.
   -No podemos hacer el amor?
   Ryder encendi un cigarrillo.
   -Todava no.
   -Tenemos que esperar? -insisti ella.
   -No mucho. Mientras tanto podremos conocernos mejor.
   -Tendrs tiempo?
   -Lo sacar de donde sea. Voy a cuidar muy bien de ti, seorita McKenzie.
   -Lo dices como si hiciera falta que me cuidaran.
   -Y no lo necesitas? Sinceramente, ests ms delgada que un espagueti.
   -He estado a dieta mientras t estabas fuera -dijo, bromeando con lo que no era ms que la pura verdad.
   -Ahora he vuelto y no volver a marcharme, as que no tendrs ninguna excusa para dejar de comer.
   -Basta con que no me des tocino.
   
   
   Aquella noche no le dio tocino de cenar, sino jamn cocido con pan casero, ensalada de papas y tarta de manzana, su postre favorito.
   Ryder comi mucho. Era lo primero que coma con verdadero apetito despus de muchas semanas. Haba adelgazado dos kilos. No apartaba la vista de Ivy, quien llevaba 
un vestido de color hueso con un pauelo de organd, que l ya conoca. Aquella ropa le quedaba muy bien.
   Despus del postre, Jean insisti en lavar los platos y los dej solos en el cuarto de estar cerrando la puerta con mucha discrecin.
   -Cupido con bata de algodn -brome Ryder-. Menos mal que no sabe lo de Pars. Creo que nos rompera la cabeza -le dijo sonriendo.
   Aquella sonrisa logr que Ivy olvidara su timidez y se estrechara contra l.
   -Quiero besarte. Slo besos esta vez, pequea. No queremos que las cosas se nos vayan de las manos.
   -S que queremos -afirm ella abrazndola con mayor insistencia.
   Ryder se separ de ella con suavidad.
   -S que queremos, pero no esta noche. Ni aqu.
   Ivy apoy la cabeza sobre el pecho de Ryder. Poda or el latido de su corazn y sentir la calidez de su cuerpo.
   -No he dormido -aclar sin querer mientras miraba el fuego encendido en la chimenea.
   -Yo tampoco he dormido bien. No porque hubiera otras mujeres, sino porque te echaba mucho de menos. Quera sostenerte entre mis brazos al dormir, como en Pars.
   -Sssshhh -le indic Ivy-, mam puede ornos.
   -Hmm, es verdad. Pero t tambin me echaste de menos, verdad?
   Ivy asinti y cerr los ojos. Le gustaba estar apoyada en l, se senta muy femenina. No era como Ben.
   -Por qu te has quedado callada?
   -Estaba pensando en Ben. Dependa demasiado de m. Estaba pensando -aadi al darse cuenta de que se haba puesto muy rgido- que me gusta apoyarme en ti.
   -Hay algo respecto a Ben que t no sabes. Antes que vayamos ms lejos tienes que saberlo todo.
   Ivy se incorpor. En el tono de voz de Ryder haba una cierta preocupacin.
   -El padre de Ben muri en un accidente, porque yo le haba dado rdenes de que me dejara un informe en el despacho. Tom una botella de whisky que encontr en 
un cajn de mi mesa. Le hicieron la autopsia y comprobaron que estaba borracho cuando su coche cay por un precipicio -le contaba todo aquello sin atreverse a mirarla 
a los ojos-. A partir de aquel momento la vida de Ben comenz a ir de mal en peor. Despus del accidente empez a beber. Parte de la culpa de los problemas que tuviste 
con l es ma.
   Ivy guard silencio durante un largo instante, pensando en su propia responsabilidad y en las palabras que le haba dicho su madre al respecto. Ella tambin quera 
ayudarlo tal como a ella la haba ayudado Jean.
   -Nadie es responsable de los problemas de los dems -le asegur con calma-. Dices que Ben beba por causa de la muerte de su padre, pero poda haberse enfrentado 
a esa muerte de otra manera. Todos podemos elegir, y a veces nos equivocamos. Ben se equivoc y yo tambin. Pero ahora tengo que seguir viviendo. Y t.
   Mirar atrs no te ayudar. Por mucho que te lamentes no podrs  cambiar lo que ha ocurrido.
   En aquel instante, Ryder la mir.
   -Yo no era lo que Ben esperaba, pero l no tena por qu quedarse conmigo y no tenia por qu beber -aadi Ivy.
   Ryder le acarici la mano.
   -He arrastrado eso durante mucho tiempo. Pens que me echaras la culpa.
   -No te culpo de nada. Excepto de regresar a casa antes de subir a la Torre Eiffel -le indic con una sonrisa.
   Ryder solt una carcajada.
   -No te llev? Lo siento, cario. Aquellos das estaba hecho un lo.
   -Por qu nos fuimos tan pronto?
   -No lo sabes?
   La levanto y la puso sobre su regazo, haciendo que apoyara la cabeza en su brazo.
   -No habramos sido capaces de detenernos. Nos habramos entregado el uno al otro da y noche mientras permaneciramos all. Al volver, Jean nos salvara de nosotros 
mismos.
   -S, aqu s. Pero Kim Sun se fue y no hay nadie en tu casa.
   Ryder sonri.
   -No voy a llevarte a mi casa. A Jean no le gustara y no quiero poner en entredicho tu reputacin.
   -Qu anticuado.
   -Pues eso es lo que soy; excepto cuando las morenas de ojos negros me hacen perder la cabeza -expres y la bes con suavidad-. Me gustara dejarte embarazada, 
Ivy -le susurr en el odo con suavidad y sin poder evitar una secreta sonrisa.
   Ivy se estremeci. Se le hizo un nudo en la garganta al or aquellas palabras. Se incorpor un poco y dijo en un murmullo:
   -Y a m tambin, Ryder. A m tambin.
   Ryder la abraz con fuerza y se dieron un largo beso. Ivy lo senta con tanta intensidad que se despert el deseo en ella. Le tom una mano y la apoy en uno 
de sus senos.
   Ryder trat de retirarla pero ella la mantuvo all.
   -No es una buena idea, Ivy -gru con voz ronca.
   -Oh, s que lo es -susurr ella contra sus labios-. Me gustara desnudarme. Quiero hacerte el amor aqu mismo!
   -Dios Todopoderoso. Me vas a matar! -exclam Ryder.
   La bes apasionadamente y con una mano le levant el vestido y le acarici la suave piel de sus muslos.
   -Ivy...!
   Un estruendo de platos y tazas los alert de la proximidad de Jean.
   Ryder retir la man y se incorpor con desgana. Los dos respiraban con agitacin y sentan el corazn latir a gran velocidad.
   -Supongo que ahora s pensars que soy una desvergonzada. Pero no me importa. No me sentira as con nadie ms.
   -Espero que no -dijo l.
   "Sobre todo en tu estado", podras haber aadido. Le apart el flequillo de la cara.
   -Pero no, no pienso que seas desvergonzada -continu-. Creo que eres una mujer normal con una actitud muy sana respecto al sexo. Me alegro de que confes en m 
lo bastante como para concederme tanta libertad con tu cuerpo.
   -Tanto me deseas?
   -Oh, s -murmur con una nota de deseo en la voz.
   Ivy apoy la cabeza en su pecho y frot la mejilla en la manga de la camisa.
   -No quiero levantarme. Tengo que hacerlo?
   -Tu madre puede imaginar muchas cosas, cario. Ser mejor que nos portemos bien.
   -De acuerdo.
   Se sent al otro lado del sof y en aquel instante entr Jean con la bandeja del caf y se sent entre ellos con una mirada de aprobacin.
   Durante los das siguientes tuvo que manifestar muchas miradas de aprobacin y ejercer su papel de guardiana cuando Ryder vena a cenar o a ver una pelcula para, 
segn l, entretenerse.
   Ryder nunca le sugiri a Ivy que fueran a su casa y siempre se asegur de que no pasaran demasiado tiempo solos. Le enviaba flores y la llamaba por las noches 
slo para or su voz y disfrutar con su secreto, aunque a veces tena ganas de salir corriendo a la calle y decirle a todo el mundo que iba a tener un hijo. Muchas 
veces la miraba y no poda evitar una sonrisa, estar con ella era como estar en el Paraso.
   Mientras tanto ella segua siendo su secretaria y a l le costaba mucho tener la mente ocupada en los asuntos de la oficina.
   Un da, con una secreta alegra, ella lo sorprendi observndola despus de recibir la visita de un arquitecto.
   El arque una ceja mientras se apoyaba en el quicio de la puerta y la miraba con una sonrisa.
   -Tus mejillas vuelven a tener color.
   -Me encuentro mejor. Aunque tengo sueo a todas horas.
   Ryder tena que contenerse para no llevarla a ver a un mdico. Pero haca muy poco tiempo que acababa de volver y deba tener mucho tacto. Sus vidas dependan 
de lo que l hiciera. No podra soportar echar a perder su relacin, pero tampoco poda esperar mucho ms.
   -Hoy tengo alguna cita ms?
   -Nada hasta maana. Te vas?
   -Nos vamos.
   Llam al seor Wood y le dijo que los dos se iran por el resto del da.
   -Pero a dnde vamos?
   -A los Montculos de Kolomoki.
   Los Montculos de Kolomoki eran un antiguo territorio indio de enorme extensin que en invierno estaba desierto. Durante el verano se llenaba de turistas y estudiantes 
de arqueologa.
   -Te atreves a subir?
   Haba ms de veinte metros hasta la cima cubierta de hierba alta, a la que se llegaba por una empinada escalera de cemento.
   -S. Pero, por qu vamos?
   -Ahora que Kim Sun ha vuelto, en qu otro lugar podemos estar solos? -le pregunt sin mirarla.
   Ella se ruboriz. Haba un tono en su voz que la haca temblar. Estaba segura de que podra subir. Lo mir. Llevaba un traje oscuro y ella una falda plisada con 
una blusa blanca.
   -Me parece que no llevamos una ropa muy adecuada.
   -Tampoco es adecuada para rodar por la hierba, pero eso es lo que vamos a hacer cuando subamos. O crees que seremos capaces de sentarnos y hablar cruzados de 
brazos?
   Ivy lo mir con complicidad.
   -Ni siquiera me cruz por la cabeza.
   Los Montculos estaban situados en una zona de tierra roja. Los haba pequeos, pero el del templo se elevaba en una llanura sobre los rboles que lo rodeaban.
   No haba ni un alma, aunque se haban encontrado con un coche de la polica de parques nacionales a la entrada.
   Ryder la ayud a subir, con mucho cuidado para no dejarla perder pie. Ella no entenda la razn de tantas atenciones, pero se senta halagada.
   Al llegar a la cima, jadeantes, Ryder rode a Ivy con un brazo y contempl el paisaje circundante.
   -Es magnfico.
   -S. Aunque los rboles impiden verlo todo, ms al norte hay zonas ms elevadas desde las que se divisa una vista fascinante. Ivy lo mir.
   -Me gust mucho Arizona.
   -Y a m.
   La mir a los ojos.
   -Te quiero, Ivy -dijo y la bes.
   Aquellas palabras resonaron en el cuerpo estremecido de Ivy y los ojos se le llenaron de lgrimas:
   -No lo has dicho, verdad? Lo he soado.
   -Lo he dicho -afirm y la bes en las mejillas mojadas por las lgrimas-. Te quiero desde que tenas dieciocho aos, pero pens que eras demasiado joven. Esper 
algunos aos para intentarlo de nuevo, pero te di miedo y corriste a los brazos de Ben -dijo, y aadi con un profundo suspiro-. Crea que lo amabas. Por eso me 
fui despus del funeral. Te ofrec un empleo y pas noches enteras pensando en la manera de decirte lo que senta.
   -Oh... Ryder -murmur y las lgrimas se deslizaron por sus mejillas-. Yo tambin te quera... te amaba... viva por t. Ben lo saba y te odiaba, y me odiaba 
por ello.
   La bes. La agarr por la cintura y la levant, demasiado emocionado como para pensar en su estado. Ella lo quera! Le haba dicho que lo quera!
   -No lo sabas? -le pregunt Ivy.
   -No -le contest. La miraba de tal forma que Ivy crea que iba a volverse loca de alegra-. Nunca imagin que podra importarte tanto. En Pars saba que poda 
lograr que me desearas, pero no era suficiente. Nunca quise llegar tan lejos, pero haba pasado mucho tiempo y te deseaba con locura. No lo siento, pero ojal hubiramos 
sabido antes que sentamos lo mismo el uno por el otro.
   -Ahora lo sabemos -le dijo llena de felicidad-. Por favor, csate conmigo. No puedo decirte no otra vez y para mi madre sera un escndalo que viviramos juntos 
sin estar casados.
   Ryder se estremeci. Se haba estado atormentando buscando mil formas de decrselo y era ella quien se lo peda. Casi le daban ganas de estallar en carcajadas.
   -Quieres ser mi mujer? Vivir conmigo para siempre?
   -S -le respondi con ardor-. Te cuidar, Ryder. Har la comida, bueno, Kim Sun y yo haremos la comida -aadi riendo-. Y te cuidar cuando ests enfermo y te 
querr todas las noches.
   Ryder senta que el corazn iba a saltarle del pecho. La mir y la bes con infinita ternura, temblando con la nueva sensacin de amar y ser amado, de pertenecer 
a alguien.
   -Yo tambin te querr.
   La abraz con fuerza y ella se dio cuenta de que estaba excitado.
   -Esperaba que aqu no hiciera tanto fro.
   -Yo tambin, Ryder, podemos estacionar el coche en algn sitio...
   Ryder le tom la cabeza entre las manos y la mir. La deseaba ms que nunca pero no quera hacerle el amor en su estado.
   -No -dijo despus de unos instantes-. Te amo demasiado para reducir lo que sentimos a un momento febril en el asiento trasero de un coche.
   Se apart de ella, quien lo miraba seductoramente.
   -Ya sabes lo que me cuesta no hacerlo.
   -As te sentas en Pars?
   -No tienes idea -contest acaricindole la mejilla-. Ivy, desde el da en que me di cuenta de que te quera no ha habido otra mujer.
   -Me dijiste que dos aos.
   -Te ment -dijo y la agarr por la cintura y la balance con ternura-. Fueron cinco.
   -Oh, Dios mo -exclam ella-. Increble!
   -S, increble -repiti sonriendo-. Y an no lo sabes todo.
   -Qu?
   -Ivy, por qu me dijiste que no podas tener hijos?
   -Porque no puedo -respondi ella con tristeza-. No los tuve con Ben. Debo tener algo... mal. Te importa mucho? Dijiste que no, pero...
   Le tom las manos y se las puso sobre el vientre mirndola con infinita ternura.
   -Siente.
   Ivy no comprenda.
   -Las nuseas, el cansancio, el olor del tocino -aclar l sonriendo tiernamente-. Hicimos un nio en Pars.
   Ivy abri los ojos desmesuradamente y se le cort la respiracin. La alegra estall en su interior. Rompi a llorar y lo abraz sin dejar de estremecerse, loca 
de felicidad.
   -No lo sabas, verdad, pequea? -le pregunt al odo-. S, me casar contigo, seorita McKenzie. Y ser mejor que sea cuanto antes.
   -No puedo creerlo. Es demasiado maravilloso. Nunca haba soado... Pero, y si no lo estoy?
   -Has tenido la menstruacin?
   Ivy se qued boquiabierta.
   -Oh, Dios mo. Yo pensaba que era debido a la excitacin.
   Ryder la mir con malicia.
   -Se debe a la excitacin.
   Ivy le dio un golpecito en el pecho.
   -Nunca podr creerlo. Que est embarazada y que t lo sepas antes que yo.
   -Tienes que ver a un mdico. Haz una cita hoy mismo -le pidi-. Pero tanto si lo ests como si no, y apuesto el cuello a que lo ests, nos casaremos. Te quiero!
   -Yo tambin te quiero -repiti y lo bes-. Pero espero que aqu haya un niito --continu dndose una palmadita en el vientre.
   
   
  CAPITULO 11
   
   
   Y HABA un niito. Ryder la llev al mdico y esper con ella hasta que el doctor los recibi. Ivy se haba divertido mucho escuchndolo inventar excusas para 
conseguir la cita.
   En menos de una hora el doctor confirm sus sospechas y la cit otro da para hacer pruebas ms exhaustivas.
   -Quiero pensar que el nio ser bienvenido --dijo el doctor con sequedad.
   Ivy estaba sentada en una silla y Ryder, en cuclillas a su lado, le agarraba la mano.
   -No sabe cunto -le contest Ryder y mir a Ivy, que se haba ruborizado.
   -Bueno, les dar el nombre de un buen gineclogo. A partir de ahora tiene que cuidarse mucho -le sugiri a Ivy-. Las pruebas slo nos van a confirmar los resultados 
del examen, as que podemos adelantar una cita -dijo y volvi a mirarlos por encima de las gafas-. Imagino que se trata de uno de estos arreglos modernos.
   -Oh, no somos nada modernos -le respondi Ivy-. Nos vamos a casar.
   -Doctor, tiene que explicarle lo que le sucede a un hombre despus de cinco aos de abstinencia -le sugiri Ryder-. Por eso est embarazada antes de la ceremonia.
   -Ha estado en la guerra o qu?
   -He estado enamorado de ella, pero ella estaba fuera de mi alcance. Pero ahora es ma y nunca se ir de mi lado.
   -Y nunca querr irse -afirm Ivy.
   El resultado de las pruebas fue positivo y al da siguiente le dieron a Jean la noticia.
   -Tenemos algo que decirte -dijo Ivy.
   -Me lo imaginaba. Anoche no hicieron ms que lanzar evasivas y mirarse uno al otro cuando pregunt por qu estabas tan cansada. Se van a casar, as que los felicito.
   -Esto... me temo que es un poco ms complicado -balbuce Ryder y se sent con Jean en el sof y tom su mano-. Vamos a tener un nio -confes con una sonrisa.
   -No puede... tener hijos. Quiero decir...
   -Est embarazada. Acabamos de recogerlos resultados de las pruebas.
   Jean se llev una mano al pecho.
   -Dios Santo! -exclam con una sonrisa de asombro-. Oh, Ivy!
   Ivy se uni a ellos en el sof y abraz a su madre.
   -No es increble? Todos esos aos y no... Y la primera vez con Ryder -se dio cuenta de lo que estaba diciendo y se puso colorada.
   Jean mir sus dos caras coloradas y dijo:
   -Pars?
   -Pars -asintieron los dos a un tiempo.
   -No estn casados!
   -Hemos comprado la licencia esta tarde y conozco a un juez que no nos pedir el anlisis de sangre. Maana estaremos casados. Jean los mir con severidad.
   -Debera pegarles a los dos.
   -La quiero. Esper cinco aos para decirle cunto -asegur Ryder, y se encogi de hombros-. Se lo dije un poco ms grficamente de lo que pretenda.
   -Si esperaste cinco aos, puedo imaginar cmo ocurri. Dios mo, no soportaba la comida y no sospech nada, ni tampoco cuando empez a irse a la cama a las ocho 
de la noche.
   -Yo tampoco lo sospechaba -ri Ivy-. Ryder me dijo que estaba embarazada.
   -Una de mis tas tuvo gemelos -coment Ryder-. Ha habido gemelos en su familia?
   -Mi abuela tuvo gemelos -respondi Jean-. Tu to Harry y tu to Todd.
   -Me encantara tener gemelos -dijo Ivy mirando a Ryder.
   -Gemelos, trillizos, lo que sea --declar-. Espero que no nos afecte demasiado y nos volvamos locos.
   -Volvernos locos?
   -De felicidad.
   Jean solt una carcajada y lo abraz.
   -S muy bien cmo te sientes. Bienvenido a la familia, hijo.
   Al da siguiente se casaron y aquella noche Ivy yaca en brazos de Ryder en su propia habitacin.
   -Ha sido maravilloso. Con todas esas flores y Eve de madrina.
   -Y la novia ms guapa del mundo -asegur Ryder, y la bes.
   Llevaban puestos los pijamas e Ivy se pregunt por qu l no haba insistido en hacerle el amor.
   -Ests un poco distante para ser tu noche de bodas -le insinu sonriendo-. No eres el mismo hombre que iba a seducirme en el templo indio hace slo tres das?
   -Dos -le corrigi l-. S, soy el mismo, pero estabas cansada despus de la ceremonia y adems tuvimos que ir a despedir a Eve y a Curt.
   Se dio la vuelta y se acurruc en el hueco de su cuerpo y comenz a acariciarle el pecho.
   El contuvo la respiracin.
   -Despacio, despacio -le pidi l-. Tenemos que pensar en nuestro hijo.
   -S -respondi y lo bes.
   Luego l comenz a acariciarla y le bes los senos con dulzura.
   Ella nunca haba imaginado que se pudiera hacer el amor con tanta ternura. El se adapt a su cuerpo y la excit con delicadeza hasta que tembl y se abraz a 
l. Slo entonces la posey y comenzaron a moverse con suavidad, muy lentamente.
   Ivy senta la calidez y la plenitud de su cuerpo y abri los ojos para mirarlo.
   Ryder le puso la mano en las caderas y ella sonri al sentir que la atraa an ms. Lo reciba con alegra y no sinti dolor en ningn momento.
   -No me duele.
   -Claro que no -asegur l besndola--. En Pars eras virgen y ahora eres mi mujer. Nos adaptamos como una mano a un guante.
   La mir y empuj un poco ms, con infinita suavidad, hasta llegar a lo ms profundo. Slo entonces se detuvo un momento y comenzaron a moverse de nuevo.
   Era increble. No dejaban de mirarse a los ojos y se movan con el mismo ritmo, muy dulcemente. Ivy senta el peso de su cuerpo y l la miraba mientras el placer 
no dejaba de crecer. Poco a poco fue aumentando el ritmo, apretando sus caderas con ambas manos.
   Ivy senta que la habitacin daba vueltas a su alrededor. Oa el roce de sus cuerpos contra las sbanas y los gemidos de Ryder.
   Se dej llevar por l, transportada de placer, ascendiendo a medida que se movan ms de prisa. Finalmente alcanzaron la culminacin con abandono mientras un 
profundo placer estallaba en su interior.
   Muy pronto termin, casi apenas despus de haberlo alcanzado.
   Ivy apret el rostro contra su pecho.
   -Porqu no puede durar?
   -Entonces cmo podramos vivir? -susurr-. No te muevas.
   Se tendi de espaldas, pero sin separarse.
   -Ests bien?
   -S.
   Lo bes en el pecho acariciando el vello con la nariz.
   -Cada vez es diferente.
   -As tiene que ser. Despus de que nazca el nio, te ensear algunas otras formas de hacerlo -dijo acaricindole la espalda-. Algunas son difciles, as que 
esperaremos a que ests recuperada.
   Ivy lo mir.
   -Dicen que la pasin puede ser violenta. Eso es lo que siempre tem. Pero ahora ya no me da miedo -aclar y lo bes- Podemos hacerlo otra vez?
   Ryder sonri con malicia.
   -No lo s. Podemos?
   Ivy le acarici sus partes ms ntimas.
   -Oh, s, podemos...
   
   
   El nio naci al cabo de siete meses y medio. No fueron gemelos, pero, como dijo Ryder, lloraba como si lo fueran. Lo sacaron del hospital y fueron inmediatamente 
agasajados por una abuela radiante que no saba de quin ocuparse con ms cario.
   -Acabar diciendo que se parece a ti -le dijo Ryder a Ivy mientras los dos miraban a la extasiada abuela.
   -S, lo s -respondi Ivy apoyndose en su hombro.
   -Te llevar a la cama. Han sido unos das muy largos.
   -Unos das maravillosos -asegur ella mirando los brillantes ojos de Ryder-. Eres feliz conmigo?
   El le acarici la mejilla.
   -Lo eres todo para m.
   Ella saba que un amor como aquel entraaba responsabilidades, y estaba deseando aceptarlas. Ella senta lo mismo por l.
   Ryder se fij en un retrato qu colgaba de la pared. Era un cuadro al leo de una muchacha con un vestido rosa sentada en un prado. Tena el pelo negro y largo 
y los ojos oscuros y sus encantadores labios esbozaban una sonrisa. Lo haba pintado l mismo cuando ella tena dieciocho aos.
   -Era mi nico placer durante los aos que estuvimos apartados. Un recuerdo de un da en que las llev a Eve y a ti al campo. Creo que aquel da me enamor de 
ti.
   -Yo tambin me enamor de ti en aquellos das. Siento haber sido tan cobarde, ech a perder muchos aos.
   -No. Te sirvieron para crecer, para madurar, para aprender lo que es realmente el amor. Siento que sufrieras tanto, pero son los problemas los que nos moldean 
el carcter. Ninguna personalidad se forma en aguas tranquilas.
   Ivy sonri.
   -Supongo que tienes razn. Lo ms importante, es que ahora estamos juntos -afirm, y mir a Jean que an tena a su hijo en los brazos-. Y que tenemos un hijo.
   El pequeo Clellan abri los ojos y mir a su abuela.
   -Bueno, ya s a quin se parece -afirm Jean-. Se parece a m.
   Ryder e Ivy rompieron a rer ante el asombro de la abuela, que estaba demasiado feliz con su nieto en los brazos como para preocuparse por saber de qu se rean.
   
  FIN
